sábado, 24 de septiembre de 2016



PRODIGIOS DEL EO




TRES PRINCESAS MORAS SE TOPAN CON EL HOME MARÍN CUANDO CELEBRABAN EL CUMPLE DE AIDA.


"-No me maravillaría de nada deso-replicó don Quijote-porque,si bien te acuerdas, la otra vez que aquí estuvimos te dije yo que todo cuanto aquí sucedía eran cosas de encantamiento, y no sería mucho que ahora fuese lo mismo
",Don Quijote, cap.XXXVII

Otro verano. La misma luz; la mismas ría y ribera. La clave, no obstante, está en saber si somos los mismos o es solo distinta la visión de iguales portentos.

Con la llegada de las amigas de Aida, sacó la terquedad que yo creía antaño de exclusiva patente de los que descendemos del Aragón baturro; está, sin embargo, ya claro que en el céltico Valle del Alto Narcea no nos dejan atrás.

Mi mujer estaba empeñada en que fatigáramos toda clase de sortilegios para que, con eficaces advocaciones, y hasta ex votos, los delfines y las no menos saltarinas perseidas adelantaran unos días sus prodigios. Aida quería reservar el evento de nuevo para García Martín, casual beneficiario la temporada pasada; la convencimos, sin embargo, de que si la presencia de cetáceos era solo probable, al albur de la temperatura del agua y de la memoria conservada en la manada de antigua senda pesquera, la visita de perseidas estaba programada muy antes del afamado pronosticador Nostradamus. Alguien dijo que profeta viene lejanamente de poeta y, a firmamento despejado de nieblas y otras gasas, los metéreos despiezados de Perseo no fallan en su baile periódico desde los astrónomos chinos contemporáneos a Cristo para acá. Sucede en cuanto Ribadeo y Castropol apagan farolas en las noches próximas a San Lorenzo, supuesto motivador por su martirio, con la tradicional apropiación de ídolos y simbología paganos, de un amplísimo coro silente de plañideras estelares.

¡Qué menos prodigio para saludar a Noemí, Noelia e Isabel con la reverencia de su merced!

Aquellos chinos son ahora, sigilosos y comunistas ellos, el gran banquero de Occidente y nuestra decadencia, pero generaciones arriba creyeron aprender, paciencia, ocio y sapiencia al unísono, de la contemplación del cielo.

Así las cosas lo preparamos todo con la mesura de los buenos anfitriones para ellas tres y la inminencia estival agosteña de delfines/perseidas. Chus Quirós, maestro del diseño y la armonía, nos recomendaba acondicionar un cuarto aprovechando la inclinación de la pradería con el exclusivo fin de que hipotéticos huéspedes se penetrasen de la ría, sus bordes y su fondo.

A la hora de la verdad habíamos hecho ayunos y penitenciales sacrificios siguiendo los impuestos por Alfonso VI para que El Cid y compañía descerrajasen el Arca Santa de la Catedral ovetense, llegada de larga escala en el legendario Montsacro, en cuya imagen, avasalladora para celtas, godos y templarios, volcó Carlinos Sierra minuciosas pinceladas de arte y genio.

Incluso en el pequeño pueblo vecino de Tol aplaudieron la idea de recordar al Campeador que hace mil años falló el pleito de la autonomía campesina ante los señorones y los abades de las tierras de Entrerríos, o Entrambasaguas, así llamadas las limitáneas del Eo, o del Eo/Navia, también conocidas luengos siglos atrás Honor del Suarón. La sentencia sigue incumplida tras el reciente auge de la equívoca leche desnatada y su no menor errático europeísmo ecológico.

Hubimos no obstante de interrumpir la inquieta espera/desespera de portentos por el inoportuno traspié de Maribel en Cibuyo, chez Molin, herida de codo en triple rotura, que obligó a trasladarnos a Cangas, con parada reparadora en la carta típica tinetense de Emburria, de El Crucero/Rodical, para volver casi llegada la noche.

Con tanto ajetreo, o por lo que fuera, los delfines no cumplieron la ansiada cita y temíamos que las perseidas tampoco, indispuesto el ánimo para competir frente a los inefables fuegos de artificio, que ya tienen aquel con la estupidez de trasladar ElCarmen de Julio a Agosto, asustando la pacífica naturaleza nocturna y las estrellas, más huidizas que fugaces.

El fantasma vive por doquier y lo hace mejor en las aburridas invernadas de As Figueiras. Es, en cualquier caso, viajero infatigable de la Vía Láctea, constelación que nos vio nacer, crecer y nos verá morir, sin que, a la recíproca, apenas la veamos de forma continua, siempre a escondidas de la incierta luz diurna.

Entre roedores y nosotros, bien informados por Google, - ¡gracias José, Álvaro, Julia... por vuestros saberes tecnológicos!- ya lo habíamos espantado, pero regresó sabiéndose sin ratos, luciérnagas y devoradoras lampreas, cuyos efectos depredadores describen Torrente Ballester y Antolín S.Presedo en el curso del  Mandeo/Betanzos e, incluso, libre de nos, que estábamos lejos.

Ni corto ni perezoso se encaramó donde solía: entre baldas de libros que atesoro siguiendo inveterada costumbre generacional mientras apenas nadie lee. 

El trasgu suele ser analfabeto; también lo fue Sócrates, modelo axiológico de intelectual ético, nada fantasmal precisamente. Letrado o no el trasgu habría eludido pícaramente la cicuta. El recinto, -Casa Blanca, Raya Azul-, camuflaje de mar, entorno y horizonte, se prestaba a escapista sedentaria soledad.

Cansinos, borgeano avant la lettre, que, tal personaje fantástico, pudo no haber existido nunca en encarnadura mortal, se enjoyaba de libros polvorientos y candelabros conceptuales; Michel de Montaigne se encerraba en su torre bordelesa dejando simplemente que la vida pasara mientras dibujaba sus ensayos en redondilla caligrafía y vista profunda y cansada; el florentino Nicolás de Maquiavelo vestía gala para escribir, vespertinos, sus póstumos consejos principescos y don Rodrigo se dolía de carecer tan siquiera de una almena habiendo sido Rey visigodo de España. ¡Y qué decir de la greguería de Gómez de la Serna: en el Medievo las almenas teníandentistas, tras la resplandeciente mandíbula rescatada hogaño del Castillo y la Torre vigía de Pardo Donlebún en el muelle de Figueras!

Dueño del espacio, el trasgu trancó la puerta que quedó clausurada e infranqueable.

Luego, al oír ruidos turbadores, manteniendo constante prieto pestillo, abrió una ventana para fuir alero y canalón abajo con el zumbido de sus orígenes abisales hacia su refugio habitual entre los magos, las alineadas y sumergidas cuevas de ostras sin perla y la cunqueirana Santa Compaña de la ría y la Searila. Alero y canalón, y hasta palo de sombrilla, para deslizarse presto pues los castaños y el abedul, que hubieran sido quizá de naturaleza idónea para el salto de un trasgu, dan a fachada lateral; árboles, en cualquier caso, testigos de la afición a pintarrajear deLuchy, no la Tantamount de Huxley sino apellidada Balaustrada, y/o Covi, no la Covichi de García Pavón, sino Balaustrada Camino, hermana de Luchy.

Los dondiego con expansiva flor amarillenta, los sobrios sanjuaninos, los pinos menudos y las hortensias cubrieron, multicolores, la veredita y el vericueto de oblicua retirada. A un lado, la rodaja arbórea de versos angélicos; al otro, la pétrea roseta de viejo molín, evocadora de los ancestros de Elo, y el pararrayos de mi abuelo en trama de pescador salmonero con pipa que jamás habría mordido él en su Santurce o en su Salinas, de donde lo traje aunque, por miedo a las descargas, he derribado su previsto pedestal. Río arriba, en San Tirso de Abres, pesqué de chaval un par de esos salmones emulando al abuelo.

Orbayaba o barruzaba, según, con la obstinación que asumía, condescendiente, Cunqueiro.

En la terraza, las lagartijas, mejor recibidas que los ratones, reptaban escurridizas en cuanto, muy poco luego, picaba sol. Las abejas y las mariposas de línea azul se esfumaron por preocupantes aguijones provenientes de alejadas latitudes afroamericanas. Ya nunca volveré a tener, ni de nada serviría, un cazamariposas para enseñar las correrías a mis nietos. El artilugio se queda en "el país de nunca jamás" de mi "De Oviedo a Salinas por el Eo", fijado para siempre, altar de mis localidades de preferencia, en la delicia secular de "Helena o el mar del verano".

Mi oído no alcanza los grillos que haberlos haylos. ¿Será posible que haya quien los entrene para campeonatos y apuestas en Shanghai?

Barras de redondo acero inoxidable, que me buscaron Jorge y su mujer, la inolvidable Ángeles, mejor que maromas, alivian mi discapacidad facilitando también seguramente las llegada y salida del espectro.

Un bar de Besullo, sin duda por influencia de Alejandro Casona, se llama Trasgu cuya cocina destaca, Pucheros del paraíso, Ana Paz Paredes.

La escritora Mari Luz Pontón ve, en hermoso relato, al trasgu utilizando la ¡manzorga!,o mano izquierda, que, en efecto, pudo quedar afuracada del saltu.

Lejos, muy lejos y alto, el Mondigo, del que resultaba inimaginable su popular dicho de "Cando o Mondigo pon o capelo,todal-as veyas tembran, ou mexan, de medo"

El trasgu es conocido por aquí, en tierra pixota o figuéirola, como l'home marin, generador de vientos maléficos y recurso para pedagógica disciplina de infantes díscolos y demasiado consentidos. En Tapia da rótulo a un chigre de marineros que le respetan callando blasfemias.

Hay visionarios que describen al tal home marín con "dientes verdosos, cuerpo cubierto de escamas, viscoso, mitad hombre y mitad pez, rompedor caprichoso de redes y aparejos bien cosidos, que se mueve con igual facilidad en tierra y mar". Los no duchos en mitología costera astur a veces confunden los trasgos con murciélagos despistados, esperteyos o nóctulos, que silvan su vuelo de veloces moscardones gigantes evitando muradas. 

En "Desde mi ventana" doy cuenta de mi encuentro, en el Biltmore de Coral Gables, afamado "hotel de fantasmas", con Bill Murray, ghostbuster/cazafantasma por excelencia. En alguna otra parte escribí también cómo, en la madrileña "Casa de América"/Palacio de Linares, que da a la Cibeles, escenario de Berlanga, almorcé con Nicolás Sarkozy, cuando era Ministro del Interior, al que a punto estuve de contar la leyenda de los fantasmas que allí mismo emitían ruidos que apasionaban la búsqueda de aficionados a la ufología. A tiempo me detuve temiendo ser poco diplomático dada la frecuencia con la que se consideraba "fantasma" a mi vecino de mantel, que se elevaba con tacones de moda en la corte de Luis XIV, pronto la suya,"la del grandeur".

José, nieto mío, ha escrito, lustro atrás, delicioso relato sobre el apasionante hallazgo por su hermano Álvaro de "Una momia egipcia" en las imaginadas cavidades del tesón o arenal que emerge puntual junto a casa. "Noelia" fue también otro maravilloso cuento, inolvidable, de Aida adolescente y ya feminista para dar un vuelco al Noe bíblico con segundo diluvio universal.

L'Home marín, un trasgu aseado por ría y río.

"Home petit, cargat de puñetas" insinuaba Jordi Pujol de sí mismo, con sentido del humor y la empatía de aquel memorable aforismo regio de "tranquilo, Jordi, tranquilo" del 23-F antes de que supiéramos las trapacerías muy honorables del trespercent.

La ría mayor que el río. Siempre la güerta mayor que el güerto, Julio Concepción dixit.

Para Le Clézio los aztecas fueron los primeros surrealistas. Compañero de claustro profesoral en Alburquerque no creo que Ángel haya instruido al Nobel francés en leyendas astures de trasgos que mucho tienen de revolvines, traviesos e inanes seguidores de André Breton.

Con ayuda del desfacedor de escrituras inversas y cuneiformes, endemoniados exorcismos, versículos sacrílegos, metamorfeados encantamientos y bálsamos chamánicos de Vegadeo, subido a metálicas traviesas de peldaños varios y, al menos, tres metros, terminó el hechizo, entre satánico y artúrico, mientras la puerta respondía, leal al fin, abriéndose en la normalidad recuperada.

Normalidad sí, aunque ni delfines ni perseidas, al entender el mensaje astral, vendrán a nuestros suplicantes requiebros cuando Setiembre y García Martín, perdido de momento en Praga por junto a un tal Kafka, la menos topadiza Marina Tsvietáieva y el río Moldava, sin duda pleno de otras fábulas vampirizadas del "poema épico a la arquitectura" que penetraba Rilke en la capital checa.

Aida se llevó luego a Noemí, Noelia e Isabel en aventurera y azarosa búsqueda por el triángulo eoto de las Bermudas: Ribadeo/Castropol/Figueras, mismo recorrido, entonces a remo, hecho por García Lorca y sus barraquistas, donde todavía suelen encallar y despiojarse, en quijotesco encantamiento, barcos normandos y otros varios corsarios arboricidas de pabellones de conveniencia. Isabel temió que, siguiendo también las hazañas del Muy Ilustre Señor don Quijote, el desayuno hubiera convertido su corazón en mantequilla, propicia a derretirse, reproche que Sancho Panza recibía con resignación característica. Impecable las pastillas de Reny Picot surcando todos los aires en cualquier compañía aérea que conmueven el corazón de cualquier asturiano que las tropieza.

"¡Que cante niña Isabel, grita la marinería!" fraseaban Carlos Cano y todos los que la copla y la habanera han dicho, pero no hubo tal: ni la nave ni la voz de Aida, demasiado tempranera para sus habituales cantarinos, ni si quiera el tenue tableteo del motor rompieron las breves olas silentes. La mención de la Searila transforma las aguas que se oscurecen de tinta.

No hay de momento prodigio alguno, me asegura el patrón de la lancha de paso/paseo.

Yo creo que fue todo cosa del fantasma, trasgu, l'home marín o parentela, en línea al buñuelesco "Ángel exterminador", aunque, recalcitrante demócrata, admito y respeto discrepancias. El fantasma, probablemente de distinta estirpe política, no será de nuestro talante ni opinión social. En cualquier caso, no quisiera provocar  enojo mayor ante la obligada perspectiva hospitalaria a nuevos invitados. Nacho Gracia mantenía que la etnia del trasgu sabe latín, dispuesta a extasiar con las divinas palabras del sacristán valleinclanesco.

"Todo en el aire es pájaro" habría escrito un Guillén excesivo; si en el Hudson notas una lancha navegar sin piloto lo atribuyes enseguida a magia robótica, con fronteras abarrotadas de ciencia y progreso innovador; en cambio en el Eo, desde que Casona imaginó barca sin pescador, Gonzalo Moure galerna en El Risón, Alfredo Conde el sangriento final del Marqués de Sargadelos y Cernuda las múltiples desapariciones de Santiniebla, todo es cosa de trasgos desportillados y/o zambullidos, dramas morales, deudas antiguas, linchamientos, traiciones sin cura ni perdón y amores y desamores infinitos.

Al fondo vasallo de la ría, los coches revolotean haces de luz orientando fantasmas perseguidos de espanto en la orilla, donde la Searila mojaba sus pies y aún la mata de pelo que su amante conservó, húmeda en hornacina, junto al corazón, que sigue ahí, en todo su romanticismo icónico, a la vera del río; la bruxa Clara de Rueda, a su vez, rebajaba enfriándolas sus pociones abrasivas; Julien Gracq describía desaparecidos naranjos en esos bordes fluviales y el vagabundo celano, proveniente del Miño, pescó en el Eo, quizá a marea alta y sin fango como ensueño a Concha y Julián Ariza. El personaje, o el mismo Camilo José, había platicado poco antes con Álvaro Cumqueiro pero no se enteró de mucho más. García Baena, contra el que preferí a Ángel para el Príncipe de Asturias, cuestionaba en cuál de las orillas se encontraba el poeta, metáfora de las dos orillas que tanto utilizó en política su otro paisano cordobés, ex alcalde y ex califa, de rancios ecos e indudable y discutida personalidad.

"Ardiente mar", oxímoron eoto de Juan Ramón Jiménez.

Nuestro Pérez de Ayala, de no menor pasta poética y cultista hablaba de "la región  de la húmeda niebla de oro" lo que es, en determinados anocheceres eotos, más verdad que metáfora, cuando Ribadeo, desaparecido en la neblina, enciende sus áureas luminarias urbanas. El juez Alejandro Sela, desde Viladevelle, veía, lo mismo que nosotros, "acorde de amarillos" incluso antes de la luz alógena, predominante hogaño en esas tardes mágicas.

Mediavilla vuelve sobre parecida imagen, el aire se llenó de cenizas que ascendieron de manera que el sol dejó de brillar quedando reducido a un círculo opalescente

Poco más arriba, en la azotea superpuesta del cambio rasante de la ladera, chispean también los indicativos de molinos aerogeneradores, gigantes de esta Mancha verde, llamada y premiada como Los Oscos, a cuya beldad sin ventarrón resulta comprensible rendirse, en riesgoso ataque de panteísta stendalismo.

Ensenada abajo se hicieron las horcas de la Invencible, pulverizadas luego por los elementos: "abandonado por la mano de Dios, se consideraba en El Escorial el Rey Felipe II" a juicio de Michelet.

A nuestro lado, el actual astillero. Más allá la paradisiaca, en léxico borgeano, biblioteca de Pérez de Castro, enfrente de la legendaria castropolina, circulante, de Loriente, que, tal la norafricana de Alejandría, conserva inextinguible aroma popular.

Los sones de una orquesta de aves migrantes son señal de que l'home marín roza la lámina de agua.

Esa mezclilla de ruidos y espumas diversas me trae constantemente la divina omnipresencia de Neptuno. A la vista de un insólito fósil marino oí por primera vez en Pinos Altos, Salinas, una elíptica referencia a los neptunianos que todo lo explicaban desde el dios de las aguas, contrarios a los plutonianos de astrales explosiones volcánicas, incluidas las queridas perseidas de supuesto desconsolado llanto. Supongo que la clásica espiral geológica neptunianos/plutonianos es el sofisma de tantas disyuntivas vacuas; no sé si desde aquel entonces, pero desde ahora, a sabiendas de su palmario reduccionismo, incluso de su planteamiento absurdo, ¡yerro en la pregunta no tanto en la respuesta!, abrazo en la contemplación del Eo la causa mítica neptuniana, sus soles, lunas, grisuras y un largo poema tranquilón, hecho de agua, tal la sonrisa amorosa de Neruda.

Fernández-Arias Campoamor, Díaz Fernández y Vargas Vidal llaman la atención sobreAs Campas, donde habitaba Clara de Rueda, eficaz adivinadora/profetisa y sanadora de cualquier desdicha. Su fama le venía de hierbas, bebedizos y del desembrujo de un inestable arrebato de amor. Clara no se mojaba con lluvia y sin paraguas, ni le manchaban los barros de los caminos que jamás ensuciaban sus madreñas, relucientes los domingos en misa hiciera el tiempo que hiciera.

No conocimos ni a Clara ni a una ayudante heredera de éxitos menores ni a otra colega de la tapiega Porcía. En torno a esta última sigue flotando la duda popular sobre si su espíritu influye todavía en la inusitada frecuencia de relámpagos, o si los sigue todavía atrayendo el mineral de hierro del carguero holandés Valkenburg, naufragado a finales de los veinte cuando se dirigía al Puerto de Rotterdam. Hay, no obstante, unanimidad en que los rayos vienen del infierno, jamás del cielo.

J.L.R.Vigil, estudioso importante, se extiende en las facetas de herejes y hechiceras de las bruxas, perseguidas por la Inquisición, que no parecen de la tipología readaptada de Clara y las suyas.
Tampoco conocí el cercano e inutilizado lavadero de Arroxo, así denominado por la tierra rojiza, el pequeño arroyo o el arrojo heroico del fortín medieval, o por todo a la vez. Al lavadero surtía una fuente milagrera en la que se apareció San Romanín, sacralizado mucho después en nombre compartido de puente, obra colosal del ingeniero Nacho Arango, de la gloriosa estirpe de politécnicos/renacentistas de los Cabrera, Madariaga, Echegaray, Fernández-Casado, Benet...Siguiendo a Mediavilla 
el puente toma del hombro a Ribadeo, abrazándolo en círculo mágico, collar recién estrenado de la Ría.

Pero, ¡cuidado!, no lo fiemos todo al experto cósmico da Veiga, curandero hogaño de emergencias, trancas y escaleras, pues toma alarmantes vacaciones. Lo que Noemí, Noelia e Isabel, como las tres hermosas princesas moras de Washington Irving en la granadina Alhambra, tardaron apenas un santiamén en resolver se nos puede eternizar con otros huéspedes, que ni la presencia de los de Tol, el arréglalotodo espíritu del Cid y su salta cerrojos para Divinos Candados de Cegatos Resplandores,el Carmen, desubicado de su fecha tradicional, el sagrado chosco adobado de Casa Emburria, consuelo de paladares, miradas y barrigas, y/o el merlin, violinista entejado, de la escala plateada veigueña, nos liberen del embrujamiento no ya por delfines sino de pestillos y trancas herméticos en las mismísimos postigos, o fauces traseras, del Paraíso Natural, sin San Pedro que nos abra otra vez.

Para entonces las risas y sonrisas talismanes de las moras, los nardos de flor e inteligencia lorquianos, se guardarán tal los dondiego dispuestos a abrirse con la atardecida. Les asignaremos para hacerlas imperecederas, despojándolas de su proverbial algarabía, almenados muros de As Figueras, garantía gestual probada contra inesperados acechos de brujería eota y sus corresponsales fantasmas, merodeadores de la ría, del sepulcro poemado de la Searila, al recodo de Piantón, de la tumba profanada del industrioso Antonio Raymundo Ybáñez... Por allí moran aún las ánimas de encomenderos, los publicanos evangélicos, condenados a arrastrarse a puertas de un paraíso que por sus muchos pecados recaudatorios no alcanzan picaporte. También cuchichea la cercanía de El Esquilo con un taimado y discreto gánster, superviviente de San Valentín, histórico tiroteo chicagüense. José Francés, del que me hablaba María Zambrano en Ginebra, rodeada de gatos, sostuvo, en su magnífica "Madre Asturias", que los ahogados siguen en las playas, dispuestos a reaparecer con la resaca. A sensu contrario, Mediavilla evoca en Castroniebla, que llama Moure, a hombres todavía no nacidos que se reúnen para homenajearnos.
Puede que Noemí, Noelia e Isabel se parezcan como tres gotas de agua a las hermosas Zayda, Zorayda y Zorahayda del romántico hispanista neoyorkino, con nombres tan próximos al de mi hija. No en vano la grafía zigzageante, casi onomatopéyica, de la Z, ceta, no es sino N inclinada sobre pedestal firme y horizontal siendo la l isabelina mayúscula la mejor representación de la escala alta traída de Vegadeo en refuerzo contra la fechoría puertabloqueante de l'home marín.

En la coplilla son tres moriscas jienenses de apelaciones rítmicas distintas:

Tres morillas me enamoran
en Jaén,
Axa y Fátima y Marién. 


Poco que ver con la no menos legendaria Lela Zoraida, argelina y cervantina, receptora de otra de las varias derivaciones literarias de la genuina Aida.

En cualquier caso, descontada su evidente común hermosura y su torre/almena prisión de cerrares sobrenaturales, no me atreví a preguntarles la edad exacta no fuera a ser que, como las hijas de sultán y bella cristiana, coincidiendo también con la leyenda granadina, Noemí, Noelia e Isabel apenas se llevaran entre ellas unos escasos minutos de natalicio.

John le Carré  cuenta el caso de una fabulosa mujer que reclama en Camboya, justo antes de la entrada de los jemeres rojos, pasaporte francés para cuatrillizos con los nombres improvisados de Lundi, Mardi, Mercredi y Jeudi. 

El famoso novelista de grandes éxitos policiacos nació en la bahía de Poole, donde pasé un par de veranos, y luego mi mujer, mis hijos y alguno de mis nietos. Esa bahía poblada de veleros mucho me recuerda la ría eota. En Poole, Spur Hill Avenue, tuve de vecina la familia del Mayor Towsend, de abrupto noviazgo con la Princesa Margarita cuando los chismes rosas se reducían a las casas reales británica, iraní y monegasca que, con otros protagonistas, duraron luego muchos años hasta el gran  suceso de Diana en el túnel parisino de Alma. En Poole y todo el condado de Dorset (Bournemouth) se hablaba mucho del monstruo del Lago Ness al Norte de la isla. Ness era de alguna manera pariente, no sé si próximo o, más probablemente, lejano, de nuestro l'home marín, mucho más dúctil, ubicuo y volador. 

"Volar en círculos" es las memorias de David Cornwell, John Le Carré.
--------------------------------------------------------------------------------------

CUMPLE EN EL RISÓN


De las tierras castellanas de don Quijote y del Señorío de Iniesta, llegó, risueñadonde las haya, doña Ana, dispuesta a entrar, con su mágico palíndromo, en las claves eotas del home marín. Nada inalcanzable para quien vino desde viñedos y tierras historiadas, hasta nos en una bendita sorpresa.

Norma, "proveniente de una constelación austral"; Amaya, "luz brillante para el Imperio del Sol naciente", indómita veneración de los vascones y un siempre anudado recuerdo para Eloina; Pilar, de apelativo fundacional, sostén de los suyos, y los bíblicos Daniel y Marcos contemplaron también su cuota parte de los prodigios coincidiendo con el cumple de AIDA, fosforescente estrella de una galaxia que disputa nombradía con este asteroide edénico, llamado El Risón.

Es Venta, posada o mesón náutico cuyo embarcadero se alcanza en vela latina atravesando la Estigia, sus mareas y tesones, y la vista de tres cisnes, difusos, atípicos, exóticos, inesperados y negros, especie acuática que llevaba veinte años sin ser vista por la ría, signos para Nassim Nicholas Taleb, en su best-seller, deimprobabilidadimpredecibilidad e imprevisibilidad. Trío de patitos feos, en evocación de Hans Christian Anderssen, que contra Taleb, profesor de americanolibanés, no son precisamente imposibles,  pues los fotografía en su blog Enrique Sampedro, joven ornitólogo eoto.

El Risón, en su naturaleza asteroide, orbita entre Marte y Júpiter, y tiene calidad gastronómica jamás imaginada por Antoine de Saint Exupéry para su Principito. La nómina de asteroides rocosos llega a 26.000 sin que seamos capaces de saber si El Risón se encuentra en esa ancha contabilidad, o en un apéndice a cargo del home marín. Quizá lo compruebe, en el futuro, el joven Lucio, tan avispado él. Dicen, en cualquier caso, los sabios que, por encima de nos, pasan apenas dos mil, algunos de tamaño aproximado a El Risón, ideal para dar cuenta de moluscos, crustáceos y lubinas salvajes.

Aunque afectada la ría toda por la degradación del ecosistema global llamado Antropoceno, la alteración de biodiversidad puede resultar menor que otras zonas. La ausencia de plásticos y escorias industriosas opera a favor al reducirse la letanía de los efluvios de la pasta eucalital papelera a la otra ría hermana de la que apenas son recuerdo sin estigma el acarreo empacado desde Porcillán en buque diario. 

Estamos en un extremo de Asturias, región de la que eran oriundos, con familia en Piedras Blancas, popularmente llamada Piedras, Luis y Walter Alvarez, físico y geólogo. Los Álvarez, padre e hijo, descubrieron el fin de los dinosaurios por un tremendo impacto de cuyo cráter, pedregoso y blanquecino, pudo desprenderse El Risón. Moure vio, o se imaginó que es lo mismo, la llegada hasta allí, en la galerna, por el canal de troncos y otros peligros procedentes de Abradeo, salvado El Risón por la altísima marea.

Ana y Noemí (Iniesta/Perú) se liaron al remo del bote danielesco girando sobre sí mismas en tris de chapuzón sin que supiéramos- son de tierra adentro, junto al Cardiel y el Piura, tan diferentes al prodigioso Eo- si sabían nadar. Torpe maniobra que bajo el puente de Piantón/Suarón, en curva y apenas altura, ví ha tiempo a Paco Rodriguez y Avelino Martínez, mientras Pérez de Castro daba muestras de destreza sin que los años mermasen sus facultades de lobo marino.

El Piura, río de Noemí, lo es también de La Casa Verde de Vargas Llosa, y el Cabriel de Ana está en el Patrimonio paisajista de la Humanidad en el que debería constar el Eo sin mediar papeleo.

Veremos si el l'home marin sigue en cavernas acechantes para tiempos futuros o desaparece tal los dinosaurios, la bruxa Clara y/o la Costa por el crecimiento del mar.

El mesonero argentino ofrece de postre típico requesón. Aida, germanista en auge, no sabía que en la primera traducción española, que leí en la insólita biblioteca de mi padre, de "Madre Coraje y sus hijos", Bertolt Brecht llama Requesón a uno de sus personajes, que pasó a Cara de queso en palabras de Amelia de la Torre para la legendaria versión de José Tamayo.


Diego, inquieto
timonel primerizo
del Cielo azul
al Paraíso
De oca a oca
Candela y Rocío.
Ajenos benditos
A tanto prodigio
Que guardan
en recordatorio
De Aida, su cumple
¡Y el Eo casi dormido
!

El trasgu, por lo demás, vaga por la ría desde tiempo inmemorial.

Ay, es solo ¡l'home marin!




EL NIÑO DEL PELO VERDE

Bien recuerdo la película de J. Losey, "El niño de pelo verde".

La dieron en una matinal de domingo en el ovetense Real Cinema, de la plaza Longoria Carvajal. Era promovida por el Cine Club de la Alianza Francesa, que conducía Juan Cueto. Al día siguiente, por la tarde, en las dependencias de la Alianza, en la calle Santa Cruz, nos reuníamos para hacer comentarios.

Losey era autor de culto por sí mismo y por la persecución del enloquecido senador McCarthy tras la que hubo de exiliarse a Inglaterra. La película es inglesa por escenario y argumento pero anterior al exilio inglés del autor.

La vimos en versión original y no era fácil de seguir para mí pero aún me resuenan las palabras del protagonista sobre su "green hair". El pelo de color se le había puesto inopinadamente una noche y se vio en el espejo al despertarse.

En una escena trata de lavarse, y frotarse, la cabeza en el grifo del lavabo para que desapareciese el color pero resulta inútil.

Debía de ser una cinta de mucho mensaje antibelicista que trataba de alguna rebeldía o al menos eso buscábamos en todo el ciclo del Cine Club.

Ahora resulta que Thomas, un crío inglés, como el de Losey, que hace intercambio con mi nieto mayor, apareció una mañana eota con el pelo completamente verde. Yo bien sabía que era muy rubio y el recuerdo de aquella película resultaba inevitable.

La ría del Eo con sus prodigios produjo el sorprendente tinte verde en la playita junto a casa.

No hay guerra próxima ni si quiera bosque verde pese a lo que Losey y su personaje se me aparecieron.

Cristina, mi nuera, se asustó: demasiado joven no conocía la peli de Losey; tampoco Losey, ya en el otro mundo, a Thomas, al que hubiera llevado a su rodaje.

Al irse Thomas a su país, a José le diagnosticaron escarlatina.

A mi nieto no se le puso el pelo verde como a su amigo, pero, ¿y si su espalda llena de puntitos rojos se le subiera a los cabellos? Mucho me hubiera prestado un inopinado chaval pelirrojo, simultáneo al huésped verde.

No sé, está claro que José se apasiona con la natación, el surf de Peñaronda, la vela...No parece en principio que le afecte al pelo. No obstante, ya en Madrid le he preguntado si se ha visto la cabeza en el espejo por si el fenómeno de Thomas/Eo hubiera quizá producido, retardado, el prodigio de otro color. El de su tocayo Losey era "colour by technicolour" como rezaban los títulos de crédito.

¿Quien sabe?


UN CAÑÓN PARA EL MARQUÉS DE LA RÍA

A la memoria me vienen también inolvidables amigos ribereños: Gamallo, Del Pino, Cándido Riesgo, Luis Estrada…


Conocí a don Leopoldo Calvo Sotelo y Bustelo una tarde del verano de 1982. En Vegadeo celebraban una regata de traineras. Al Presidente del Gobierno le acompañaba su cuñado, Rafael del Pino, viejo amigo de mi familia materna ya desde el Ribadeo de 1936. Conmigo, Consejero de Cultura entonces del primer gobierno autónomo asturiano, venían de un viaje por el Occidente, Emilio Martínez Mata y Avelino Martínez, con cuyos asesoramientos intentaba yo montar los servicios regionales de Deporte y Educación respectivamente. Recuerdo también al Alcalde Álvarez Linera y al Presidente del Club de Remo, Vicente Loriente. Emilio, hoy ilustre cervantista, comentó que la imagen que teníamos de Leopoldo de persona seria, en absoluto dado ni siquiera a la sonrisa, se evaporó enseguida hablándonos de cosas del río y de la ría.

A estas alturas, fallecido Leopoldo, nadie puede poner en cuestión su bonhomía, su cultura y su sentido del humor.

Le recuerdo en una de las últimas comidas de Anleo. Allí, Francisco Rodríguez, propietario de Reny Picot, nos reunía anualmente a un amplio grupo de amigos, por lo general de veraneo en el Occidente Astur. Con la inveterada costumbre española de hablar a los postres, -muy a diferencia de Centroeuropa donde los discursos son siempre en los inicios-, a las palabras del anfitrión sucedían las de Leopoldo, como invitado de mayor rango histórico en el que de forma tácita todos delegábamos.

Aquella tarde agosteña, el ex presidente se erigió en representante de la Xunta, comisionado para indagar si, como sostiene Dámaso Alonso, desde el Eo hasta al río Frejulfe se habla un dialecto gallego. No solamente era cómica su autorepresentación del Gobierno de coalición de izquierdas de la Xunta, que me parece se acababa de estrenar, sino que los reunidos a la vera de la fábrica y del Castillo de Anleo no teníamos precisamente mucha representatividad para semejante prueba fonética. Pero Leopoldo lo decía todo con tal serenidad un humor desbordante: “Comprendan lo que les digo, he de informar y concluir si las hablas de esta franja están dentro del sistemalingüístico galaico, desde una perspectiva sincrónico-diacrónica”. Pienso incluso que pudo haber quien creyese que ciertamente estaba cumpliendo tan pintoresco mandato del socialista Emilio Pérez Touriño para un estudio de campo filológico.

La afición a las jerigonzas locales le venía a Calvo Sotelo de familia. Su padre fija bien giros vernáculos en la novela “Ribanova” y su tío, Joaquín, académico de la española, se detuvo ampliamente en detalles antropológicos. De ese Calvo Sotelo, de tanto éxito como autor de “La Muralla”, recuerdo, en la época de la televisión en blanco y negro, cómo refería la tristeza de una mujer a cuyo nieto se le había, “en la ría del Eo”, estrellado el cometa con el que jugaba:”esparapapillousele o papaventos”. Si en alguna parte el seguimiento de la lengua apasiona ha de ser ahí, en uno de los puntos más notables no ya del “Paraíso natural” sino del Paraíso terrenal mismo. Uno de los mejores poetas de todos los tiempos, Luis Cernuda, da cuenta de cómo escuchaba, en el hotel Guerra de Santiniebla (Castropol) a las mujeres ribadenses que iban al mercado, en madreñas, a la vez que oía también de un gramófono la Sonata a Kreuzer a lo lejos. A Leopoldo Calvo Sotelo y Bustelo le habrán ocurrido situaciones de ese mismo tenor, viviendo como vivía junto a su pueblo y, a la vez, bien enraizado en los clásicos musicales.

Otra tarde, un amigo guasón me dijo que había encontrado en un anticuario a miembros de la familia Calvo Sotelo- Ibáñez Martín tanteando la compra de un cañón. El chamarilero, del que conozco sus dotes comerciales y sus ocurrencias, sostenía muy crédulamente que se podía preparar para que funcionase. Como quiera que la notable casona del ex-presidente se levanta enfrente mismo de mi ventana, por medio la ría, que Don Leopoldo, con su título nobiliario, contra el criterio astur llamaba de Ribadeo, y que hace tiempo en ese mismo lado, en el Forte de San Damián, había un cañón orientado contra Asturias o, según épocas, contra los piratas ingleses, escribí en mis notas íntimas que debía estar ojo avizor por si montaban una cureña. Sin guasa y por si acaso…

Escrito ya lo anterior en mi diario, me decidí a disipar dudas hablando con Leopoldo que me confirmó la posesión de un cañón que pudiera funcionar malamente:

-Lo dejaron los nacionales abandonado al principio de la guerra, después de hacer dos o tres disparos contra el Castillo de San Román.

-“No se llamaba de San Román sino de Arroxo”, precisó al quite José Luis Pérez de Castro, que mostró, una vez más, su autoridad como el mejor coleccionista de todo lo asturiano:

-“Sí hubo tales impactos en la vecina Ermita de San Román, junto a la casa de Antonio. Tengo las fotografías de los agujeros”.

Total: tanto historicismo me mosqueó y me presenté en el anticuario para comprar el cañoncito que, disparase o no, debía apuntar al revés.

Ni Leopoldo ni yo, que tantas protestas de paz hicimos en política, probamos nunca nuestros artilugios como aburridos señores de vetustas hazañas bélicas. Sin embargo, hubo un día, hace poco, ya fallecido Leopoldo, que tomé cierto respeto a mi propia arma. Y es que la fusilería dialéctica sobre cuestiones lingüísticas fue creciendo hasta límites preocupantes. Y no tanto entre socarrones ribereños como entre políticos invisibles a la búsqueda de imposiciones académicas de laboratorio. La edición occidental del periódico venía esa mañana con violenta polémica entre dos corresponsales sobre la diferencia de “las isoglosas”, “la ausencia de geada” y no sé qué lío con una “intervocálica”. Un tercer comentarista aseguraba que la batalla podía llegar a las manos y que era mayor “que la gota fría que había descargado recientemente”.Me acordé enseguida de la intervención de Leopoldo inspeccionando las riberas del Frejulfe y del Anleo. ¿Y si alguien lo tomaba en serio, entraba en mi finca, demasiado abierta, y le daba por intentar un disparo contra la otra orilla? ¿Cómo inutilizar definitivamente, pues, mi cañón, en la prudencia de que “las armas las carga el diablo”? Además el mindoniense genial, Don Álvaro Cunqueiro, previene varias veces en sus obras sobre gentes que deambulan por esos mismos pagos guardando en su magín deudas antiguas de generación en generación.

Hice un viaje hasta Figueras con el exclusivo propósito de pulverizar el cañoncito de marras.

Resultó, sin embargo, que me lo encontré destrozado, con restos fuera de su soporte.

Al parecer, versión que aceptó la Compañía de Seguros sin rechistar, un rayo había atravesado el percutor.

El perito se extendió en su informe sobre los aditamentos y postizos de una pieza genuina que jamás hubiera sido concebida para montar sin su toma de tierra.

El experto asegurador escribió lo que supo, que debía ser bastante, sobre las provocaciones al aparato eléctrico de las tormentas. Muchos no la contaron; otros, tal Benjamín Franklyn o la viejecita expresiva de Joaquín Calvo Sotelo, sí nos legaron sus experiencias de cometas.

Nadie, sin embargo, puede asegurarme si desde el cielo alguno de sus habitantes recién llegados, no en vano ingeniero para más señas, orientó el rayo fatídico con intenciones y resultados pacifistas, adelantándose cautelarmente a mis buenos propósitos.

La ría sonríe; Leopoldo también, con gesto celestial, pero muy próximo por lo que se ve.


(Del libro homenaje a Leopoldo Calvo Sotelo del Ayuntamiento de Ribadeo)


PÉREZ PRIETO y GAMALLO ANTE EL EO

"(...)miro el agua siempre como él me dijo:con respeto y emoción"
Julio Llamazares,"Distintas formas de mirar el agua".

Claudín Pérez Prieto, personaje fabuloso, que apenas nadie recuerda ya en su Ribadeo, al volver de largo exilio caribeño se percató de una nueva tonalidad cromática de la Ría del Eo.

-No hay nada parecido en el mundo.

El tramo entre Abres y Vegadeo, antes de hermanarse con El Suarón, es también inigualable.

Sin duda Claudín tenía razones para expresarse con autoritas.

Algunos reclamaron a Dionisio Gamallo Fierros para apostillar lo que Claudín pontificaba acercándose al borde del agua con cierta perspectiva en determinados días y soles. Para Cunqueiro, "desde remotos siglos,uno de los grandes ocios humanos es contemplar estrellas", Gamallo, los Pérez Prieto y demás buenos ribereños también daban categoría celeste al transcurrir del Eo.

La cruel guerra había separado a ambos genios ribadenses que volvieron a unirse en visión personalísima y heterodoxa de su ría.

Cada cuál, a su indómita manera, esperaba, por primavera, el regreso de los delfines.

Los domingos Claudín no faltaba en el Puerto de Porcillán; Dionisio, sin embargo, pese a autodenominarse "Varón de Porcillán" en sus tarjetas de visita, era precisamente el tiempo dominical, el que no bajaba del Cantón donde velaba la salida a misa de su madre, momento, marcado por el preciso reloj "lombardero" de Santa María del Campo, antes del excesivo campanilleo pregrabado.

Dionisio, erudito donde los haya, lleno de paquetes, remitidos a la alejada estafeta de Castropol, burlaba durante la misa la orden de la jefa que no quería ni un libro más en el domicilio común.

-¡Ay,Dionisín!,..¡qué desgracia, hijo mío, el día que aprendiste a leer!

Si Claudio y Dionisio no coincidían festivos de guardar, sí tenían misma parroquia durante la semana.

Claudio se fue a su tumba de Vilaselán sin revelar la auténtica colatura eota; Dionisio dejó, sin embargo, escrito:"Dividir en dos mis cenizas/Una parte vaya a Tí, madre,que aún me brizas"; la otra para la Ría, a cuyo cielo el incrédulo Perez Prieto llegaría algo antes.

Los versos de Dionisio, legados para cumplir discretamente al anochecer, que en espíritu podían ser de Claudín, concluían: Ya en el regazo de la Ría... siente / mi nada como el dulce rumoreo / con que crecí en tu vientre.




CUNQUEIRO Y MERLIN, El Impostor

Mondoñedo ha tenido el acierto de sentar en bronce, en uno de los bancos de la plaza de su Catedral, al no menos suyo Alvaro Cunqueiro, que realmente colocó la ciudad obispal en el mundo de las literaturas española y gallega.

Una tarde que peregriné hasta allí, debía de notárseme mucho el afecto hacia lo que representaba aquella estatua que pronto merodeó, dando vueltas, alrededor de don Álvaro y mío, un individuo de corta estatura que aún se agachaba doblando el espinazo y andando a saltitos. Pese a lo insólito y cómico de la situación me quedé tan callado como mi ilustre compañero de asiento. Pronto el extraño hombrecillo me habló, con fuerte acento gallego:"Soy el mago Merlin de Cunqueiro. Fui su amigo e inspirador. El Obispo me odia y me ha excomulgado. Yo era librero pero me han boicoteado por vestirme un carnaval. Resisto aquí, al lado de él y sigo vendiendo estampitas de Santa Rita. Desde que murió Cunqueiro, yo mantengo su espíritu y el Obispo no puede conmigo". Después me condujo a su antigua librería, allí mismo, donde ya no le quedaban libros a la venta sino estampas y algunas invocaciones a la Santa Compaña, envueltas en granos de anís. Por algún lado decía guardar, pero no lo encontraba, el decreto que le impedía acceder a los sacramentos. Él seguía hablándome de sus particulares devociones a varias santas y de impresos de indulgencias parciales.

En la frente le sobresalían levemente dos cuernos. Esa faz cornúpeta era la prueba, a juicio del escritor Gonzalo Moure, que le conoce, de cómo tendía su cuerpo realmente a parecerse al mago que asumía ser.

Horas después, aquella misma tarde, en el Cantón de Ribadeo, donde ahora precisamente se levanta su estatuilla, le conté el sucedido al cunqueirista por antonomasia, Dionisio Gamallo Fierros, que me atajó próximo a la irritación:"Sí, el librero Montero.Es un impostor. No se hable más".

No sé si Dionisio, en definitiva, me aclaraba redundantemente lo que era un mago o que en su país de meigas y faunos hay magos auténticos para que otros caigan en la impostura.

Alguien ha escrito, y escribió bien:"la literatura es una larga lucha de redundancia en redundancia, hasta la redundancia final".

(De mi libro CON VISTAS AL NARANCO. Septem ediciones)



DELFINES Y ECLIPSE LUNAR

"Con la esperanza de un prodigio improbable",Pedro de Silva

¡Qué hermosa última de La Nueva España en Agosto/18/2015: "¡Orbayu estelar sobre los Picos"!

García Pavón, de la nómina de la bien novelada, se sorprendía que en Oviedo (Lloviedo, para el poeta Fernando Beltrán) no "lloviese sino orbayase". Lo mismo tenía que ser con las "lágrimas de San Lorenzo". Pude cazarlas en la desembocadura del Eo, que compite como pórtico de excelencia con el Naranjo de Bulnes y afines picotas sureñas; esta vez la entrada oeste al Paraíso.

Mi hija llegaba del Norte de Alemania donde sus compañeros de la Universidad de Bremen la aleccionaron de la inminente revuelta estelar. Los turistas y astrofísicos que subieron al refugio de Áliva se encontraron con espectaculares "fuegos artificiales"que eran simplemente naturales, desprendidos de un cometa prodigioso de orbital zigzag errático. Aida y yo vimos lo que las absorbentes, y en cierto modo cegadoras luminarias de Ribadeo, enfrente nuestra, nos permitían.

Pero prestó mucho, tanto como la posterior llegada de delfines. Estos llevaban años desaparecidos, invocados por mí íntimamente, muy poco antes, al glosar a Dionisio Gamallo y Claudín Perez Prieto, que todas las temporadas los esperaban al borde de la ría. JL García Martin, personalidad exquisita, al toparse con estos delfines eotos recordaba que los padres de Antonio Machado, cuyo heterónimo, Mairena, era tapiego de Casariego, iniciaron su amor divisando delfines en el Guadalquivir.

Otra imagen sobresaliente, pues no hay dos sin tres, cuyo prodigio, en el que repararon antes, entre audaces metáforas y fantasías, Casona y Conrad, era solo torpeza humana: el Kelly, un barco inglés, quedó varado, transversal al curso fluvial, como sucedió en el Támesis con el que se inicia "El corazón de las tinieblas", pieza maestra del relato.

Aquí, en mi Eo, también el gran varado era de pabellón británico, entre arenas y mareas de un tesón incontrolado.

Hace años, Ángel González y otros amigos (Loli, Juan, Máximo, Susana) vinieron a buscarnos a Eloina y a mí a Salinas con la pretensión de ver semejante lluvia de estrellas en Pinos Altos, San Cristóbal u otra altura circundante. Tercas nubes nos desbarataron el firmamento, mientras el whisky "nos subía a los tobillos"que decía el poeta.

Ahora se anuncia para el 28 de Setiembre eclipse total de Luna.

Evaporados para la vista de la maravilla, aquellos amigos, idos y/o lejanos, bien guarnecidos en la memoria, espero contemplar el tránsito momentáneo a duermevela lunar desde el sitio donde las perseidas, los delfines y el buque anclado sin ancla, me acaban de ser propicios. En ese mismo lugar, tiempo ha, ví también a Marte, engrandecido de su pequeñez visual, disputar el predominio de la noche al satélite blanco plata.

El Eo, de Gamallo, de los Pėrez Prieto, de Cándido Riesgo, seguirá maridando ría y perseidas, cuando vuelva a tocar. La presencia de cetáceos, como este verano, ya es coincidencia mayor.

Habrá mezcolanza con otros prodigios, probables o improbables, que la metereología no es nunca segura en estos pagos cuando comienzan "el otoño y otras luces", que titulaba el llorado Ángel. El poeta, en su Áspero Mundo, nunca disfrutó, sin embargo, "lágrimas de San Lorenzo", al menos tras aquel intento fallido de Salinas, que no sé si en su Alburquerque, donde un verso y un día,"¡y no era sueño!, la nieve ardía".

(Columna sabatina de La Nueva España/blog www.antoniomasip.net)











Enviado desde mi iPad


Enviado desde mi iPad

Semprún, después de Semprún


SEMPRÚN DESPUÉS DE SEMPRÚN


“A Jorge Semprún muy bien muy bien no lo conocía casi nadie"Juby Bustamante.



Será siempre un mito.

Tuve la dicha de conocerlo levemente pero se me hace más próximo con Imprescindibles de TVE y los tres libros que me acabo de zampar: la biografía, nada complaciente, de su pariente Soledad Maura Fox, excelente, de la que hay quien me dice que, penetrando en su intimidad, jamás,de haberla leído, él hubiera aprobado; las memorias de Manolo López ("Mañana a las once en la plaza de la Cebada", terminadas por el asturiano Pín Torre) y su obra póstuma, "Ejercicios de supervivencia".

Fue un puntazo que Paco Ignacio Taibo II contara con su concurso, en la edición de 2008 de la Semana Negra.

Ángel González lo había tenido, refugiado clandestino, en su casa madrileña, donde burló a la policía política franquista, de la que fue su primer objetivo durante años. El valor de Ángel, que me constaba, se actualiza con el reconocimiento de Semprún, lo mismo que el de López, torturado, cuya heroicidad permitió que Federico Sánchez, seudónimo o "nombre de guerra", jamás fuera descubierto.

Cuando era ministro, Jorge me preguntó por un muchacho gijonés que estuvo en 1960 en el VI Congreso del Partido Comunista en Praga y del que guardaba gran concepto. Se trataba de José Ramón Herrero Merediz, recién fallecido esta primavera, que luego a su regreso a España padeció larga cárcel. Ocasión tuve de presentarle a Heinz Eickelbeck, Alcalde de Bochum, impresionado con su dominio del alemán y sus recuerdos de preso del campo de concentración nazi de Buchenwald.

Insisto, es un mito, imprescindible conocer su biografía y escritura.

jueves, 22 de septiembre de 2016

Nada que ver con bloqueo pedrista alguno

Unas muy queridas tías, de parentesco colateral algo lejano, tenían un problema de escrúpulos que, estrictas devotas, paralizaban sus espíritus.

Llegó un momento que su director espiritual de los  madrileños sacramentinos les pareció a las tres demasiado benévolo con sus pecados de pensamiento pues " de obra" jamás habían faltado a los mandamientos de Moisés, ni a los de la Iglesia, ni a ningún otro precepto de los Santos Padres. Estaban muy preocupadas con el Concilio Vaticano II y la cátedra de San Pedro, que habían dado demasiada manga ancha a clérigos que "absolvían liberal y fácilmente" y no orientaban sinodesorientaban

No sin esfuerzo encontraron en un fraile agustino, en El Escorial, el idóneo confesor para sus pecados.Tomada la gran decisión mis tías se desplazaron en tren desde Madrid al Monasterio donde encontraron a su oidor al que sucesivamente le contaron sus preocupaciones de conciencia y sus faltas diversas.Recibido el sacramento volvieron a la Estación y subieron al convoy, pero, ¡hete aquí!, una de ellas planteó a sus hermanas:¡he vuelto a pecar!, a lo que las otras dos reconocieron que debían volver al confesionario. Sin dudarlo bajaron del tren casi en marcha y suplicaron al agustino una nueva absolución.Como quiera que había un nuevo tren a Madrid el problema, juzgaron, se podría paliar.

La segunda vez, mis tías perdieron el tren definitivamente. Ni trenes, ni absoluciones ni tranquilidad para sus escrúpulos había ya en la noche de El Escorial, cuando las desalojaron del andén no de muy buenos modos a su juicio.Tampoco estaban contentas del último trato de sus amados agustinos, que algo les dijeron de asumir responsabilidades.


Enviado desde mi iPad

lunes, 19 de septiembre de 2016

Aniversario del bikini

Bikini

Ante la celebración de los setenta años de la mítica prenda playera


Bikini
Bikin

Apasionados a castizas hemerotecas conmemorativas han celebrado setenta años del bikini. Su origen, al parecer, está en la improvisada comparación de una modelo, integrante del taller costurero "Louis Reard", para la exhibición que iba a hacer: "será como el bombazo militar americano en el atolón de Bikini, de las islas Marshall en el lejano Pacífico". 
Claro que, pese a su fuerte detonación, a España tardaría en llegar, con una censura pronto en manos del escrupuloso ministro Arias Salgado, que tapaba centímetros de féminas descastadas en búsqueda del paraíso para millones de almas españolas en riesgo de ennegrecerse con pecaminosas tentaciones; ahora, curiosamente a sensu contrario, los fanáticos terroristas islámicos aspiran también a edénicos cielos, invadidos esta vez de placenteras desnudas mujeres tras asesinar a diestra y siniestra. ¡Menuda la que tuvo el estreno de Gilda, de Rita Hayworth! ¡Y aún la terapéutica "Helga" en el ovetense Palladium! 
Si hay quien dice que el bikini, o "dos piezas", llegó relativamente pronto a Santander, que no me creo, Benidorm y Marbella, no apareció en la playa de Salinas hasta los sesenta y muy poco antes en San Lorenzo de Gijón, Santa María del Mar y el Oriente llanisco y y no sé si riosellano. Acompañaba tardíamente al nuevo traje de baño las toleradas revistas francesas "Elle" y "París Match" y la edulcorada versión denominada "Life, en español".
En el Eo, donde pazo, hay quien recuerda que en nocturnas veladas, antes de los puntos del carnet de conducir, una pandilla de veraneantes madrileños y afines se acercaba rayando amanecer, mientras el whisky "se subía a los tobillos", que poetizaba Ángel González, a un bar de la Garganta, donde la mesonera filtraba el café con su sostén, lo que garantizaba silente furor y rumiantes sueños eróticos. El mismo Ángel González contaba el reinado de Terele Pávez, hija del delator de García Lorca, en la noche madrileña de Boccaccio desprendiéndose en la pista de su sostén, aún a pecho tapado. En mi inefable Salinas prohibieron los "shorts de fiesta" que una familia "demasiado avanzada" se había traído ilusoriamente de Londres.
Todavía recuerdo también que un funcionario municipal de Deportes me puso a la firma la prohibición del bikini en las piscinas del llamado Canódromo, o mejor Parque de Invierno, que nos prestábamos ilusionadamente a inaugurar. Sentí, súbito, la expulsión años antes de Cristina y María José Fontana, primas mías, de la piscina del Náutico del Espartal.
Naturalmente nunca di trámite a semejante reaccionario decreto, pero su mero borrador es prueba de cómo se abrió paso el bikini todavía en los ochenta (¡cuarenta años habían pasado desde 1946!) en la todavía clariniana Vetusta.
Compartir en Twitter
Compartir en Facebook

Enviado desde mi iPad

domingo, 11 de septiembre de 2016

Angel Viñas pone a Aranda nuevamente en evidencia como corrupto

El dinero inglés que sobornó a los generales de Franco, incluido Aranda

Un libro del historiador Ángel Viñas explica cómo Churchill compró a la cúpula militar para evitar que España entrara en la Guerra Mundial

11.09.2016 | 03:48
Ángel Viñas, catedrático emérito de la Universidad Complutense.
Ángel Viñas, catedrático emérito de la Universidad Complutense.
"Aranda era por supuesto un corrupto, una cualidad que comparte con muchos otros. Está fuera de toda duda que recibió dinero de los británicos, pero también es muy probable y verosímil que lo recibiese de los alemanes", asegura el historiador Ángel Viñas, que acaba de sacar un nuevo libro ("Sobornos. De cómo Churchill y March compraron a los generales de Franco", publicado por Crítica), en el que abunda en los manejos de los británicos para mantener fuera de la segunda guerra mundial al régimen de Franco. 
La revelación de que el "defensor de Oviedo", personaje vidrioso donde los haya -iba para ministro de la República y terminó adhiriéndose, hay quien dice que con muchas dudas, al levantamiento del 18 de julio, para luego ser defenestrado por Franco-, también cobró su dinero de los nazis, un hecho novedoso, no lo acaba de tener seguro Viñas, catedrático emérito de la Universidad Complutense, y uno de los mayores expertos en las tramas corruptas que salpicaron desde el principio el régimen franquista. 
El motivo de esta inseguridad está en que la fuente es el Servicio de Investigación de Falange, abiertamente enfrentada a Aranda, que fusiló a algún falangista en Valencia, cuando era Capitán General, y que se oponía a la influencia de los camisas azules. "No sería el único que cobraba de los alemanes", aclara Viñas, quien no cree que los ingleses estuviesen al tanto del juego a dos bandas del general. 
El tema de los pagos británicos a la jerarquía franquista se conoce desde hace treinta años (desde la publicación en 1986 de la tesis doctoral del profesor Denis Smyth), pero que hasta hace poco tiempo no había podido ser rastreado en los archivos. Por indicación de embajador británico en España, Samuel Hoare, los servicios de su Graciosa Majestad idearon un plan para comprar, a través del banquero mallorquín Juan March, las voluntades de algunos elementos de la Dictadura Franquista con el fin de evitar que España entrase en la guerra del lado de los alemanes.
Un informe del 26 de junio de 1940, firmado por el comandante Furse y destinado al entonces primer ministro Winston Churchill, detallaba el plan de Hoare y daba cuenta de la reserva de 13,5 millones de dólares para los generales de Franco. Dos de esos millones iban a estar destinados a Aranda. En "Sobornos", Viñas revela que este era un esquema embrionario, diseñado para durar seis meses. "Al final duró tres años y medio y supuso mucho más dinero del que pensaban inicialmente los británicos", señala.
La clave maestra del plan británico era el banquero mallorquín Juan March, el único en el que confiaban los británicos, que le habían visto hacer. "En los militares españoles, no confiaban en ninguno. Desde luego no confiaban en Aranda ni tampoco en Kindelán. No hubiese sido inteligente, en una situación de guerra, creer firmemente en lo que decían unos tipos a los que se sobornaba. Pero como la información que llegaba fue favorable, al final se pagaron las cuotas, en el año 1944. ¿Cuánto? Los archivos británicos no informan de las cantidades, pero que se pagaron en divisas y en cuentas en el extranjero es indudable. Fue una lluvia de millones en pesetas, pero no tenemos el reparto final", asegura el catedrático.
Cómo pudieron traer a España el dinero ingresado en unas cuentas que eran ilegales -los españoles tenían prohibido por ley tener cuentas en el extranjero-, cómo pudieron nacionalizarlo -que era el término que se utilizaba entonces para blanquear los fondos de dudosa procedencia- es un misterio que el historiador Viñas trata de dilucidar en su libro. "No sé si trajeron el dinero a España, o se arriesgaron a dejarlo en cuentas en el extranjero, pero lo más probable es que los sobornados terminasen recurriendo a la 'expertice' de March. Y solo hay dos posibilidades. Que se blanquease a través del mercado de divisas de Tánger, que ofrecía un buen cambio, o la llamada 'operación Navíos', que consistía en conseguir la autorización del Consejo de Ministros para importar productos británicos sin pagar en divisas. Esos bienes que importaba March, una parte irían al mercado negro, multiplicando aún más los beneficios de estos caballeros", describe Viñas. Y conociendo al personaje, March, "el hombre más misterioso", "el último pirata del Mediterráneo" -como se le ha descrito en alguna ocasión-, es esta última opción la que más le cuadra a Viñas.
En alguna ocasión se ha dicho -lo afirma por ejemplo el gijonés Luis Suárez o el ovetense Enrique Moradiellos-, que los generales no eran conscientes de que estaban siendo pagados por los británicos, y que el círculo más implicado en los sobornos -Aranda, Kindelán, Varela, Nicolás Franco o Galarza- pensaba que eran empresarios y monárquicos quienes les estaban enjuagando a través de March, como ya había ocurrido en los momentos previsos al golpe de Estado del 36.
Viñas no se lo acaba de creer. "Al menos Galarza lo sabía, lo tuvo que saber. Y no es creíble que unos compinches que estaban complotando a su manera no tuviesen conversaciones entre ellos. Eso de que no sabían, no me lo creo, no lo ha demostrado nadie", indica el historiador.
Pero hay más asuntos que Viña trata de poner en su sitio en el volumen. El verdadero objetivo de "Sobornos" es romper uno de los leitmotivs de los hagiógrafos franquistas, a saber, que fue la "hábil prudencia" del Caudillo la que evitó la entrada en la guerra. Según Viñas, en realidad fue el dinero británico el que convenció finalmente a Franco de mantener una neutralidad que no obstante rompió en varias ocasiones, como cuando envió 50.000 soldados de la División Azul contra los soviéticos. "Ese mito de que Franco, dotado de una presciencia sobrenatural mantuvo el curso de los acontecimientos de forma que evitó la entrada de España en la segunda guerra mundial, y que los españoles debemos eterno agradecimiento porque nos ahorró los horrores que sufrió el resto de Europa, hay que relativizarlo enormemente", señala Viñas.
Sobre todo porque "Franco estuvo tentado de entrar en la guerra. Todo lo que diga la hagiografía franquista en sentido contrario es una basura, es mentira", añade. Pero, ¿qué hay detrás del mito? "Hay una serie de fenómenos complejos. En primer lugar la situación objetiva del país, el hambre que estaba pasando. Por otro, la situación del Ejército español, bueno para ganar una guerra civil y apuntalar la represión interna, pero que en realidad era una patata que no hubiese podido combatir con posibilidades de éxito contra británicos, estadounidenses o alemanes. Luego estaba la política autoprotectora británica, con una serie de operaciones clandestinas que se hubiesen desencadenado, tanto para apuntalar a Franco como para derribarlo. Aunque luego se impuso la creencia del embajador británico de había que dejar que los sobornos ejercían su influencia", enumera Viñas.
"Franco era un hombre taimado, cauteloso, prudente, pero no era un superhombre. El grado de conocimiento de la cúpula del régimen era muy nulo. Uno escucha las conversaciones de Serrano Súñer con miembros del cuerpo diplomático y uno se queda paralizado por el estupor de ver que un personaje así hubiese llegado a tener tanta influencia", remacha el historiador.
Otro asunto que quizá se haya mitificado es el supuesto papel de Aranda en la dirección de un hipotético golpe de Estado que hubiese derrocado a los falangistas -no necesariamente hubiese supuesto el descabezamiento de Franco- en caso de que forzasen la entrada en la guerra a favor de Alemania. A Viñas no le consta esas veleidades golpistas de Aranda, al menos hasta 1945. "Aranda estaba muy conectado con los ingleses. De los sobornados, él y Kindelán eran los que estaban en mejores relaciones. Aranda era el que estaba mejor orientado, no era idiota, era un hombre abierto", indica Viñas.
El dinero británico "pretendía crearle problemas a Alemania en España, que era una de sus bases de aprovisionamiento", señala el historiador Javier Rodríguez Muñoz, quien duda de que el dinero de los británicos, si llegó a entregarse, quedase en sus manos. "Poco se habría podido quedar él. El dinero era para preparar la conspiración. Desde luego, Aranda no se hizo rico", cree Rodríguez Muñoz, Y eso que "en medio de la guerra, todo el mundo hizo negocio, el primero de ellos, Franco". Dicho sea de paso, Ángel Viñas ha sacado a la luz el llamado "negocio del café" que hizo rico al ferrolano -al parecer revendió 600 toneladas de café donado por Brasil a España en 1939, y en agosto de 1940 había acumulado una fortuna cercana a los 400 millones-, en el volumen "La otra cara del Caudillo". En uno de los capítulos de este libro, con el desternillante título "¿Quiso Franco extender el cáncer entre sus generales?", Viñas hace referencia a una partida de diez mil cajetillas de tabaco entregadas por Franco al general Aranda, y que en su opinión habrían servido para enriquecer al "Defensor de Oviedo".
El exalcalde de Oviedo y exeurodiputado socialista Antonio Masip tampoco tiene dudas de la "venalidad" de Aranda. Los datos fehacientes están en un libro traducido hace relativamente poco, obra de Peter Day ("Los amigos de Franco. Los servicios secretos británicos y el triunfo del franquismo"), pero ya antes había encontrado la prueba en un documento rescatado de los archivos alemanes tras la caída del Tercer Reich, que hacía referencia a los pagos británicos a los generales de Franco. Y es que ni siquiera los alemanes, que lo habían aupado, se fiaban del Caudillo y su régimen.
Luis Suárez ha negado los pagos a Aranda. Los familiares de Aranda y Kindelán negaron también esos pagos, afirmando que los generales murieron pobres. Aranda vivió lo suficiente para llegar a la democracia y ser nombrado teniente general por el rey Juan Carlos, que premiaba así los servicios realizados por el militar en favor de la causa monárquica -él, que se había declarado republicano, que quiso hacerse masón en 1935 y estaba en buenas relaciones con izquierdistas como Indalecio Prieto antes del golpe del 18 de julio- y revertía el agravio que le hizo Franco al "defensor de Oviedo", retirándolo en 1949 y truncando una carerra que podrían haberse prolongado mucho más. Y quizá este nombramiento sea una clave para aclarar dónde está el dinero que, según Viñas, cobró Aranda. "Lo que hiciera con el dinero recibido de los británicos, ni lo sé, ni me importa. Pudo invertirlo en la restauración monárquica, entregárselo a Don Juan. Se lo habrá gastado de alguna manera. Lo que está fuera de toda duda es que recibió dinero", dice. Y mientras él recibía una fortuna, España se enfrentaba a una de las mayores hambrunas de su historia.
Compartir en Twitter
Compartir en Facebook

Enviado desde mi iPad

sábado, 10 de septiembre de 2016

¡Un castropol para Castropol!

Con vistas al Naranco

¡Un castropol para Castropol!

El simbolismo de tener cerrada en agosto la biblioteca de este municipio del Occidente

10.09.2016 | 03:16
¡Un castropol para Castropol!
¡Un castropol para Castropol!
Una ilustre personalidad de la cultura a la que estimo me escribe muy preocupada porque la biblioteca pública de Castropol cierra el mes de agosto.
Es ciertamente una barbaridad no exenta de lamentable simbolismo. En el Castropol de la primera mitad del siglo pasado floreció uno de los mejores proyectos bibliotecarios que en la Humanidad han sido: la Circulante que apadrinaban los Loriente Penzol.
Sus efectos, pese al declive sufrido por la inclemencia cultural del país como consecuencia de la guerra incivil, se siguen sintiendo. Es lo mismo que sucede, al margen de niveles, a la librería de Alejandría, en su día la más estimable recopilación de manuscritos imaginable, que unos mecenas suecos, que me contactaron en mi tiempo parlamentario, querían seguir impulsando.
Xabier Fernández Coronado tiene en KRK un magnífico libro dedicado al heroico activismo de la histórica biblioteca castropolense, y don Luis Legazpi, en muy diferente dimensión investigadora, hizo un folleto conmemorativo.
María Moliner, Leopoldo Alas Argüelles, Manuel Bartolomé Cossio y otros eminentes intelectuales aseguraban que la solución española era crear "¡mil castropoles!", frase que tomó legítimamente mi admirado Aurelio Menéndez para referirse a la magna obra del colegio rural de Ibias, que cuenta con una comunidad escolar entrañable.
En Oviedo se perdió la oportunidad de la biblioteca de primeras ediciones de poesía hispana que Manolo Lombardero atesora en Esplugas de Llobregat. Manolo ha sido el alma del Premio Planeta, y es bibliófilo empedernido. Su biblioteca especializada pudo estar en Asturias en el tiempo y la oportunidad de la puesta en marcha, luego frenada en seco, de la Fundación Ángel González. La antigua biblioteca pública del palacio de Toreno en la ovetense plaza Porlier hubiera sido lugar idóneo pues el espíritu de una biblioteca permanece durante años aunque se haya trasladado, como fue el caso a El Fontán.
En fin, me duele que ese espíritu castropolino se valore tan poco como para dar un cierre estival, época inmejorable para el fomento lector. A no olvidar que fue a punto de iniciarse setiembre de 1932 cuando visitó la biblioteca Federico García Lorca, del que Domingo Martínez, tan buen alcalde durante veinte años, me manifestaba con legítimo orgullo cómo se conservaba un libro rubricado que el gran poeta entregó personalmente allí. Fue también en verano, agosto de 1935, cuando no por casualidad, Luis Cernuda y Miguel Prieto participaron tres semanas en las Misiones Pedagógicas. En el volumen homenaje a José Luis Pérez de Castro, del RIDEA, doy noticia de esa histórica presencia.
A la larga, habrá que pedir ¡un castropol para Castropol! en agosto.
Compartir en Twitter
Compartir en Facebook

jueves, 8 de septiembre de 2016

En ElComercio

De Gracia Noriega, autor de más de 40 libros y de numerosas obras inéditas sobre las más diversas cuestiones, sorprendía el personaje: el bigotito recortado, el sombrero tirolés y la voz cavernaria, profunda, un poco con deje asturiano o los modismos dialectales propios de la zona. Pero sorprendía mucho más el estilo: ese estilo aparentemente seco, una adjetivación austera pero envolvente, entre Hemingway y Conrad, o, mucho más cerca, Azorín, sin lugar a dudas. Siempre estuvo ahí, en un «impresionismo descriptivo», de frase corta y sintaxis simple.
Gran parte de los cuarenta libros de Gracia manejan el sistema del alicantino: son parcelaciones que junta como libro, pero que no nacieron como libros de una primera escritura, sino que se fueron haciendo textos más o menos a partir de compilaciones de muy variada estirpe (es necesario exceptuar, en tal óptica, los premios Tigre Juan -que recibió en 1986 por su obra 'El viaje del obispo de Abisinia a los santuarios de la Cristiandad'-, Casino de Mieres, Asturias de Novela, etcétera).
Sorprendían todos los enigmas de un autor cuya obra fue objeto de un seminario en la Universidad Rey Don Juan Carlos de Madrid en 2005 y una existencia levítica, retirada, primero en Llanes y luego en Sevares (Piloña), donde el artista que fue en la primera época parecía querer ahora ser más artesano. 
En la llanisca calle Nueva había nacido el 17 de agosto de 1945 en el seno de una familia de derechas para bucear en la lectura desde muy niño gracias a los libros de la biblioteca de la casona indiana en la que vivió su infancia y en la que descubrió el placer de la escritura cuando su padre le regaló un cuaderno rojo.
Tras acudir a la escuela de las señoritas Mantilla, también en Llanes, estuvo interno en el Colegio de los Dominicos de Oviedo, donde coincidió como estudiante mediocre con Juan Cueto, Antonio Masip, Rafael Sariego o Juan Luis Rodríguez-Vigil y donde destacó en materias como Literatura y Latín.
Orfebre de la palabra y lector impenitente, sin estorbos, sin salidas, la paz del amanuense, entre joyas literarias (poseía una biblioteca de unos 17.000 volúmenes, desde los griegos a la novela del XIX) y buen cine clásico. Sorprendía el nulo interés por lo que se publicaba, por la actualidad, por los nuevos escritores y ese mundo como blindado, anclado en el tiempo, en una lectura que tenía mucho de relectura. Un autor clásico y de clásicos. 
Sorprendía aún más que sus primeros veinticuatro años hubiesen discurrido entre Oviedo y Madrid, ciudad donde hizo vida literaria, vida de estudiante, y ahí, en ese tiempo, podría haber entrado en un Café Gijón, en cierta élite literaria, pero se mantuvo alejado de zonas de influencia y siempre protegido en las amistades con asturianos de siempre, cursando estudios superiores en la capital (hasta su rapsódica filiación al PSOE de quien se consideraba demócrata liberal) para regresar luego a Oviedo y, de ahí, instalarse en Sevares.
Socarrón, sorprenden sus fotos con miles de bolígrafos alineados, textos primero manuscritos, luego mecanoscritos y vueltos a corregir con bolígrafo, una lentitud que recuerda mucho a la poética de Cela («En este oficio hay que tener una paciencia franciscana») y donde se saborea la palabra en todo su amplio y hondo calado. Sorprenden, de igual modo, sus incursiones en el mundo del viaje, como lectura, cuando confesaba haberse movido muy poco en su vida.
Primaron, más de lo que se piensa, aquellos estudios en los Dominicos y su primera bohemia, en un piso posterior que pagaban sus progenitores en el barrio ovetense de Pumarín. Primaba, según contaron varios como Faustino Fernández Álvarez, otro estudiante de los Dominicos, cierto poso «curil» (la expresión, en su fecha, fue de Lola Lucio). Una educación no seglar, vaya, y toda esa impronta germinativa que ella propagó con respecto a ciertos temas. 
Mezcla referentes americanos (Hemingway, Dos Passos) y franceses (Camus) en ese tipo de escritura seca, dura, pero muy trabajada, sencilla pero no simple, donde el lenguaje no protagoniza sino que pasa a un segundo plano. Mucho más renacentista que barroco. 
Una de las últimas obsesiones de Gustavo Bueno fue poner en orden su obra y la fundación que presidía anunció incluso la edición de las obras completas de Gracia.
Gran conocedor de los asturianos y cronista oficial de Llanes tras ganarse en título en los tribunales (lo nombró el PP y lo destituyó el Gobierno local del socialista Trevín), fue detractor del asturiano y clamó contra el grandonismo astur y «mitos como la sidra, la fabada, el tambor y la gaita» en obras como 'Los asturianos pintados por sí mismos'. 
El Ayuntamiento de Llanes decretó una jornada de luto por su fallecimiento y el alcalde, Enrique Riestra Rozas, aseguró: «Nos deja una de las plumas más fértiles de la región. Echaremos de menos su ingenio, su agudeza, su perspicacia y su presencia...». Sus restos serán incinerados hoy y el funeral se celebrará el lunes a las 17

Enviado desde mi iPad