sábado, 14 de julio de 2018

LAS MANOS DE P.S.


Ha sido muy comentado cómo los fontaneros monclovitas resaltaron las manos de P.S.
La coincidencia con siglas de partido no es tanta como en la Francia de la refundación de Deferre y Mitterand, ni con la portuguesa de Soares, ni con el desaparecido de Nenni y Basso. Aquí no pueden históricamente separarse de Obrero, desde los inicios pablistas, ni de Español, tenaz insistencia del ovetense Indalecio Prieto.
Les mans era canción de Raimon (De l'home mire //sempre les mans).. La archirepetíamos los progres del 68. También fue cartel del PSUC y mito pedagógico de Rovirosa y Gómez del Castillo, líderes del obrerismo cristiano. Eran habilidades artesanales, incluso hidráulicas, del carpintero de Nazaret, que narra, evangelios aparte, la parodia de Eduardo Mendoza. Juntar manos es rebeldía sudamericana: Alcemos una muralla //juntando todas las manos. A sensu represivo contrario, la Policía, en el momento de conocer, un primero de mayo, a Agustín Ibarrola y a Lalo Albizu, padre de Patxi López, exigía enseñar manos para diferenciar trabajadores en la bilbaína Plaza Elíptica.
Uno de los personajes de Martín Scorsese, recién premio princesa, viaja a París para modelar las manos. Ví las gigantescas de Fernando Botero en Madrid y en Medellín, cerca del Centro Comercial llamado OVIEDO. Las de Mona Lisa, por encima de enigmática sonrisa, hipotético embarazo, depilación de cejas y pestañas, técnicas pictóricas…sobresalen en el más afamado cuadro de todos los tiempos. Unos vecinos clarividentes han unido aquí sus manos al feérico y totémico Naranco.
Con motivo del Mundobasket-86 tuvimos en el Palacio de los Deportes, sensacional obra de arquitectura, varios hitos: el triunfo de la modesta Argentina sobre USA; el base americano, Tyrone Bogues, de sorprendente metro y medio de estatura; la denuncia a yugoeslavos por violencia de género; el enceste con pintoresco patadón de Basilio, encargado del utillaje, devolviendo balón caído en sillas… Pero la imagen definitiva fue un poster de Fede Perex, con manos chinas y negras disputando bajo el aro. Poco antes hubiera tenido la trascendencia de la diplomacia del ping-pong entre Nixon y Mao. Joaquín Prendes, hoy promotor de la CARAVANA DEL VERSO, fue alma del acontecimiento universal ovetense, del que recuerdo con agradecimiento al Comité organizador: Riol, Luque, Armas, Vidau, Camino, López Enríquez, Ornia, López del Valle, Rocío, Palacio, Zapatero, Cabal-Cimadevilla, Bernardo, Llanos, Suárez, Bárcena, Leticia Rubio, Gainza, Luis Riera, De la Cera, Avelino Martínez, Covi Bertrand, Lolo Rodríguez, Ruiz Huidobro, Ramón Ángel González…

Nuestro hoy Presidente sería adolescente, pero las manos siempre, desde el bíblico Gedeón a la admirable Manos Unidas, mientras a una mía le falta tacto por magia negativa, gavillada en largo vitalismo.
Mejor los fontaneros en otros menesteres que son de justicia reconocerles

miércoles, 11 de julio de 2018

SERGIO RAMIREZ EN EL PAIS SOBRE LA NICARAGUA HOY


La tarde del 23 de julio de 1959 se produjo en una calle de León la masacre de estudiantes de la que fui sobreviviente y que marcó mi vida para siempre, ejecutada por soldados del ejército de la familia Somoza.
Era una manifestación de protesta, y ya nos retirábamos hacia la universidad cuando estallaron las bombas lacrimógenas, y a los primeros disparos de los fusiles comencé a correr. Me topé con la puerta de servicio del restaurante El Rodeo. La empujé, y cedió. Se oía el tableteo de una ametralladora y seguían las descargas de los fusiles. Subí a la segunda planta. Había ahí tres niñas en una cama, aterrorizadas, en compañía de una empleada. “Estamos solas aquí”, me dijo la mujer”, con voz temblorosa.
En absoluta inconsciencia me asomé por el balcón y vi a los soldados colocados en tres filas: de pie, de rodillas y acostados en el suelo, los fusiles humeantes. El de la ametralladora, echado en la acera de la esquina. En el pavimento, los cuerpos desperdigados. Alguien me gritaba: “¡una ambulancia!, ¡una ambulancia!”.
Pregunté a la mujer si había un teléfono. No tenían. Un cura bendecía a un herido. Era norteamericano, según supe luego. Creo recordar que se apellidaba Kaplan. En ese momento escuché la sirena de una ambulancia, pero los soldados no la dejaban pasar. Fernando Gordillo, mi amigo, envuelto en la bandera de Nicaragua, marchaba a media calle, ofreciéndole su pecho al pelotón.
El recuerdo de Fernando caminando envuelto en la bandera me parece un sueño. En ese momento el pelotón comenzó a retroceder en formación, sin voltearse, hacia el cuartel a una cuadra de allí. Erick Ramírez, mi compañero de banca en el aula de primer año de derecho, estaba tendido en la calle. Tenía un orificio en la espalda. Me arrodillé a su lado para decirle que lo llevaríamos al hospital. Cuando lo volteé vi que tenía el pecho desflorado por un balazo.
Subimos a los heridos y a los muertos en taxis y en vehículos particulares para llevarlos al hospital. Allá, la confusión era grande. Descubrí sobre una de las losas a Erick, y en otra a Mauricio Martínez, también compañero de banca. Los tres nos sentábamos juntos en la primera fila, los tres teníamos 17 años, y ahora ellos dos estaban desnudos sobre las losas, bajo el chorro de una manguera que los lavaba. ¿Cómo se entiende eso de la muerte a los diecisiete años? También lavaban los cadáveres de José Rubí y Erick Saldaña, estudiantes de medicina.
Un grupo nos fuimos a la Radio Atenas a hacer un llamado a donar sangre. Entró al estudio una patrulla encabezada por el teniente Villavicencio, compañero de aula también, con órdenes de impedir que se siguieran transmitiendo los llamados. No se podía divulgar la noticia de la masacre, ni siquiera pedir sangre.
Regresamos al hospital y en el portón encontramos una caravana de seis ambulancias del Hospital Militar que enviaba desde Managua el presidente Luis Somoza. Venían médicos de gabachas almidonadas, enfermeras de blanco impoluto. En la primera ambulancia, viajaba al lado del chofer el arzobispo González y Robleto.
Una multitud de estudiantes, furiosos ante el cinismo de la dictadura, impedía a los médicos y enfermeras bajarse, y luego empezó el intento de empujar las ambulancias para voltearlas. No olvido la cara de terror del anciano arzobispo detrás del vidrio de la ventanilla. Tres años atrás había decretado funerales de “príncipe de la iglesia” para el viejo Somoza, fundador de la dinastía.
El presidente de los estudiantes impuso la cordura. Al fin las ambulancias pudieron retroceder de regreso a Managua. A la medianoche, llevamos los cuatro ataúdes en procesión hacia el paraninfo de la universidad.
Cerca de la madrugada, Rolando Avendaño, estudiante de derecho, me propuso que hiciéramos un periódico dedicado a la masacre. Conseguimos unas viejas máquinas de escribir, y amanecimos trabajando en las notas. Se imprimió de manera clandestina en un taller tipográfico, y antes del mediodía circulaba con sus gruesos titulares en rojo.
Fueron cuatro muertos y más de 70 heridos aquella tarde. Hoy, tras más de dos meses de siega, la cuenta se acerca a 300 asesinados, cazados por francotiradores, ejecutados con un tiro en la nunca, tiroteados por paramilitares desde vehículos en marcha, quemados vivos dentro de sus hogares, aún niños de pecho. La inmensa mayoría son jóvenes, y hay al menos 25 menores de 17 años. Como nosotros entonces. Y los heridos llegan a 1.500.
Ayer es hoy, multiplicado.
Sergio Ramírez 

sábado, 7 de julio de 2018


Con vistas al Naranco

¿Dónde está Malta?

Ante el drama de los refugiados en el Mediterráneo

07.07.2018 | 01:45
¿Dónde está Malta?
"Europa ha tocado fondo(?)Es hora de alinearse". Yarnoz, Carlos. "Por Europa o contra Europa"
"Las lágrimas, el último refugio de la felicidad".
Duque Amusco. "Anáfora 13"
No estoy muy seguro de ubicar correctamente a Malta pero estuve allí en 2010.
Se producía la curiosa circunstancia de que la isla, antigua colonia británica y antes española, era recóndito lugar para curso intensivo de lengua inglesa. No todo eran vacaciones ni imprescindible mejora de herramientas parlamentarias, por lo que aproveché para visitar uno de los campos de refugiados. Recuerdo activado con el rechazo al Aquarius.
Mi sorpresa mayúscula al constatar que los acogidos entonces en La Valetta contaban con dependencias muy distintas a otras desbordadas que había visionado en Melilla, Ceuta, Fuerteventura, Tenerife? Desde luego, hace ocho años, en mi personal experiencia, Malta carecía de agobiante hacinamiento.
Ha pasado tiempo, intenso en la inmigración mediterránea, pero el dato empírico hace más incomprensible la actitud italo maltesa motivadora de la admirable respuesta española. Lo dicho se compadece con la necesaria superación del Tratado de Dublín, por el que el primer país comunitario al que llegue un demandante de asilo está obligado a gestionar el expediente. Está en el informe Masiphidalgo para el Parlamento Europeo, recogido en el libro "Europeos pero incorrectos", de Editorial Catarata, que escribí con mi colaborador Pablo Sánchez La Chica.
La aparente vaciedad desdecía la información previa, por lo que pregunté a un refugiado que acababa de hacer sus abluciones musulmanas de mediodía.
El joven, sudanés, me aclaró que varias decenas habían salido a la ciudad a trabajar, o a intentar hacerlo, y que regresarían por la tarde noche, no habiendo podido él mismo acompañarles por motivos circunstanciales de salud.
Nuestros remotos antepasados creían conocer el Mediterráneo que llegaba como el mundo mismo hasta las columnas de Hércules. Malta fue muy topadiza a los navegantes españoles. Y a mí, adicto a la navegación ultramoderna de lectura y cine, siempre me impresionaron las referencias maltesas entre las que tengo ya la ominosa vacuidad demostrada.
Europa, en efecto, ha tocado fondo, tal Yarnoz dixit. Y tantos?