sábado, 24 de noviembre de 2012

Gaza y Arafat, de nuevo



Es terrible la masacre de Palestina.

La postura europea tibia, como casi siempre.

Sin duda que hay provocaciones desde Gaza, pero, como se pregunta Emilio Menéndez del Valle, que acaba de regresar de Amman, donde fue embajador, ¿llamaban los aliados provocación los actos de violencia liberadora de franceses y belgas contra los ocupantes nazis, que siempre respondían con actos de represalia?

Israel debe replegarse a las fronteras de 1967; mientras esto no suceda la palabra provocación carece de credibilidad en su propaganda, máxime cuando se une a la escalada diplomática contra el reconocimiento de Palestina en la Asamblea General de la ONU.

También tuve ocasión de oír a mi experto amigo sobre la investigación que llevan científicos suizos del polonio 210 en las ropas y enseres de Arafat.

Con motivo de la encomiable exposición de Madame Curie, en Tapia de Casariego, del pasado verano, se hizo referencia al compuesto letal del polonio sobre el que interrogué luego a las comisarias,  Belén Yuste y Sonia Rivas:

-Si es, como dicen, 210 es más agresivo.

Bien me gustaría que se aclarase si Arafat fue asesinado y por quién exactamente.

En una de mis primeras misiones de diputado fui requerido para trasladarme a Ramala en una tarea discreta; fue suspendida cuando los comisionados estábamos ya en el aeropuerto, por la enfermedad del líder palestino que enseguida sería conducido a París.

Mucho antes le había conocido yo en La Habana de la Cumbre de Países No Alineados-1979 donde mantuvo una agria polémica con Butros Ghali, luego secretario general de la ONU y entonces ministro de Asuntos Exteriores, acerca del plan de paz Israel-Egipto que costaría la vida, poco después, al Presidente Anuar Sadat.

De aquel viaje al Caribe, Yasser Arafat hizo una polémica escala en Madrid donde se encontró con el presidente Adolfo Suárez, ya muy criticado en Occidente por haber enviado a Carlos Robles Piquer, Secretario de Estado, como embajador especial a la Cumbre habanera.


Años después, presidía yo la sociedad propietaria del Hotel de La Reconquista el día que debían alojarse, previa merienda, Arafat y Rabin, Premios Príncipes de Asturias, galardones predecesores, como otras veces, del Nobel. Aquella tarde se tomaron en Oviedo extremas medidas de seguridad pero resultó una extraña intoxicación de algunos invitados, entre los que recuerdo al novelista-ovetense, en su juventud, del barrio de Santullano, del periódico El Carbayón y del Ateneo- Torrente Ballester que hubo de ingresar en el HUCA.

Afortunadamente Rabin y Arafat no habían probado bocado.

El primer ministro israelí fue asesinado luego por un fanático fundamentalista.

Lo del polonio con el que, por cierto, se mató a Litvinenko, el oficial y espía ruso, debería aclararse si también sirvió para la desaparición del carismático y controvertido líder palestino, resultase o no simpática su personalidad.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me encanta tu actividad periodístico-literaria.

Un abrazo desde Buenos Aires,
Emilio.