domingo, 17 de junio de 2018

SUPLEMENTO SIGLO XXI SOBRE 500 AÑOS DE LOS DOMINICOS EN OVIEDO

Antonio Masip recuerda con cariño su paso por el colegio: "El miedo escénico me lo quitaron los Dominicos, haciendo teatro. También aprendí los secretos de la declamación en público, que me ha valido para la profesión de abogado y, también, para participar en las asambleas universitarias. Pero además me inculcaron el amor por la literatura, sobre todo a través del magisterio de profesores como el padre Inciarte, que me descubrió 'En busca del tiempo perdido', o el padre Jesús Álvarez, con quien me aprendí de memoria 'Platero y yo'. Aún hoy, mi enfermedad sigue siendo la literatura".

viernes, 15 de junio de 2018

DALIA




La mitad de la belleza del mundo está en los ojos que la miran
García Martín, J.L., Enigmas con jardín.
A este jardín//no podrás volver más”.
Duque Amusco, A., Sequedad




Ahondando en mi infancia tengo a las dalias como flores preciadas y esperadas. 

Mi abuelo se esforzaba en que poblaran el ala sur de su jardín de Salinas. Llegarían en agosto, tras hortensias y geranios.

Había que confiar en su mágico brote, resguardarlas de la depredadora marina y ahuyentar restricciones de regadío. Agravaba riesgo de fracaso la supuesta prohibición laboral del Génesis sobre el descansado y enigmático séptimo día, contaminante en aquellas calendas de otros dos, uno conmemoración de alzada golpista, otro de compostelano guardar, festivos de Julio, mes en honor nominal de un genocida pagano, Cayo Julio Cesar, tan ambivalente. Se ayudaban aquellas dalias, sujetos sus pescuezos a estaca firme. Crecían en pétalos largos, tonalidades planas y diverso colorido, aunque mi magín no las retiene verdes. El Thyssen nos acaba de descubrir el impresionista Caillebotte, que debatía con su íntimo Monet de mixturas pictóricas y dalias, especialistas que eran en ambas búsquedas.

Solo he tratado a una Dalia humana y se ha ido tristemente. La conocí en París, distrito 10, cuando en 1972 visité a su padre, el pensador Ramón Álvarez Palomo, consejero que fue del Consejo Interprovincial, luego Soberano, de Asturias y León. Era niña inquieta y cultísima. En veranos posteriores, Eloína y yo, con algunos amigos, nos acercamos a Hendaye Plage donde los Álvarez Molina aproximaban a su vez la mirada a una España, ya llena de esperanzas redentoras. Reproduje, en "La sirenita y otros coletazos", la emocionante correspondencia de cómo esa familia preparaba la vuelta con acentuada preocupación por los estudios de Dalia y de su hermano.

A ese regreso definitivo asistí en la estación gijonesa de ferrocarril. Era un agosto en el que las dalias habían por primera vez desaparecido del jardín de mi querido antepasado, ya fallecido. 

Y, siguiendo la huella del tiempo, presencié la clase que José Girón invitó a Ramón en la Facultad de Humanidades. Mi amigo era heredero de sus históricos correlegionarios Mallada, Entrialgo, Martínez, Quintanilla…En ese mismo Milán, antiguo seminario y cuartel, cuya conversión universitaria tanto me enorgullece, llegaría a profesar Dalia tras una importante tesis sobre Céline , destacada aquí por Fernández-Cardo. Pese a tratarse de texto inédito me permitió utilizarlo en el II Congreso de Bibliografía Asturiana.

Supe que era un fenómeno intelectual; desde el bullicioso patio de un barrio del corazón parisino.

No habrá más Dalia ni dalias; quedan, sin embargo, en la ensoñación de mi adolescencia, blindada de momento contra la sequedad,  y en el no menor sueño utópico de aquel París post-68

jueves, 14 de junio de 2018

LA VOZ DEL TRUBIA


DE TRUBIA A TRUBIA

Estuve en el Teatro de Trubia en un acto de la Alcaldía de Wenceslao López con motivo de los tres años de mandato. Al día siguiente comenté con Paco García Mata, inolvidable ingeniero, cómo por fin se llevaba a efecto el viejo proyecto de enlace que desviaba el paso de cientos de tráficos de Química del Nalón, la antigua Fábrica de cañones y los simples vecinos. Tengo por Paco y todo un plantel de técnicos de su tiempo una admiración manifiesta aunque muchas de las ideas de entonces hayan tardado tanto en plasmarse. Es, en cualquier caso, bueno lo que bien termina. No eran en este caso ni dificultades técnicas ni presupuestarias. Solo procedimentales, jurídicas y de voluntad política. Enhorabuena, a quien corresponda.
Sentado cómodamente, junto a unos trabajadores trubiecos, me acordaba también de la primera vez que subí a aquel mismo vetusto escenario. Eran los primeros setenta. Me llevó, junto a Alfredo Prieto Valiente, Laureano, emblemático director bancario, para asesorar a varias decenas de ciudadanos que padecían unas lesivas “contribuciones especiales”, figura impositiva ya desaparecida de las Ordenanzas Municipales.
El estado del proescenio, los servicios, la electricidad y las butacas era deprimente lo que no olvidé cuando fui, pasando los años, Alcalde del Concejo.
Ahora la mayoría municipal, en la que no muchos creímos resistiría hace tres años, encara la recta final con algunos proyectos que aprecio ilusionantes. El mayor, en mi humilde criterio, el acuerdo con el Ministerio de Defensa sobre la parcela que ocupó la Fábrica de Armas de la Vega. Desde fuera, imagino que nuestros munícipes y seguidores atentos sentirán íntimamente parejos estado de ánimos a los de mi tiempo con la recuperación de la cima de El Naranco y la conversión de El Milán, en Facultad de Humanidades y parque, a cuyo personal orgullo me he referido todavía de forma reciente.
De todas formas, y aunque el protocolo de la Vega, según escucho al Alcalde, está ya muy avanzado con la Ministra Cospedal, me preocupa que no se aprovecha el impulso de la nueva titular, Margarita Robles y el equipo Sánchez, para superar de la misma una injusticia lacerante, que personalmente, ya de mi época de europarlamentario, no puedo olvidar: ¡los sufrimientos de los 55 despedidos!
Me consta que por lo menos veinte siguen penando por pura desidia de la caprichosa crueldad de unos y del encogimiento de hombros de quienes son responsables institucionalmente. Mucho me preocupa para Trubia y los que benditamente mantienen trabajo que la política empresarial siga siendo tan torpe y errática. Más si cabe cuando los retos del Brexit, en los que se bate denodadamente mi buen amigo Michel Barnier, y de las relaciones industriales, armamentísticas y comerciales de la era Trump siembran preocupantes incertidumbres en el solar europeo.
Mucho me prestará la ultimación del acuerdo con Defensa pero con la recuperación imprescindible de esa veintena larga de trabajadores que el Ministerio, el Gobierno autónomo y el Ayuntamiento no pueden asesinar laboralmente, cuando se vislumbra una balsa de salvación. ANTONIO MASIP

sábado, 9 de junio de 2018

CONFERENCIA SOBRE MI PADRE EN EL RIDEA/ASOCIACION VETUSTA,PILARES,LANCIA