domingo, 24 de marzo de 2019

PRESENTACIÓN CANDIDATURA MUNICIPAL ENCABEZADA POR WENCESLAO LOPEZ

Wenceslao López promete gobernar para «el Oviedo real»

Wenceslao López, con su equipo de candidatura/PIÑA
Wenceslao López, con su equipo de candidatura / PIÑA

El secretario general de la FSA-PSOE, Adrián Barbón, y el alcalde de Oviedo, Wenceslao López, presentan la candidatura al Ayuntamiento de la capital asturiana en la Casa del Pueblo

ALBERTO ARCE
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El actual alcalde de Oviedo y candidato a la reelección por el PSOE, Wenceslao López ha presentado este mediodía su candidatura al Ayuntamiento de la capital del Principado de Asturias. Un objetivo, «usar la experiencia adquirida para seguir gobernando para las personas y no para el cemento», y con la «seguridad» de que la ciudadanía ha entendido lo que ha hecho el PSOE durante estos cuatro años, para lograr una mayoría más amplia.
«Yo no decido si hay tripartito de nuevo; si hay dos o si hay cuatro, eso lo decide la ciudadanía, y lo que espero es que los socialistas tengamos una mayoría suficiente para dotar al gobierno de la máxima estabilidad» ha señalado López.
El primer edil de la Corporación Municipal ovetense ha querido resaltar que los socialistas atesoran la experiencia y capacidad de gobierno en un ayuntamiento, «referencia a nivel nacional», según sus palabras, en el que «hemos sabido ser abiertos y aceptar la diversidad» y en el que se ha gobernado «con seguridad y tranquilidad». «Han pasado cuatro años cuando muchos pensaban que el gobierno no duraría ni siquiera cuatro días», ha declarado.
De esta manera, en un concurrido acto en la Casa del Pueblo de Oviedo en el que el candidato a la reelección ha estado arropado por el secretario de la FSA y candidato al Principado, Adrián Barbón o el eurodiputado Jonás Fernández, entre otros. López ha admitido que en sus rivales puede encontrarse a personas «desesperadas que ven otro Oviedo; unas que parece que han llegado ahora de nuevo a la ciudad» y que ven un Oviedo virtual en su imaginación totalmente diferente a la ciudad real que ven los ciudadanos».
A López le acompañan en la lista electoral la actual segunda teniente de Alcalde, Ana Rivas, como número dos; el también concejal Ricardo Fernández; La edil Marisa Ponga; el geólogo Luis Fidel Rodríguez, fundado de la Asociación de Memoria Histórica 13 Rosas Asturias; la secretaria de Cultura de la AMSO, Lucía Falcón; el concejal Diego Valiño; Natalia Sánchez; Gonzalo Olmos; la representante de Equo Rmma Álvarez; Luis Miguel Cabrero; Olaya Rosell; José Manuel Nieto y Marisa González en los catorce primeros puestos de la lista. Cierra la lista en el puesto 27 el que fuera alcalde de la ciudad, Antonio Masip.

viernes, 22 de marzo de 2019

CARMINA BASCARÁN CON LA VALENTÍA DE SIEMPRE

Carmen Bascarán: "Lula da Silva cometió errores, pero hizo lo que pudo"

"Bolsonaro es un racista y favorece a los terratenientes", dice la activista asturiana

22.03.2019 | 01:11
A la izquierda, Carmen Bascarán y María Rodríguez. 
"Lula da Silva cometió errores cuando fue presidente de Brasil, pero hizo lo que pudo, porque el poder hoy no lo tienen los políticos, lo tiene el Fondo Monetario Internacional". Con esa rotundidad habló ayer en el Club la activista por los derechos humanos Carmen Bascarán, buena conocedora de la realidad de Brasil, que analizó la actualidad del país, tras la llegada al poder de Jair Bolsonaro.
Carmen Bascarán, que fue presentada por María Rodríguez, vicepresidenta de la Asociación Paz y Solidaridad de CC OO de Asturias, quien dijo que "La solidaridad es la ternura de los pueblos", ofreció una visión negativa del mandatario que llegó al poder desplazando a la izquierda.
"Lo que está pasando en Brasil no ha sido de un día para otro. Existen influencias como la de la Iglesia evangélica, que predica la teoría de la prosperidad, frente a la doctrina católica, que se decanta por los pobres", indicó Bascarán.
Es en ese contexto, en el que los terratenientes tienen la supremacía, en el que ha llegado a la Presidencia el exmilitar Bolsonaro, al que calificó de "racista, para el que los negros no valen nada".
"Bolsonaro es un personaje de chiste, se pasó la campaña pidiendo la legalización de las armas y la realidad es que el 56% de los brasileños le apoyaron, hartos de las traiciones de los partidos, movimientos y sindicatos que se suponía iban a defender a los más pobres, a los indígenas, a las mujeres y a los niños", explicó la cooperante. Bascarán criticó la supresión de los ministerios de Cultura y Derechos Humanos, con el argumento de que se ha hecho para ahorrar dinero. "Todo esto ha sido posible porque en el contexto internacional las cosas también están cambiando", señaló. "En Estados Unidos no están dispuestos a que nadie supere al dólar y China estaba siendo una extraña competencia en países como Brasil. Hay un cambio de estrategia", recalcó. Carmen Bascarán remarcó su preocupación por la deforestación del Amazonas iniciada por Bolsonaro para la explotación de madera, oro y minas. "Eso lleva aparejado el trabajo esclavo", indicó.

BIBLIOTECAS VERSUS MEMORICIDIO


BIBLIOTECAS VERSUS MEMORICIDIO         
“El libro ahuyenta a las rutinas grises//de sus días, y alumbra a noches ciegas” Bravo Garcia, A. “Muchacha con libro/Deineka”.
Juan Goytisolo introduce, en “Cuaderno de Sarajevo”, “memoricidio” para la destrucción de la Biblioteca de Bosnia. Si el texto de Juan es muy bueno, y lo digo desde las discrepancias que mantuvimos sobre el Magreb, valor icónico consiguió acompañado de una magnífica foto de Gervasio Sánchez recogiendo haz de luz en la herida ruinosa.
En Asturias se ha conseguido popularizar el Bellas Artes, cuya exitosa trayectoria inició el tándem E.Marcos/J.A.Castañón, en tiempo preautonómico, y hoy es ejemplar labor de Alfonso Palacio, autoridad en Luis Fernández, pero lamentablemente no resulta tan popular la Biblioteca de El Fontán, muy concurrida, sin embargo, de universitarios empollando y de lectores de prensa, entre la que, por cierto, falta surtido internacional, nada fácil de encontrar en esta cultísima ciudad, pese a que cotidianos foráneos llegaban al mítico Casino clariniano de Vetusta. Viven también actos y muestras de interés social. De Alas hay buen fondo, iniciado con una controvertida compra que hicimos de enseres y libros acumulados y luego enajenados, con dudosa legitimidad, por la viuda de Adolfo, segundo hijo del escritor, incrementada ahora por la generosa y trabajada donación de los hermanos Tolivar Alas, llamado Archivo Alas/Canella/Tolivar.
A no olvidar el precedente nutricio de la Biblioteca del Palacio de Toreno, o Plaza Porlier, inmortalizada  por Carlos Sierra contra el despropósito Arensberg. Es referencial Lorenzo Rodríguez-Castellanos, que da hogaño nombre a La Granja. Don Lorenzo consiguió conservar libros denostados por la Dictadura, el inquisitorial Índice y demás censuras. Es lástima que no se hubiera ubicado la colección de poetas hispanos de Charo y Manolo Lombardero para la malograda Fundación ÁNGEL GONZÁLEZ, con la que soñamos patronos designados por el poeta y Juan Ignacio Ruiz de la Peña, director que era de RIDEA.
Ahora, que vienen justas electorales, es tiempo de concretar apoyo a Biblioteca y Museo. Siempre agradeceré el concurso de un eminente carbayón, Ignacio Quintana, Subsecretario de Cultura. ¿Tendrá Oviedo algún día su Museo de la Ciudad?
Al Museo desde la Literatura es divisa frecuente. Alberti y D´Ors entre multitud. Recientes son aquí las divagaciones poéticas de Antonio Bravo (“Museo de versos”) y Javier Almuzara que nos ha deleitado en el Bellas Artes con sus reflexiones de Luis Fernández. Esa extraordinaria conferencia será publicada por “CLARIN”, digna sucesora de “Los Cuadernos del Norte”, del inolvidable Juan Cueto Alas, próximo hijo predilecto, tan bien homenajeado en RIDEA. Estamos a la espera de la anunciada exposición de la que será comisario Xuan Bello…
El desastre Sarajevo, origen intencional aparte, tuvo antecedente en Oviedo con la quema de la biblioteca universitaria de 1934. El rayo lumínico fue entonces la reacción entristecida de Alas Argüelles, de la que da cuenta Pedro de Silva en “El Rector”.

miércoles, 20 de marzo de 2019

CAMPO DE CONCENTRACIÓN JUNTO A MI CASA DE FIGUERAS.MUCHO ME HABLABA EL TRISTEMENTE FALLECIDO Y GRAN AMIGO JULIAN GUERRA.EN ESE CAMO SE CONOCIERON LOS PADRES DE NUESTRO PRESIDENTE JAVIER FERNANDEZ



RIBADEO / LA VOZ 
Setenta años es un pestañeo en la historia. Fue ayer, como quien dice, pero la memoria es frágil y conviene no olvidar. Es más, probablemente convenga instruir a los niños y adolescentes que en Castropol, en la desembocadura de la ría de Ribadeo, en un paraje donde la naturaleza irrumpe con toda la belleza que es capaz, donde hoy hay columpios y barbacoas, miles de personas penaron en un campo de concentración franquista: Arnao. Leer los listados de prisioneros y los motivos sobrecoge. La mayoría son mujeres, incluso niños, cuyo delito fue ser familiares o cómplices de huidos o guerrilleros republicanos: «Enlace, ayuda y protección de huidos; encubridor; suministrador de huidos; por su actuación durante el Movimiento, proteger a los huidos; manifestaciones antipatrióticas; auxilio a la rebelión; familiar de huidos...», un saco sin fondo donde casi todo podía encajar.
En Arnao, con Illa Pancha a un lado y la Punta da Cruz al otro, donde el Eo pierde su nombre en el Mar Cantábrico, un paraíso se volvió infierno desde 1938 a 1943. Allí penaron miles de personas, en uno de los campos de concentración franquistas que más tiempo duró y más gente albergó tras la caída del frente asturiano. Tuvo dos etapas: una para prisioneros de guerra y otra para familiares y supuestos colaboradores. De aquellos tiempos quedan testimonios. Muchos en boca de hijos de padres y madres que, compadecidas, acudían a llevar comida a los presos.

La prisión

Para albergar a los prisioneros, en Arnao se construyeron tres barracones de madera para unas 300 personas en total. En su interior tenían literas de tres pisos. Fueron los propios presos quienes los construyeron, como también los caminos que hoy cruzan Arnao. Y muchas otras carreteras.
Donde había barracones ahora hay un monolito, erigido hace años por los socialistas de Castropol. Está totalmente cubierto de pintadas, pero en la placa aún puede leerse: «En memoria de los hombres y mujeres que perseguidos por sus ideas estuvieron aquí confinados».
Aún quedan testigos de aquella página de la historia. Miguel López Rico y Félix Rico González son amigos desde la infancia. Ambos son vecinos de Villadún, el núcleo habitado más próximo a Arnao, y a sus 92 y 88 años de edad, respectivamente, tienen frescos en la memoria recuerdos del campo de concentración.

Su madre, castigada

Miguel López recuerda, por ejemplo, cómo un preso le cortó el pelo tras pedírselo su madre. A cambio le dio algo, un pequeño premio. Fue descubierta y castigada. «Yo era un chavalote y qué iba a saber de todo eso. Vino a dormir al campo de concentración. Estuvo en un barracón», recuerda en el mismo lugar.
«Había un agujero grande. Le llamaban el calabozo. Los metían ahí y le ponían una tapa encima. Esto todo se recordaba antes, pero ahora... hace tantos anos ya», añade.
Miguel cuenta cómo de niño acudía a Arnao con el ganado. «Iba a lindar las vacas por aquí, que poco teníamos para darles». Sobre los presos no preguntaban: «No. Cuando me sacaron de la escuela, miraba de cortejar un poco», dice sonriendo. Era la inocencia de la niñez y adolescencia, ante un drama que les superaba. «Es que esto era político todo. Daba pena, hubo muchísimo castigo. Ahora lo comprendo, pero de aquélla no».
Miguel llegó a tener trato con los sargentos, también con gente que vivía en el campo de concentración. Recuerda cómo había gente que se compadecía de los presos y les daba comida. También el trabajo de los prisioneros haciendo carreteras: «Teníamos un cabanón y hacían de comer allí».
Y por su experiencia asiste con temor al discurrir de la sociedad actual: «Creo que estamos muy cerca incluso de volver a pasar lo mismo, ahora en España. Todo esto lo veo muy mal».
En Arnao, al pie del monolito que recuerda a los presos, Félix Rico señala y cita: «Recuerdo los barracones que había aquí; el cuartel ahí; el váter aquí atrás. La entrada principal estaba allá, a unos 200 ó 300 metros. Para entrar aquí había que pedir permiso».
«Para hacer guardia te iban a buscar a casa. Mi padre sí la hizo. Hacían lo que mandaban y nada más», añade. Del día a día en el campo de concentración, recuerda que «unos estaban trabajando en las carreteras y otros de aquí para allá... Eran presos. Llegaban en camiones y hacían lo que les mandaban».
Él era un niño ante una realidad impuesta: «No preguntábamos nada. No se hablaba. Era mejor no hablar porque no sabías lo que podía pasar». ¿Miedo? Por supuesto: «¡Cualquiera no tenía miedo!». Y añade: «Es que igual te traían aquí preso para los barracones o te mandaban a Castropol».

Ahí están los recuerdos. Apenas un pestañeo en la historia, que durante un tiempo se trató de no remover para pasar página y curar las heridas. Pero aunque cueste, para no volver a errar, conviene no olvidar.

domingo, 17 de marzo de 2019

ART DE JAVIER MARÍAS

LA ZONA FANTASMA COLUMNA 

No tienen suerte

Parece que hubiera una legión de “sexadores” mirándole el sexo a todo: a la literatura, al cine, a los consejos de administración, a los ministerios
ESTÁ VISTO que las mujeres no tienen suerte. Durante siglos han estado sojuzgadas (si hablo en pasado es porque me refiero sólo a las occidentales), no se les ha permitido estudiar ni trabajar (con la inmensa excepción de las clases pobres, que se han deslomado desde la niñez), se les han puesto trabas para desarrollar actividades artísticas y científicas o no se las ha tomado en serio; han sufrido condescendencia y paternalismo, y lo que hacía una mujer se equiparaba con lo que hacía un crío avispado: mira qué gracioso, no está exento de mérito. En España fueron menores de edad, literalmente, hasta que Franco se fue a la tumba y los franquistas a sus casas. Necesitaban autorización del marido o del padre para las cosas más inverosímiles, abrir una cuenta corriente, sacarse un pasaporte, tener un empleo remunerado. Yo conocí a algunas que, una vez alcanzada la mayoría, prefirieron no casarse para gozar de libertad y autonomía. No estaban dispuestas a verse bajo la tutela de un individuo, por más que la mayoría de los maridos —justo es reconocerlo— no la ejercieran de facto. Entre personas civilizadas no existían esas prohibiciones conyugales. Pero el mero hecho de que existieran por ley bastaba para que algunas no quisieran correr riesgos y renunciaran conscientemente a hijos y familia propia. Elegían ser lo que entonces se llamaba “una solterona”. No había “sexismo” en el término, ya que también se utilizaba en masculino para los varones, a menudo acompañado del vocablo “empedernido”, lo cual transmitía la idea errónea de que los “solterones” lo eran por su voluntad y por aversión al compromiso, mientras que las “solteronas” se conformaban con su falta de éxito o su mala fortuna. Sin duda había casos así (como había hombres que sólo habían recibido calabazas a lo largo de sus vidas); pero ya digo que conocí, de niño, a no pocas jóvenes inteligentes, atractivas y solicitadas que lo último que deseaban era tener a su lado a alguien con autoridad sobre ellas, así fuese respetuoso y civilizado.
Todo esto fue cambiando desde el inicio de la democracia, y durante cuarenta años, con constancia, las cosas se fueron normalizando. Quedan todavía vestigios inadmisibles, como la menor paga de una mujer por el mismo trabajo que hace un hombre. Eso, según nuestras leyes, no puede darse, pero lo cierto es que se da en muchos lugares. La normalización consistía —y esa era la justa aspiración feminista— en que el sexo resultara indiferente. En que no se juzgara nada en función de él. Ni la capacidad, ni la competencia, ni el talento, ni el mérito o el demérito. Entre mis colegas escritoras, por ejemplo, lo que más las irritaba era que se las llamara a conversar con otras autoras sobre “literatura femenina” o “de mujeres”. Señalaban con razón que a los novelistas nadie nos reunía para que habláramos de “literatura de varones”. Eso indicaba que todavía, pese a todo —pese a Emily Brontë y Jane Austen, Madame de Sévigné, George Eliot y Pardo Bazán, unas pocas clásicas—, el que las mujeres escribieran se veía como algo cercano a una curiosidad, por no decir a una anomalía. Era como si se las confinara a un ghetto. Recuerdo que a Rosa Chacel, a la que traté desde la infancia, la sacaban de quicio estas distinciones. Ella no se sentía en la estela de esas autoras y de Charlotte Brontë, Virginia Woolf, Colette e Isak Dinesen —las supuestamente mejores—, o no sólo. Se sentía también en la de Conrad, Flaubert, Proust, Valle-Inclán, Dickens y Tolstoy.
Esa tendencia se ha ido al traste, y esta vez por imposición del último feminismo. Parece que hubiera una legión de “sexadores” mirándole el sexo a todo: a la literatura, al cine y a la televisión, a la música y al teatro, a los consejos de administración y a los ministerios, a la justicia y a la ciencia y a la enseñanza. Continuamente se señala el número de mujeres que intervienen en algo, y, casi por sistema, se subrayan y ensalzan sus contribuciones. Si antes había ninguneo —hasta cierto punto—, ahora se va a marchas forzadas hacia el enaltecimiento indiscriminado, lo cual constituye otra forma de ghetto. Si yo fuera una mujer a lo Rosa Chacel, por seguir con su ejemplo, creo que estaría cabreada con una parte de mis congéneres. Han hecho tanto hincapié en el sexo de las personas, destacando las bondades del suyo, que cuando uno lee el enésimo elogio, ya no sabe si es sincero o si responde sólo a una “política de elevación”, a una incesante campaña de veneración o llámenlo como quieran. En los últimos años se han saludado tantísimas obras maestras de escritoras —sobre todo estadounidenses y argentinas—, que, de creer a los críticos y a los colegas, no sabría por dónde empezar y tendría lectura obligada para varias décadas. Como mi tiempo es limitado y debo emplearlo con tiento, el resultado es que pongo entre paréntesis o en cuarentena todas esas enérgicas loas y aguardo a ver qué queda y se consolida. No es que yo sea índice de nada, pero me temo que no soy el único —ni la única— que contempla con justificable escepticismo la avalancha de maravillas por sexo. Y una vez más, me parece, son las mujeres las que salen perdiendo. 

ARTICULO DE MARTIN CAICOYA SOBRE EL ICTUS QUE ME HA VISITADO UN PAR DE VECES


El código ictus

Con el protocolo de actuación contra esta enfermedad se han reducido las secuelas en el 40 o 50 por ciento de los afectados

16.03.2019 | 05:25
El código ictus
Quizá la enfermedad que más cambios ha sufrido en los últimos 50 años sea la cerebrovascular. Esta enfermedad comprende dos patologías. La principal es la isquémica, que resulta del cierre de una arteria por un trombo, como en el corazón. La otra es la hemorrágica, que puede ser dentro del cerebro o en el espacio subaracnoideo, donde se encuentra el líquido cefalorraquídeo. Porque el cerebro flota dentro del cráneo en una bolsa, las meninges, que contienen un líquido. Es un magnífico seguro contra los golpes. Cuando la sangre llena ese espacio, comprime el cerebro poniendo en riesgo la vida. Hay varias razones por las que las arterias rompen: una malformación, un aneurisma, que es una dilatación y, por tanto, una zona débil; la arteriosclerosis, que es la reacción de las arterias a la hipertensión, y el tiempo, arterias convertidas en duras y frágiles, o un traumatismo.
En el año 1981 morían, en tasas ajustadas por edad, 134 por cada 100.000 personas en España. En 2016 sólo 26 por cada 100.000. Estas cifras eran, sin ajustar, 130 y 58 por 100.000, respectivamente. Se ve que cuando se ajusta baja la tasa, más en 2016, es el efecto de la edad del envejecimiento de la población española. El número de casos es importante para planear servicios asistenciales, pero para conocer la evolución del riesgo, es decir, cómo está funcionando la prevención y el tratamiento, hay que eliminar la contribución de la edad. Así es como se puede ver ese descenso espectacular, sólo igualable al que ocurrió con las enfermedades infecciosas en las primeras décadas del siglo XX. Todo el mundo sabe lo que pasó: mejoraron las condiciones de vida y los virus y bacterias tuvieron menos oportunidades de crecer y multiplicarse. Tan importante como eso fue la capacidad de resistencia a los microbios gracias a una mejor alimentación y en general a un mejor estado de salud. Y, desde luego, vacunas y antimicrobianos, primero las sulfamidas, pronto los antibióticos. El caso es que ahora la mortalidad por enfermedades infecciosas es anecdótica cuando fue la primera y casi única en los comienzos del siglo XX.
Qué ha ocurrido con la enfermedad cerebrovascular. Creo que lo más importante ha sido el control de la tensión arterial, la principal causa de esta enfermedad, sea hemorrágica o aterotrombótica. Su influencia en el daño vascular cerebral es mucho más intensa que en las coronarias, por tanto, su control produce un beneficio más notable. Y naturalmente, el tabaco, que es uno de los mayores agresores de las arterias, dobla el riesgo de ictus. Sin embargo, el control del colesterol no es tan determinante porque su influencia, que existe, no es tan importante como en la enfermedad coronaria. Otro contribuyente ha sido la anticoagulación en las personas con arritmia. Cuando las aurículas del corazón en vez de contraerse permanecen en una constante vibración, se llama fibrilación auricular, no se vacía la sangre, no la envía al ventrículo desde donde se expulsará, en la sístole, hacia todo el cuerpo. Pues esa sangre empantanada en la aurícula puede coagular. Y esos coágulos si pasan al ventrículo viajan por las arterias y pueden alcanzar el cerebro, allí se enclavan y producen un infarto. El mismo resultado que cuando se desprende un trozo de ateroma de la carótida o de las arterias cerebrales o de las coronarias: la aterotrombosis. Desde que se anticoagula han casi desaparecido los ictus por arritmia. Casi un millón de personas están hoy anticoaguladas en España.
La relación de la enfermedad vascular y la dieta es de las más buscadas y de las menos encontradas. En un ensayo clínico español, muy reconocido, se demostró que los que habían sido asignados a dieta mediterránea tenían menos riesgo de ictus, pero no de infarto. Por tanto, quizá por diversas razones, entre otras, que la vasculatura cerebral es biológicamente diferente de la coronaria, la dieta en la que predomine frutas, verduras, aceite de oliva virgen, pescado, frutos secos, legumbres, cereales enteros y en la que la carne roja y procesada sea escasa protege de esta enfermedad.
Comenté que el número de casos es importante para planear servicios. Más hoy que nunca porque por fin hay un tratamiento para los casos de ictus: es la disolución y extracción del coágulo. Es un formidable avance que quizá haya tardado en establecerse. En caso de sospechar que una persona tiene un ictus: disminución de fuerza de un lado, problemas con el habla, con la vista? hay que llamar inmediatamente al 112. El tiempo es cerebro. Se activa así el código ictus. En el hospital asignado, tras una exploración, se hace un TAC. Si no se ve nada, muestra de que no hay hemorragia, y el médico diagnosticó un ictus se inyecta un fibinolítico para deshacer el coágulo. Y si otras exploraciones radiológicas lo certifican, un neurorradiólogo introduce un catéter hasta donde está el coágulo y lo extrae. Así se han reducido las secuelas en un 40% o 50% en los tratados. Es extraordinario, el mejor avance en esta enfermedad.

FERNANDO BELTRÁN EN SU LLOVIEDO

Fernando Beltrán: "Para mí Oviedo era el Macondo de 'Cien años de soledad' "

El poeta ovetense se emociona con los alumnos del IES La Ería porque a "vuestra edad empecé a escribir poesía sobre el vaho en un cristal"

16.03.2019 | 00:51
Fernando Beltrán, ayer, durante su charla en el IES La Ería, en Oviedo. 
El poeta que aprendió a escribir mirando cómo llovía detrás de una ventana en Oviedo y dibujando palabras sobre el vaho en el cristal es el mismo que suspendía todas las asignaturas en el colegio, incluso redacción, porque los curas le ponían un 5 pero le restaban dos puntos por mala letra.
Fernando Beltrán es hoy todo aquello que quería ser, poeta, pese a que se pasó la infancia y la adolescencia escuchando a los que le rodeaban decirle: "Nunca llegarás a nada". Ayer ofreció una charla magistral en el IES La Ería de Oviedo cargada de emotividad: tuvo que detenerse varias veces mientras leía algunos de sus versos. Y es que a Beltrán, que es un romántico empedernido, ver un auditorio lleno de guajes con la misma edad que tenía él cuando comenzó a escribir sus primeros versos le puede.
"Esto me produce más respeto que un discurso ante la Real Academia; aquí siento más verdad, más piel con piel", confesó el escritor, con su melena canosa que parece no querer admitir el paso del tiempo y sus aires de protagonista de novela romántica. Contó Beltrán a los chavales de La Ería que él era "muy mal estudiante", pero a los 14 ya se empeñaba en que quería ser escritor, mientras que su padre, abogado, no dejaba de agobiarle con la misma pregunta: ¿pero de qué vas a vivir? Tampoco era Fernando Beltrán un lector apasionado, pero todo lo bueno y lo malo que sentía lo volcaba en un papel. Sigue llevando encima libretas, pequeñas, de tapa blanda, las más baratas del quiosco, que ahora donará a la Biblioteca Nacional, quinientas en total, "porque me lo han pedido". La de ayer era azul.
No parece sencillo que en el año 2019 un auditorio con más de cien chavales atienda con atención el discurso de un poeta soñador que además reconoció sin tapujos las cloacas que tuvo que visitar para mantenerse en su cerrazón de ser poeta. Pero ocurrió, y durante una hora el mundo pareció pararse para dejar paso a la poesía. "Todos tenemos abrigos y miedos, esperanzas y fríos. Los poetas somos como todo el mundo, trabajamos veinticuatro horas al día y vamos tejiendo bufandas para cuando las necesitamos en invierno", explicó Beltrán. No hubo que mandar callar y tampoco hizo falta animar a las preguntas. "A los 17 años me fui de casa y estuve tiempo sin hablar con mi familia. Tenía trabajos, de todo, que iba haciendo para poder ponerme a escribir en cuanto ahorraba una poco de dinero", recordó. Fernando Beltrán no sabe si tuvo una infancia feliz, pero sí que así la dibujó él y así la recuerda. "Para mí Oviedo era el Macondo de 'Cien años de soledad'", y lo sigue siendo. Por eso, anteayer, cuando llegó a Oviedo salió a pasear por el Campo San Francisco, el lugar donde nacieron muchos de esos primeros versos.
Los estudiantes, que llevan unos días trabajando con la obra del autor en la clase de Lengua y Literatura, quisieron saber más y le preguntaron a Beltrán si alguna vez se había arrepentido de no estudiar Derecho, como le pedía su padre. "No, pero entiendo a mis padres, que no conocían el vértigo de la poesía, que te obliga a poner las tripas constantemente sobre una cuerda", respondió el autor a Tatiana de Martín. Y Nadia García quiso saber cómo fue esa marcha a Madrid obligada. ¿Tanto le marcó? "Yo quizá lo adorno un poco", confesó el escritor, que volvió a tomar aliento y le respondió a Marco Ubiaño que no es ni la tristeza ni la alegría lo que más le inspiran: "El poema sale y te va llevando a otro lugar". Desde la ventana de Oviedo hasta Macondo.

viernes, 15 de marzo de 2019

LOST IN BREXIT







LOST IN BREXIT
Como soy un septuagenario peculiar, que en sus nostalgias no puede evitar el fantasma de sus antiguos quehaceres de parlamentario y de abogado en ejercicio, estoy constantemente siguiendo lo que para muchos son sin duda dos coñazos notables: la vista oral del llamado procès catalán ante el Tribunal Supremo y los debates en la Cámara de los Comunes sobre el Brexit, ambas de tanta trascendencia para los españoles. Se da la circunstancia de que conozco algo de la negociación europea, incluido al negociador mismo, Barnier, intervine en debates previos con los comisionados de la Cámara de los Lores en la Comisión JURI y he sido testigo cualificado, en el seno de mis propias ponencias, de varios desplantes británicos, indiciarios de lo que se venía encima, y de que, de otro lado, conozco, y lamento, el procesamiento de dos amigos, antiguos colegas parlamentarios, todo lo que eleva la tensión de mi ánimo, quebradizo ante tantos despropósitos como ahora escucho.
Mi inglés es deficiente y no puedo seguir todos los detalles de las argucias parlamentaristas y de los giros del sentido del humor británico. En uno de mis libros me referí a cómo conocí al actor Bill Murray, en el Bilmore de Coral Gables, que protagonizó una famosa película, Lost in traslation, “perdido en la traducción”, que para mí sería ahora “Lost in brexit”.
Cuando me sustituyó Jonás Fernández hube de reconocer con humildad y lealtad que no solo lo hacía un joven dinámico, muy bien formado, sino que sabía mejor inglés, herramienta imprescindible, y Economía, carrera en la que solo llegué a tercer curso. Sería ahora una catástrofe para Asturias que Jonás no renovara su acta, pero a lo que iba era a que el Brexit y Cataluña son asuntos fundamentales cuyos conocimiento y recovecos deben exigirse a cualquier político que se precie, pues nuestra región, cuna de España, que no solo dice un himno sino el bueno de Sánchez Albornoz, está completamente condicionada.
Eso pienso aunque no sé si soy, septuagenario aparte, rara avis en esta sociedad que como describía pasivamente Aldous Huxley en CONTRAPUNTO está falta de una auténtica inyección de espabilina ante el Brexit y Cataluña, los nacionalismos emergentes,  y, ¡ah!, ¡la extrema derecha facciosa que avanza!