sábado, 12 de diciembre de 2020

Oviedo, más de museo

MELCHOR FERNÁNDEZ

LA NUEVA ESPAÑA 12/ 12/ 2020


Quien conozca a Nacho Quintana sabe de sobra que si algo se le pudiera reprochar no sería nunca la falta de persistencia. Cuando está convencido de la bondad de algún proyecto, no solo lo defenderá de forma abierta sino que, en el caso de que sea llevado de inmediato a la práctica, hará todo lo posible para evitar que caiga en el olvido. Un libro suyo que acaba de aparecer bajo el título de “Dos museos en el Oviedo Antiguo y otros dos posibles museos extramuros” es una prueba de esa actitud.

El libro recoge dieciséis artículos publicados por Quintana en LA NUEVA ESPAÑA desde 2014 a la actualidad en los que, de forma sistemática, se exponen tanto las carencias de Oviedo en materia museística como se hace hincapié en las oportunidades que se presentan para subsanarlas, en claro beneficio para la capital de Asturias.

En su idea el protagonismo de Oviedo en ese proceso de superación está claro desde el principio. El primer artículo de la serie, publicado el 13 de mayo de 2014, llevaba el muy significativo título de “El necesario Museo de la Ciudad”. Si, como se dice en él, “cualquier ciudad que es digna de aprecio tiene su propio museo”, Oviedo, argumenta, da para mucho en ese aspecto. Si en ese artículo inicial Nacho Quintana expone algunas de las opciones que podría acoger el nuevo museo –la descripción de la evolución de la ciudad a través de sus muchos siglos de existencia, la oferta de una buena biblioteca especializada, la posible acogida del Archivo Histórico Municipal–, en sucesivos trabajos irá incorporando otras posibilidades a la oferta expositiva, que irían desde la valoración de grandes ovetenses históricos –Clarín, Ángel González, Dolores Medio...– a la exposición del patrimonio municipal que reúne características museísticas (“Los rostros de la Monarquía Asturiana”, imágenes ideales pintadas a finales del siglo XIX por el pintor sevillano José Luis Rodríguez de Losada, que se encuentran en el Ayuntamiento), a la recuperación de ofertas expositivas que, tras haber cosechado un gran éxito temporal, siguen manteniendo todo su atractivo, como “Santullano, viaje al siglo IX”, exposición con la que LA NUEVA ESPAÑA ofreció una excepcional visita virtual a las pinturas prerrománicas de Santullano de los Prados a partir del trabajo realizado por Juan de Dios Ferreira y Santiago Cuesta.

Sobre la ubicación de ese museo Nacho Quintana no tiene dudas. Su emplazamiento ideal sería el solar de 640 metros cuadrados en el corazón del Oviedo Antiguo que es conocido como el “Martillo de Santa Ana”. Darle esa concreta utilidad al espacio es un ya viejo proyecto municipal que no termina de concretarse.

El “martillo” en cuestión es contiguo al Museo de Bellas Artes de Asturias, una de las grandes preocupaciones, por no decir obsesiones, de Nacho Quintana, que se centran especialmente en una reivindicación que plantea en términos especialmente enérgicos: la necesidad de que se lleve a la práctica de una vez, con la realización de la tercera y última fase del proyecto realizado por el arquitecto Patxi Mangado, la ampliación de un museo que, con unos fondos artísticos que le sitúan sin duda entre los mejores de España, ve limitadas sus posibilidades por la falta de espacio adecuado.

Para Nacho Quintana está claro que un Museo de Bellas Artes de atractivo aún mayor que el actual potenciaría, en cuanto a capacidad de llamada, a los otros tres museos que se ubican en el centro histórico de Oviedo: los dos de la Catedral (el de la Cámara Santa y el Diocesano) y el Arqueológico. Los museos, asegura, no compiten entre sí. Más bien se potencian mutuamente. Puede comprobarse en Madrid, donde los principales, y más visitados, están cercanos, o en Berlín, con su “Isla de los Museos”.

A ese foco museístico Nacho Quintana propone añadir el aprovechamiento adecuado de dos espacios singulares en la topografía y la historia de Oviedo. Uno, estos días de plena actualidad, el de la antigua Fábrica de Gas. Y otro, la Fábrica de Armas, cuya evolución desde la función de monasterio a la producción de armamento ha historiado la profesora de la Universidad de Oviedo Yayoi Kawamura. Cada uno de esos espacios podría albergar un museo específico. Con una ambición cuyo principal atractivo es el de rozar la utopía Nacho Quintana propone integrar lo que fueron las dos fábricas en una nueva centralidad, un amplio corredor que una la iglesia prerrománica de Santullano, con su excepcional valor artístico, a la muralla medieval de la Calle del Paraíso, lo que implicaría la supresión del actual acceso de la autopista y la creación de una gran zona verde.

Nacho Quintana no oculta en uno los últimos artículos integrados en el libro que acaba de publicar, su sueño de que Oviedo sea declarada por la UNESCO “Patrimonio de la Humanidad”, título que ostentan en la actualidad quince ciudades españolas, para cuya consecución el alcalde de la ciudad ha iniciado los trámites. Como ovetense nacido en Les Cases del Cuitu, se podría pensar que son los atlantes que sostienen la fachada de esa casa de la Calle Uría los que trasmiten a Nacho el empuje para ser ambicioso con Oviedo. Aunque, por qué ponerlo en hipótesis: seguro que es así.


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