viernes, 25 de enero de 2019

ALGODÓN EN LA LUNA



         
En el negror más hondo. Allí estuviste” Bousoño, Carlos, “Metáfora del Desafuero”
                                                                                                                                                                                                                     
Los chinos han logrado que, en la cara oculta de la Luna, germine una semilla de algodón, mientras se pierden de momento otras especies. Evocando a Miguel Hernández se diría que el perito en lunas sería agrónomo en un instante maravilloso. Cuánto me alegran noticias científicas que tienen esa derivada de ilusión poética y reafirman en mí un determinado respeto algodonero. No en vano supe por los míos que, criatura prematura, sin todavía incubadoras, el obstetra de mi madre, Pedro Miñor, y el pediatra Luis Azcoitia, al que injustamente la sociedad vetustense llamaba Herodes, se fiaron con pleno éxito del algodón para sacar adelante las fragilidades de mi piel.
La historia del algodón hasta su darwiniano crecimiento lunático está plagada de progreso errático y hasta contradictorio. Páginas dolorosas de la colonización tuvieron fondo algodonero y aún propiciaron la codicia y el esclavismo de estados sureños de Norteamérica.
Aquí mi familia estuvo vinculada a la desaparecida “Algodonera de Gijón”. Bien recuerdo de mi infancia algunas anécdotas hermosas. V.g. el día que al interior de lo que entonces se llamaba “provincia de Santander” acompañé a mi tío Enrique Hidalgo buscando una vieja rueca que le parecía absurdo se despreciase fabrilmente. ¿Es el velazqueño “Las Hilanderas”, como sostenía Alberti, la pintura más importante de la Humanidad?
Recuerdo también un filmlet publicitario encargado a una incipiente ¿movierecord? para dar después del obligatorio NODO. Era una magistral actuación del actor cómico Antonio Riquelme, cuyo agente se negaría a hacer un segundo anuncio al año siguiente.
En la gran Avenida de Washington hay expuesta una piedra que se trajo Armstrong de la Luna; pronto quizá en Tiananmen enseñarán el algodón de la enigmática otra cara, ahora menos desconocida, pero que, ya con incubadoras generalizadas, no sería afortunadamente necesaria para casos como el que sin enterarme hube de salvar en mis primeros días.

viernes, 18 de enero de 2019

MENSAJES VARIAS VECES MILENARIOS
“El caballo, el desierto, la noche me conocen” Burton/Almotanabí/Borges

En el breve tiempo que presidí una, también efímera, Fundación de Cuevas y Yacimientos hubo lugares que, tal la poética cernudiana, envenenaban mis sueños: Coaña, San Román de Candamo, El Nalón Medio, en la terminología de Javier Fortea y su equipo, Tito Bustillo... De esta última tuve cotidiana referencia, desgarbada y quijotesca, de Tito Trapa, padre de dos integrantes del Torreblanca, grupo descubridor al que Bustillo con su trágica juventud dio nombre. Tito padre, alto en huesuda delgadez y en saberes burocráticos ovetenses, visitaba generosamente a mi abuelo, con animado tresillo al que se dejaba perder. Era lo contrario a su predecesor del Casino vetustense, también funcionario consistorial, el personaje clariniano Basilio Méndez, que se hacía una casita con las ganancias del naipe.
Aquellos torreblancos han sido estampillados merecidamente con el oro virtual el último Día de Asturias, en el que se conmemoraba su audaz epopeya riosellana...
La imagen más retenida es silueta de caballo. Luis Fernández, el gran pintor ovetense, colega de Picasso, no pudo conocer el de Tito Bustillo y sí el más occidental de Candamo pero, en cualquier caso, estaba obsesionado por el mismo fantástico animal. El recuerdo colectivo no precisa visión previa pues basta porosa transmisión allende nuestras raíces. Ya los más antiguos chamanes noticiados diferenciaban ver de mirar y para Borges, chamán a su exquisita manera, era el sueño de Alejandro de Macedonia.
Ahora cuatro corceles entusiasman a la UNESCO, en Ekain/Deba, prolongación de la traza cantábrica, compitiendo con cuadrúpedos divinos que definía, fabuloso, Valero de Urría. De nuevo, pues, su representación cinegética, recolectora, artística, religiosa o vehicular. Los estudiosos de la cultura magdaleniense afirman que nuestros antepasados nos querían decir algo que seguimos intentando cabalgar a sus lomos para descubrir mínima señal como los pastores del Sueve en los marcajes agosteños de la Majada de Espineres, a uno de cuyos ritos civilizadores me invitaron.
Lo más impresionante no son las reflexiones arqueológicas, que también, sino la impronta en otra eternización fuera de las profundidades del subsuelo así los casos de los asturcones de Luis Fernández y la cordillera indómita, o del gran ardid silente de cartón piedra que terminó con la guerra mítica troyana, en el colmo de la Gran Literatura, por una mujer muy bella y aún los etruscos de la Tarquinia de Marguerite Duras. Cuando leí la versión original de esta novela que revolucionó una vez más la narrativa hace ya medio siglo no me aclaré bien pero la atracción equina es constante, sean el encarnado poni de Steinbeck, los de la figueirense Tina Blanco, el elegante Babieca, o Bavieca de la grafía de Pere Abbat, el rocín flaco del Caballero, el broncíneo de los celtas británicos, sin parangón al mediterráneo Manolo Velasco de La Escandalera ovetense, Plata del Llanero de antifaz, “La vuelta de las Cruzadas”, del recién ido Eduardo Arroyo, también apasionado de los antifaces, La Cuadriga bruselense, los hipódromos de decadente elegancia y apuestas trucadas, los susurros de Robert Redford, Incitatus de Calígula, o mágico Platero, ¡sin huesos!, de JRJ… Son idealizaciones imantadas por el viento del peine literario que se unen en el imposible infinito de la geometría escolar, el paralelismo entre las líneas de los sucedidos arriba y debajo de la cota cero cavernícola y artística.
Durante años viajé con cierta frecuencia política por el Sahara constatando que camellos y dromedarios resisten la tórrida arena; pronto me sorprendió saber que mucho antes los caballos recorrían el actual Magreb Sur y eran los semovientes preferidos de las tribus pobladoras para las subastas, la carga y el galope sin que, luego, aguantaran la crudeza del medio, que también se cargó varias fases humanas y prehumanas, tal nos repite Yuval Noah Harari, hogaño best-seller excesivo.
La memoria es más fuerte que el clima. El artista de Tito Bustillo, los candaminos superpuestos y los demás; algunos incluso pintaban recostados, posición que copiaría en su incómodo andamiaje un tal Miguel Ángel Buonarroti, lo dejaron claro mientras seguimos descodificando el despistante mensaje

viernes, 11 de enero de 2019

CONSTANTINO CAVAFIS Y OVIEDO


CAVAFIS PASÓ POR OVIEDO?

La pregunta es de evidente respuesta negativa, ya que el griego, nacido en Alejandría, uno de los mejores poetas de la Humanidad, no viajó a Asturias.
¿Por qué planteármelo?. Es que me han intrigado hasta la fascinación dos mails del escritor, residente en Tabarnia, Alejandro Duque Amusco:”Será difícil, por no decir imposible, que me puedas decir algo acerca de un asturiano llamado Pacho Aguirre, que se hizo cura del rito ortodoxo con el nombre de Père de Trennes. Obtuvo la cátedra universitaria de griego en Oviedo, después de la guerra. Me interesa porque fue el primero que tradujo a Constantino Cavafis en España”. Y aún:Merecería la pena, por mera justicia cultural, que esas traducciones pudieran darse a conocer (pero no seré yo quien lo haga) como las "pioneras" en la difusión de Cavafis en España. A ver…” El gran poeta Xuan Bello me escribe:Nosotros descubrimos a Cavafis por las traducciones de José María Valverde (sic), aunque José Ángel Valente había traducido antes algunos poemas. Cuando Xosé Gago lo traduce al asturiano no repara en ese detalle”.
Desde entonces mareo a Santiago con Roma y aún lo recabo de mis lectores sabatinos para encontrar esas históricas traducciones. Por Pedro Silva y algún otro escritor coetáneo sé que el origen de la encomiable referencia de Duque Amusco está en un amigo ido, el fabuloso Jaime Gil de Biedma. Con Jaime, traído por Lola Lucio en su entrañable Seat 600 de entonces, mantuve larga sobremesa en Salinas el 13 de Junio de 1981 pero nada sabía yo de Aguirre Cuervo y apenas del gran Cavafis por lo que me resulta frustrante ahora que no hubiéramos hecho inciso conversacional. En la pista se ve que también estaba Valente, al que conocí en Ginebra, en casa de María Zambrano, a la que cuidaba Isolina Cueli, colaboradora maliayesa de La Nueva España, y en su despacho de la ONU, y en el mío de Oviedo, pero sin cruzar tampoco palabra sobre el enigmático helenista, miembro por oposición del Cabildo catedral ovetense. El mote de Père de Trennes  lo pusieron los poetas barceloneses de la llamada Generación del 50 tomándolo de una novela de Roger Peyrifitte.
Por cierto, hace diez años, su sobrina, Victoria Aguirre, publicó en este periódico una interesantísima carta sobre su biografía como especialista en Sagradas Escrituras y profesor del Seminario. Polemizaba contra J.M. Martínez Cachero, que, valorando mucho sus saberes en el inicio de la Facultad de Letras en 1939, cuestionaba titulación académica. El Basilisco, por su parte, dio cuenta de lamentables penurias sufridas por Aguirre en la revuelta de 1934. Por información de sus familiares sé que sus papeles fueron trasladados, junio de 1977, en una camioneta de Gijón al Seminario de Oviedo.
No ha mucho he saludado la recuperación por su nuera de la única obra publicada en volumen de un ovetense singular, a la par que parisino y cubano, Rafael Zamora, Marqués de Valero de Urría que influyó de forma determinante en el cultismo de Pérez de Ayala. Dejó inédita versión manuscrita de la Ilíada.
Tenemos pasado cultural de primera y sus anónimos sostenedores no solo merecen gloria efímera entre los eruditos que les leyeron sino la permanente que corresponde dar con reediciones como han hecho Margarita Fernández/Isolina Cueli/Glyn Hambrook/Martín Rodríguez/Francisco Arellano sacando adelante al ya inolvidable Valero de Urría.
Con Aguirre Cuervo estamos no solamente ante el pionero cuya obra busco sino una personalidad fascinante en sus flaquezas humanas y en sus complejas aventuras

viernes, 4 de enero de 2019

MORADIELLOS EN EL CIERRE CATEGORIAL FRANQUISTA



Como he vivido bastante, tal confesaba Neruda, he conocido a seis de los más conspicuos biógrafos de Franco de pluma e investigación tan diversa: Luciano Rincón/Luis Ramírez, Ricardo de la Cierva, Luis Suárez, Vázquez Montalbán, Paul Preston y Enrique Moradiellos.
Excluyo expresamente “Franco Rey/16 razones” del canónigo Cesáreo Rodríguez. Don Pesáreo le llamaba Alarcos y conservo delirante correspondencia e irrisorias dedicatorias que hacían la hilaridad de mis compañeros de Universidad. La edición, de sello portorriqueño, fue una audacia del inolvidable impresor, como le gustaba definirse, Manolo Gofer.
Enrique Moradiellos, ovetense de primera, relegado, aunque mantenga sobria dignidad, a la Universidad de Extremadura, se ha convertido, quizá malgré lui, en el mejor especialista en dos personalidades que se conformaron en el convulso pasado siglo, Juan Negrín y Francisco Franco. Con ese íntimo convencimiento, no podía faltar a la conferencia decembrina que todos los años Enrique nos ilustra a sus paisanos. Y de nuevo no defraudó la expectativa.
Entre las lecciones que el profesor Moradiellos dejó sentadas en el Club de este periódico y en la cena de Tribuna Ciudadana, ya que no en su inaccesible Facultad de Humanidades, está el único instante en que Franco pudo perder el poder. Fue en 1943, acuciado por la guerra mundial y las oposiciones monárquica y del generalato. Su habilidad política fue entregarse al Vaticano, donde pesaban duramente los ocho mil clérigos asesinados durante la contienda incivil. Personalmente me sorprendió la contundencia argumental pero debió ser así.
Honestamente, término más británico que español en acepción intelectual, no he de marginar que, además de los autores mencionados, conozco las hagiografías de Crozier, de Hills y de Joaquín Arrarás, cuyos dos tomitos de San Sebastián/1937, ha batido record de reproducciones y adendas, pero no traté a su autor. Arrarás, muy errático y discutible en muchas afamadas obras, introduce un error, luego archirepetido en otros, sobre el primer domicilio de Franco en el Hotel París de la calle Uría y que, por el contrario, fue en Rosal, donde la actual cafetería Solera. Hay otro dato oviedista de libros filofranquistas que me resisto a calificar todavía de yerro y es que el futuro dictador se habría instalado al entrar en el Oviedo de Octubre-1934, como Jefe del Estado Mayor de la República, en el Banco Herrero. Lo cuenta minuciosamente su pariente y secretario militar, Francisco Franco Salgado-Araujo, Pacón, pero mi familia materna, refugiada en Las Segadas durante la revuelta, nunca lo supo, tampoco los Estébanez, cuyo patriarca era el Conserje del Herrero, en cuyas dependencias anejas vivían los míos.
Franco figura, al final de la segunda década del XX, como socio del Real Automóvil Club de Oviedo, donde hacía peña, o tertulia, con Gerardo Berjano y el Dr. Linares, considerados como “los tres raros” por evitar juntarse con el resto de asiduos, entre los que estaba el cordialísimo socialista Teodomiro Menéndez. Son pequeñas anécdotas de importancia menor, pues lo trascendente, doloroso genocidio aparte, es la posición fijada por Moradiellos en la conferencia y el libro (“FRANCO. Anatomía de un dictador”); una aportación importantísima alejada de sectarismos oportunistas, comprometida con su reconocido rigor investigador y académico.
Expresó también acentos europeístas que se comprenderá me sean especialmente gratos.
Moradiellos, en definitiva, es para mí un auténtico lujo de nuestra ciudad.


FALLECIMIENTO DE MARIALUISA SUAREZ//ANTIGUA ENTRADA DE EL ANGEL DE OLAVIDE

María Luisa Suárez Roldán es una institución para los madrileños progresistas. Con sus flamantes 91 años sigue participando cada vez que puede en actividades de carácter político o sindical en los que se reclama su presencia.

Formada en la Institución Libre de Enseñanza y en el Instituto Público Calderón de la Barca tuvo la suerte de contar en su adolescencia con profesores de la talla de Antonio Machado. Estudió Derecho, la única alumna mujer en su primer año de carrera, en los primeros años 40. Participó ya desde muy joven en las tareas del Colegio de Abogados de Madrid y en condiciones de precariedad política hoy muy difíciles de explicar y de entender.

Abogada de presos políticos desde el primer momento de su ejercicio profesional tuvo que recorrer las carceles franquistas para prestar servicios jurídicos a innumerables prisioneros del régimen. De su actividad, de su labor y de su personalidad escribió uno de esos presos, Vicente Cazcarra, una frase que la describe “En aquellos años de silencio, soledad y muerte, celdas y cerrojos, guardianes y rejas, fuiste mensajera de luz para los presos, corazón al unísono, mano solidaria, voz de nuestra voz, grito de nuestra garganta, aliento y alegría, eslabón con la vida, canto de esperanza, CANTO DE ESPERANZA.”.

En el año 1965 funda con otros compañeros como José Jiménez de Parga, recientemente fallecido y Antonio Montesinos el primer despacho laboralista "militante" de Madrid. En la calle Cruz 16 se gestionaron las defensas de miles de trabajadores de la industria madrileña y mas que eso: se organizaron las movilizaciones sindicales y políticas que marcaron la experiencia de cientos de militantes y dirigentes políticos y sociales del Partido Comunista y de Comisiones Obreras. 

La capacidad de lucha de María Luisa y de sus compañeros fueron el fermento que inspiró la incorporación de nuevos abogados laboralistas como Manuela Carmena, Cristina Almeida, Maria Teresa García y Juan José del Águila- a quien agradecemos las notas biográficas de María Luisa que nos han servido de base para este pequeño boceto biográfico y que, por cierto, también han sido las elegidas por el novedoso Diccionario Biográfico Español del que hemos tenido noticias muy recientemente.

De todos es conocido el enorme sacrificio con el que los abogados laboralistas contribuyeron a la llegada de la democracia en España. Solo el recuerdo de los abogados de Atocha basta para reivindicarlos como héroes.

Ha recibido importantísimas distinciones profesionales como la la Cruz de San Raimundo de Peñafort y la Medalla de Oro al Merito del Trabajo.

Si hoy escribo de ella es porque está a punto de presentarse su libro de memorias titulado“Recuerdos, Nostalgias  y Realidades –Sobre la defensa de las victimas del franquismo”. El acto de presentación tendrá  lugar a la una de la tarde de ese día en el Aula Magna de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Castilla la Mancha, Campus de Albacete, en el marco de lasJornadas de Estudio sobre "La libertad sindical como derecho fundamentel" que está patrocinado por el Gabinete de Estudios Jurídicos  de CCOO y la Fundación Primero de Mayo. La editorial que publica el libro es BOMARZO.

jueves, 3 de enero de 2019

PROLOGO A LA SEARILA DE JAVIER CANCIO PARA RIDEA


Al parecer mi admirado clarinista José María Martinez Cachero, al que puse una calle en Oviedo, sostuvo, ignoro con qué intensidad, que sobre la Searila ya estaba todo escrito, por lo que no procedía tesis universitaria alguna. Se confundía pues faltaba este libro, necesario y fabuloso, de Javier Cancio-Donlebún.
El autor da su rigurosa, rigorosa decía Ortega, investigación a la estampa donde procede, este Instituto de Estudios Asturianos, lugar especialmente vocacionado para el punto final al mito eoto, con énfasis en todas las íes, muchas, por cierto, entrañables, que se han dicho y escrito en casi dos siglos de perorata con el fondo de los amores entre doña Rosa Pérez Castropol y don Antonio Cuervo Castrillón.
Escribo necesario pues el mito romántico exigía mayor tratamiento, profundo y académico, y fabuloso pues Javier Cancio-Donlebún se enfrenta con honestidad y esfuerzo encomiables que raya en lo fabuloso a todas las fábulas que rodean los versos que en su día soltó su antepasado colateral, don Antonio Cuervo.
Ha contado para tan noble tarea, además de los públicos, con archivos familiares y con un instrumento sobrio, el llamado Trabajo Fin de máster (TFM), en el que le ha justamente laureado en Historia la Universidad de Oviedo.
Los tfm, y aún las tesis doctorales, atraviesan una crisis profunda de credibilidad con graves sucedidos en Universidades madrileñas, pero de la seriedad y méritos de Javier Cancio-Donlebún dan cuenta ejemplar estas páginas, insisto fabulosas, que, por su originalidad y muestras evidentes de ponderado rigor, no precisan someterse a control oportunista y/o informático alguno.
Conocí a Javier en los actos fundacionales de una asociación eota, o eoaria, que tristemente no tuvo mayor recorrido, la Sociedad Asturgalaica de Amigos del País que unos aventureros, bajo la presidencia del poeta Luis López, quisimos poner en marcha desde el castropolense Campo del Tablado y por toda la ribera de nuestros río y ría fronteros, que no divisores. En aquellas reuniones en que fijábamos objetivos y rutas ya pude apreciar la calidad humana e intelectual de don Javier que bien me confirma ahora con esta aportación definitiva al mito de la Searila que pone patas para arriba.
De la lectura de este libro, tan importante en mi consideración personal, podría deducirse que la formación humanista de Cancio-Donlebún correspondería a un licenciado o doctor en el amplio espectro de la Ciencia de las Humanidades, cuando sus orígenes en la acreditación y suficiencia académicas están en la ingeniería.
Enterarme de que Javier es ingeniero industrial me hizo recordar las sabrosas horas que en su casa de Oxford me concedió generosamente don Salvador de Madariaga. A no olvidar tampoco que el primer nóbel español de Literatura fue ingeniero, Echegaray, y que uno de nuestros mejores novelistas de posguerra es Juan Benet, ingeniero, que vivió tres años en la ovetense calle de Uría donde escribió su primer libro, la recopilación de relatos NUNCA LLEGARÁS A NADA.
No exagero si digo que en la escritura de Cancio-Donlebún he apreciado cadencias de esos prestigiosos predecesores en la ingeniería, cuyos altos y exigentes estudios politécnicos algo debieron contribuir a domar unos textos con redoblado rigor.
Sobre la Searila no estaba, en definitiva, todo dicho; lo está, sin embargo, ahora.
Gracias Javier.  
ANTONIO MASIP

martes, 1 de enero de 2019

ESTUVE EN LLARANES EN LA DESPEDIDA A MANOLO PONGA

Inmensa tristeza Inmensa tristeza, querido Manolo, desde el lunes de madrugada nos faltas. Sabíamos que estabas enfermo, pero aún el jueves 27 de diciembre en el brindis del PSOE pudimos disfrutar de tu presencia entre nosotros. Brindamos deseándonos suerte y éxitos para un año que comenzaría con citas electorales muy importantes (Avilés, Asturias y Europa), donde tu querida Mariví encabeza la candidatura del Ayuntamiento de Avilés para revalidar la alcaldía. La alcaldía de nuestra ciudad, esa que tú alcanzaste en 1979 y que con tanto honor supiste llevar siempre como estandarte, serás siempre Manolo Ponga, el alcalde de Avilés. Para todos nosotros fuiste un referente de socialismo, en estado puro, alguien que siempre estaba ahí, opinando, dando su parecer, comprometiéndose con la realidad, construyendo un mejor futuro desde este lugar, con los pies en la tierra y con las ideas dibujando el ideal de sociedad al que aspiramos. Nunca te vi, ni te escuché incoherente entre lo que decías y lo que hacías y eso para mí es un gran valor. Escuché atentamente todos los consejos que me diste cuando en 1999 formé parte de la candidatura al Ayuntamiento que encabezaba Santiago y también cuando varias años más tarde fui yo quien estaba en el cartel del PSOE para la alcaldía. Me decías: “hay que estar entre la gente”, “saber qué les preocupa”… Juana y yo escuchamos que “tal o cual cuestión no funciona, mira cómo puede resolverse” y así, día a día, siempre con la misma actitud. Juntos hemos construido el proyecto de transformación de Avilés, una ciudad industrial que ha tenido que enfrentar numerosos momentos de crisis, hemos sufrido reconversiones industriales y aún hoy lo seguimos haciendo. Juntos estamos hoy defendiendo que “ALCOA no se cierra” al lado de los trabajadores como siempre hemos hecho. En un ciudad que recuperó su casco histórico y fortaleció los barrios con nuevos equipamientos al servicio de la ciudadanía, una ciudad comprometida con la educación, con la igualdad, que miró de frente los efectos de años de desarrollo industrial y sus consecuencias en el medio ambiente, con el exponente de aquella Ría tan deteriorada que tú, como alcalde, pusiste el norte a su recuperación. Dijeron que eras un visionario cuando quisiste eliminar los lodos de la Ría y recuperarla; y lo hemos conseguido después de años y esfuerzos colectivos, hoy podemos pasear por la Ría como un espacio más de disfrute para la ciudadanía de Avilés. Mucho tuvo que ver tu presidencia en el Puerto con ese diálogo permanente entre el puerto y la ciudad, recuperando nuestro frente a la Ría. Nunca olvidaré el día que colocamos la escultura de Benjamín Menéndez “Avilés” en el paseo -¡¡qué inmensa alegría!!-. Y así, momentos y momentos de trabajo compartido, también con nuestra ciudad hermana de Saint -Nazaire donde aprendimos sobre la relación puerto-ciudad con otro gran alcalde como tú, Jöel Bateaux, ¡cuánto reflexionamos juntos! ¡cuánta pasión por nuestras ciudades! ¡cuánto amor por la construcción colectiva! En fin, finalizo este pequeño escrito como empecé, inmensa tristeza. Juana, Paula, Belén, Bernardo vosotros perdéis un compañero increíble y un padre maravilloso. Nosotros perdemos un referente para los socialistas de Avilés. Siempre estarás en nuestro recuerdo Manolo Ponga,

PILAR VARELA, Consejera