lunes, 1 de febrero de 2021

MEMORIAS EN LA NUEVA ESPAÑA

 


Antonio Masip Hidalgo (Oviedo, 1946) fue eurodiputado, alcalde de Oviedo por el PSOE y consejero de Educación, Cultura y Deportes en el primer Gobierno autonómico. Abogado laboralista e internacional. Hijo de Valentín Masip, alcalde de Oviedo durante el franquismo, también abogado, y de Carmen Hidalgo, hija de Juan Hidalgo, quien fuera director general y vicepresidente del Consejo de Administración del Banco Herrero. Se considera afrancesado desde la cuna. “Al nacer ya tenía carné del Oviedín (Real Oviedo), la Balesquida y la SOF”. Rodeado de miles de libros (cuenta hasta 30.000 en su biblioteca) y mirando al Campo San Francisco desde el despacho de su casa en el centro de Oviedo, dicta sus memorias a LA NUEVA ESPAÑA.

La cuna con vistas al Campo San Francisco. “Nací en la calle Santa Susana, en el piso de abajo de donde vivo ahora. Este lo compré años más tarde, me enteré que el Banco Herrero iba a vender los pisos y aquí vivía una tía mía muy mayor, así que lo compré con ella dentro. Viví en Santa Susana hasta los 8 años, que pasamos a Marqués de Vega de Anzo, en la misma manzana, era la casa de mi padre. Tuve una infancia privilegiada, por la alta economía de mis padres y porque tenía el Campo San Francisco, que era el jardín de casa. Es lo que recuerdo de los primeros años, el Campo San Francisco y una casa llena de libros (ahora tengo unos 30.000 libros, además de los que hay en casa tengo un piso lleno y un garaje en Cangas del Narcea). Nací con el carné del Oviedín (Real Oviedo), la Balesquida y la SOF. Lo primero que vi desde la cuna, aparte de los humanos que se asomaban, fue el Campo San Francisco, por eso ahora me duele muchísimo lo que está pasando con el Campo. La idea absurda de José Almeida (presidente de Otea), hijo de un buen amigo, que le ha imbuido al alcalde (Alfredo Canteli); la cosa absurda de poner un restaurante en medio del Campo. Tengo tres hermanos, Jaime, Mari Carmen y Enma, la pequeña, que ya nació en Vega de Anzo. Mi padre era abogado, creo que bueno. Heredé su biblioteca, sus libros de abogacía y parte de la de literatura. Escribía teatro clandestinamente, se escondía de mi madre para hacerlo”.



Hijo del alcalde nombrado por Franco. “Recibí una educación bastante liberal dentro del cristianismo. La familia de mi madre estaba vinculada al cristianismo más ortodoxo y la de mi padre era más liberal. De pequeño sufrí una contradicción enorme. En casa se oía Radio París y la BBC de Londres y mi padre se manifestaba constantemente contrario al régimen franquista. Entonces, a mi padre, a una persona contraria al régimen y que no quería saber nada de la Falange y esas cosas, le nombran alcalde de Oviedo. La Alcaldía de Oviedo de mi padre fue porque Francisco Labadie Otermin, que era gobernador emblemático de Asturias, que había sido compañero de mi padre en la Universidad, dimitió de gobernador. Varios falangistas de Asturias se solidarizaron con Labadie, entre ellos el alcalde de Oviedo, Fernando Beltrán, el padre del poeta. Camilo Alonso Vega, que era ministro de Gobernación, no entendía de solidaridades. Nombraron gobernador civil a Marcos Peña Royo, que era abogado del Estado en Teruel y los falangistas le dijeron que nadie se hacía cargo de la Alcaldía de Oviedo en solidaridad con Beltrán y Labadie. Entonces buscó fuera del ámbito del régimen, del movimiento. José Álvarez de Toledo, también abogado del Estado, le propuso a mi padre, él fue quien amagüestó poner a mi padre en la Alcaldía y a José López Muñiz de presidente de la Diputación. Para mí era extraño que el nombramiento estuviese hecho por Franco y mi padre criticase al régimen en casa todos los días. En clase, en los Dominicos, yo era el hijo del Alcalde y el único que estaba en contra del franquismo. Me venía a buscar el chófer, no el del Ayuntamiento, en eso mi padre siempre fue muy recto. Mis hijos y mi mujer tampoco han usado nunca el coche oficial cuando yo fui alcalde.

¿Ciencias o Letras? “Era muy bien estudiante, afrancesado desde la cuna. Estudié en los Dominicos. Hice el Bachiller por Ciencias porque en casa querían que fuese ingeniero. La familia tenía intereses en todas las grandes empresas de Asturias y yo tendría asegurado un puesto de directivo. Basta con que me lo dijeran para que aquello me repateara. Aunque sacaba muy buenas notas en Ciencias yo quería estudiar Letras. Mi padre me imbuyó mucho el seguimiento a Salvador de Madariaga, que desde el exilio de Oxford hablaba por la BBC de Londres. De hecho, cuando murió mi padre lo primero que hice fue ir a Oxford a conocerle. Siempre tuve un grandísimo interés por las materias literarias, así que cuando estaba acabando el Bachiller decidí cambiarme a Letras. Hice el “preu” por Letras y aprobé. Estudié en un año el Latín y Griego de quinto y sexto de Bachiller. Aun así, en casa seguía la presión de la ingeniería. A mí no me gustaba nada. Un tío mío. Juan Mari Urquiola (padre de la arquitecta Patricia Urquiola), que estaba casado con Lucía Hidalgo, la hermana pequeña de mi madre, me propuso estudiar Derecho y Económicas en Deusto. Fue la primera vez que oí hablar de Deusto y de abogado-economista. Aquello cumplía para mí otro objetivo, que era salir de Oviedo. Veía que estudiando Derecho o Filosofía me iba a meter en la Universidad de Oviedo y no iba a salir del ambiente familiar.

El “contubernio de Múnich” y la revolución en Deusto. “Es 1962 ocurre algo muy importante en mi vida, el llamado ‘contubernio de Múnich’. Mi padre ya estaba enfermo y a casa venían a verle dos personas que fueron claves para mí, Pedro Rodríguez Arango (padre de los Rodríguez Inciarte) y Rodrigo Uría, catedrático de Mercantil. Los dos estaban completamente comprometidos con lo de Múnich. Venían a ver a mi padre intentando no coincidir con el gobernador civil y la gente del Movimiento. Con esa influencia y la de Madariaga me fui a estudiar a Deusto. Cuando llegué a Bilbao estaba absolutamente convencido de la necesidad de la democratización de España. Era octubre del 63 y había elecciones a delegado de curso y me presenté. Me subí a una tarima delante de 200 estudiantes. No tenía miedo escénico, nunca lo he tenido gracias a todas las obras de teatro que hice en los Dominicos. Había un candidato oficial falangista, del SEU. De 192 votantes tuve 178 votos. Me hice delegado de curso y en enero me volvieron a elegir. Después fui secretario de estudiantes en la Facultad y promoví la huelga de estudiantes de marzo del 65 en solidaridad con Aranguren y Tierno Galván. De repente me metí en la revolución democrática y al meterme ahí era imposible hacer dos carreras a la vez. Materialmente imposible. Me dedicaba a la revolución política y ya no era tan buen estudiante. Fue tremendo estar en un colegio mayor y de repente ser un líder estudiantil, fue un cambio vital enorme. De aquella el PNV y ETA no pintaban nada. Había gente del PNV y conocí a Txabi Etxebarrieta, el primer asesino de ETA, pero no pintaban nada, allí el que mandaba era yo. Salía con los niños bien de Neguri, con la primera mujer de Paco de Lucía, Casilda Varela, los conocí mucho. Eran mis amigos, aunque yo estaba en el otro lado. Yo también era un niño bien, campeón de tenis. Pero un niño bien que a la vez estaba comprometido con la revolución democrática. En Deusto yo era el líder de la revolución. Tuve problemas con la Policía, pero no muchos, me detuvieron una vez por poco tiempo y no pasó absolutamente. En las 17 manifestaciones a las que asistí en Bilbao, nunca me pegaron, nunca llevé un toletazo, masacraron a gente al lado mío en la cabecera de las manifestaciones, pero a mí, por una cuestión de pura suerte, no me llegó ningún tolete. Me llegaron a dar un toletazo en Oviedo en el 76, que lo recuerdo y aún me duele la espalda”.


Imposible acabar la carrera en Deusto y en Oviedo. “Había dejado de estudiar mucho. En casa estaban horrorizados. Hubo un rector de Deusto, un cura que daba Derecho Civil IV, la última asignatura de la carrera, y me dijo claramente “si usted no me sabe el libro de memoria no le voy a aprobar jamás, porque usted está con ‘Amarguren’, como le llamaban, y todos esos. Al haber aprobado todo menos una asignatura no podía ejercer. Yo no quería volver a casa ni pa Dios, estuve de instructor de niños con Mensajeros de la Paz en Avilés. Intenté acabar la carrera en la Universidad de Oviedo y tanto Ignacio de la Concha como Teodoro López Cuesta me admitían, pero Aurelio Menéndez, que luego fue muy amigo mío, me dijo “hombre, joven Masip, antes de que te demos el pase para que te examines de Derecho Civil tengo que saber yo bien lo que te enseñaron de Mercantil esos curas”. Yo tenía aprobados los dos mercantiles, de cuarto y de quinto, y no me apetecía volver a examinarme con un tío de tan alto nivel como Aurelio Menéndez. José Jiménez de Parga, con quien había estado de pasante en Madrid, me dijo que ya se me había pasado la edad de la revolución estudiantil y que tenía que acabar la carrera. Consiguió, porque tenía mucha mano, meterme en la Universidad de Granada para que me aprobasen esa asignatura”.

Vuelta a casa y enamoramiento a primera vista. “La familia estaba muy preocupada por mí y me ofrecieron venir a trabajar como abogado al Banco Herrero y acepté, a media jornada y con el compromiso de que no llevaría ningún asunto laboral y empresarial porque yo estaba a favor de los trabajadores. Llegué a Oviedo el 30 de junio del 72 y justo ese día, en el Club Cultural de Oviedo, en un piso de la calle Palacio Valdés, conocí a mi mujer, Eloína. Yo había ido a hacerme socio nada más llegar a Oviedo, vi a Eloína y fue un enamoramiento a primera vista”.

Abogado de presos. “Eloína y yo nos casamos en marzo del 73 y el viaje de novios fue visitar a los exiliados asturianos del franquismo en México y Francia. Por eso me duele lo que ha dicho Pablo Iglesias de Puigdemont. La banalización del exilio es insoportable, no se puede permitir lo que ha hecho con ese tema. Ese señor (Iglesias) ya no tiene nada que ver conmigo. Me da igual Podemos y la madre que lo parió. Cuando regresé a Oviedo para trabajar como abogado del Banco Herrero, me encontré con Marcelino Arbesú, que también trabajaba en el banco y al que conocía desde los Dominicos, aunque yo era más amigo de su hermano José Luis, que había muerto en la mili. A Marcelino le ocurría lo mismo que me había pasado a mí, le faltaba una asignatura para acabar la carrera, Derecho Administrativo de cuarto. Le convencí para acabar la carrera y el banco le reconoció la categoría, lo que era lógico porque él hacía tareas de abogado. Entonces pusimos un despacho en Gijón, con Carmen Suárez Pendás. Teníamos colas de gente en la calle. Muchas veces no cobrábamos. Aunque éramos de Oviedo, abrimos el despacho en Gijón porque había más conflictividad laboral. Atendíamos en Gijón los lunes, miércoles y viernes y en Oviedo los martes y jueves. Empezamos con juicios laborales y enseguida nos llegó la parte política con el Tribunal de Orden Público. Marcelino y yo nos alternábamos la atención de los presos en las cárceles de Oviedo y Gijón, teníamos a más de cien. Cuando se legalizaron los sindicatos, en el 77, CC OO nos quiso contratar y les dijimos que ni hablar. Ocurrió lo mismo con UGT. Éramos abogados liberales, pero no de sindicatos”.

Últimos años del franquismo. "El buen revolucionario democrático es el que no se dejaba coger por la Brigada Social. Nunca pensé que no me cogían por ser de la familia que era. Me interrogó en un par de ocasiones Claudio Ramos, un cabrón con pintas de importante. Fue con motivo del pasaporte. La Administración Kennedy me había invitado en el 66 dentro de un programa de líderes estudiantiles europeos, y el sello de Estados Unidos en el pasaporte generaba cierta tensión. También me ocurrió en la frontera de Paraguay porque había estado antes en Libia en una cuestión de derechos humanos y el visado de Gadafi obligaba a traducir el pasaporte al árabe. En la Revolución portuguesa del 25 de abril del 74, Eloína y yo nos fuimos para allá. Al año siguiente volvimos a Lisboa y allí me localizó Juan Mari Bandrés porque la Capitanía General de Burgos me aceptaba como observador en el juicio de Garmendia y Otaegui. El segundo proceso de Burgos. Eso era ya en 1975. El 27 de septiembre de ese año fueron los últimos fusilamientos del franquismo. Ese día estuve con Javier Sauquillo, a quien luego mataron en Atocha, y me vine a Oviedo en coche a ver a los presos que estaban en la cárcel. Fui a darles la noticia. A ver a los presos solo podíamos entrar Marcelino o yo. Era una medida del franquismo por la que solo los abogados podían visitar a los presos. Era una locura. Hubo unas semanas en las que el régimen enloqueció”.

Primeros pasos en democracia. “Yo era del Frente de Liberación Popular con Juan Luis Rodríguez-Vigil y Nacho Quintana. Era una agrupación pequeñita, muy elitista y exigente para entrar en ella, pero en la que estaba gente como Pasqual Maragall, no admitíamos a mucha gente. Se disolvió en mi casa de Marqués de Vega de Anzo, en el 69. Se organizó la libertad y yo promoví una candidatura, Unidad Regionalista, que era una unión de electores. La fundamos Juan Álvarez, Amelia Valcárcel y yo en la notaría de Pedro Caicoya en la calle General Yagüe. Pero fue fundarla e inmediatamente disolverla porque el espectro político ya estaba completo. A esa idea de hacer una plataforma unitaria se apuntaron casi todos, incluso Pedro de Silva en nombre del PSOE. Entonces fundamos la DSA, Democracia Socialista Asturiana. Yo creía que no teníamos que hacer un partido porque éramos todos unos burgueses, sino que teníamos que hacer una cosa de colaboración con la clase obrera, pero Pedro (de Silva) y los arquitectos, Terán y todos estos, eran más partidarios de hacer un partido. Hicimos la DSA. Entonces (José) Maldonado (último presidente de la República en el exilio) y Alarcos me dijeron que dejase de andar pululando por ahí y que entrase en el PSOE. Ninguno de ellos era del PSOE, pero para mí tenían la autoridad moral e intelectual suficiente. Entré en el PSOE en Tarna el 30 de julio del 80. Exigían firmas y firmaron Emilio Barbón y los hermanos Arcadio y Marcelo García”.

El frustrado asalto a la Alcaldía. “En el 79, un lunes a la hora de comer, me llama Jesús Sanjurjo, secretario general de la FSA. Le había conocido muy poco en la clandestinidad porque él era más joven. Me propone ser candidato a alcalde de Oviedo como independiente. Él se iba a un acto a Tineo y quería quedar conmigo. La propuesta no es de Asturias, sino que me proponen Felipe González y Guerra. Me lo pienso mucho ese día y propongo que Juan Álvarez y Ramón Rañada vengan conmigo en la candidatura. Yo tenía la idea, porque me lo había dicho Luis Gómez Llorente, que el candidato iba a ser Rafael Fernández. Le pregunté a Sanjurjo y me dijo que no, que a nivel estatal estaba decidido que el candidato era yo. Según voy desde mi casa de la calle Cervantes andando a la cafetería Rialto, en la calle Argüelles, me entero por una información de prensa que el PSOE tiene como candidato a Wenceslao López, que había sido elegido en asamblea. Cuando llego al Rialto a ver a Sanjurjo le digo: ‘¿Qué pasa aquí? Comprenderás que no voy a ir de candidato paracaidista de Madrid contra una estructura que aunque sea débil en Oviedo ya está formada y no voy a romper’. Por eso no soy candidato en el 79. Rafael Fernández quería que yo fuese el candidato porque lo llevaba en la lista. Él era presidente del Parlamento preautonómico y si salía concejal podría ser presidente de la Diputación. Entonces hubiese sido fácil unir en su persona el órgano preautonómico con la Diputación. Me propone a tres personas para ir en la candidatura, que son Atanasio Corte Zapico, Graciano Madera y Pedro Quirós. Ya eran cuatro y yo tenía a otros dos... ya eran seis, era un follón de candidatura. Llegamos al convencimiento de que era imposible mi aterrizaje con otros seis. Se presentó Wenceslao y yo me aparté completamente”.

Consejero de Cultura. “Rafael (Fernández) al hacer el primer Gobierno autonómico en el 82 me llama una noche a mi casa de Salinas y me propone ser consejero de Urbanismo. Le digo que a nivel profesional no me interesa, yo ya era un abogado conocido. Pero además tengo un inconveniente, que es que sabía poco de urbanismo y no me quería pelear con todos los arquitectos de Asturias. Al día siguiente me llama de nuevo y me dice que tenía un puesto al que no me iba a poder negar, ser consejero de Cultura. Acepté. No sabía que había aceptado Cultura, Deportes y Educación, me enteré en la toma de posesión. Además me pidió que negociase con el Partido Comunista el voto que nos faltaba para tener el poder en la Junta General del Principado. Fuimos Bernardo Fernández, Juan Álvarez y yo a negociar con Gerardo Iglesias y Víctor Zapico. La negociación duró semanas. Al final lo arreglaron Rafael Fernández y Horacio Fernández Inguanzo. ‘El Paisano’, en casa de Veneranda Manzano. Se hizo el Gobierno y entré de consejero de Cultura. En el 83 me dice Sanjurjo en una comida en la Argañosa: ‘Ya me he dado cuenta de que tú lo que quieres ser es alcalde de Oviedo, pero no puede ser porque el candidato oficial es Wenceslao, que es portavoz municipal’. Yo no conocía de nada a Wenceslao. Sanjurjo me dijo que había primarias en el PSOE, yo no sabía ni lo que era eso. Entonces Cándido Riesgo nos invitó a comer a Wenceslao y a mí en el Chato, en Santa Marina de Piedramuelle. El planteamiento de Cándido era que uno de los dos tenía que ser alcalde de Oviedo y el otro primer teniente de alcalde y portavoz municipal. Le preguntó a Wenceslao. ‘Yo te pregunto a ti, Wenceslao, ¿estarías dispuesto a ser primer teniente de alcalde con Antonio de alcalde?’, y Wenceslao contesta: ‘Por supuesto que no’. Entonces me hace la pregunta a mí: ‘Antonio, ¿tú estarías dispuesto a ser primer teniente de alcalde con Wenceslao de alcalde?’. Yo no quería, pero como soy algo político dije: ‘Por supuesto que sí”. Cándido, que tenía las esencias del partido, vio que yo le merecía confianza. Me llevó desde Santa Marina en su coche hasta la Consejería, en la plaza del Sol, y al bajar me dijo: ‘El Alcalde vas a ser tú’. Me presenté a las primarias y las gané por muy poco. Era consejero de Cultura y en un viaje a París para ir a buscar obra de Luis Fernández al Pompidou, Bernardo Fernández, que era consejero de la Presidencia, me quiso convencer de que abandonase mi pretensión de ser alcalde y que siguiese para sustituir a Rafael Fernández como presidente del Principado en las elecciones. Me decía que contra Luis Riera (entonces alcalde de Oviedo) lo tenía perdido. Le dije que desde niño quería ser alcalde democrático de Oviedo”.

La Ópera y el Real Oviedo. “A mí me parecía que el Grupo municipal Socialista en el Ayuntamiento de Oviedo había cometido dos errores políticos importantes, distanciarse de la Ópera de Oviedo y del Real Oviedo. Dije yo: ‘Coño, pues yo al revés’. Como era consejero de Cultura traje a Montserrat Caballé a cantar en Oviedo y en Gijón. Había querido cantar en el funeral de mi padre y no la habían dejado. Con el Oviedo, José María Velasco, que había sido presidente en dos periodos distintos, me propuso ser directivo. No lo fui, por oposición familiar. Pero hice el acercamiento al fútbol con el Mundial del 82, al contrario de lo que estaban haciendo los socialistas de Oviedo. Tuve ese acercamiento a través de Javier Solana, que era ministro de Cultura y Deporte, y de Gustavo Losa, el padre de Delia Losa, la actual delegada del Gobierno. Las dos cosas, lo de Montserrat Caballé y lo del fútbol lo hice electoralmente, así rompía completamente con el techo de cristal que me habían puesto mis compañeros socialistas de Oviedo. En el 83 gano las elecciones a Luis Riera por muy poco, por 1.000 votos populares. Hay una cosa en la que Wenceslao tenía razón, no se podía romper completamente con la derecha en Oviedo. Como no me fiaba de Aurora Puente, entonces en el PCE, propuse concejalías a Jesús Zarrazina, Pedro Amandi, Rogelio Fuego y Manolo Bango (todos de la oposición). Rompo completamente al PP, lo rompí por la mitad, tanto que Luis Riera dimitió. Fui alcalde hasta el 91. No pisé callos por pisar. No cambié los nombres de las calles. Hice gestos importantes. Nombré hijo adoptivo de Oviedo a don Luciano García Jove, canónigo de la Catedral que me había dado la comunión, a la vez que a Veneranda Manzano, que había sido la primera diputada mujer en la República. Ahí está el auge del Palacio de los Deportes en aquellos años, las pistas de atletismo o las circunvalaciones. Y, hombre, estoy muy satisfecho del día que convencí a la Unesco, de eso no se habla mucho, de que el Prerrománico fuese Patrimonio de la Humanidad”.

¿Y el Vasco? “El gran error de mi vida, de mi mandato. Hay quien me dice ahora que me estoy flagelando demasiado porque no va a quedar mal del todo lo que se está haciendo allí, pero yo creo que fue un error importante. Se hizo por una cosa que le pasa a muchos políticos con el mal de altura. Cuando se hizo yo tuve la conciencia de que se hacía mal, pero en lugar de avenirme a mi conciencia me empeciné en el error, por el cuento de la tolerancia. Para evitar líos municipales. PSOE, PCE, CDS y PP habían llegado a un acuerdo para tirar el Vasco, yo no me atreví a moverlo”.

La vida después de ser alcalde. “En el 91 dejo de ser alcalde y vuelvo al despacho. Un amigo, un multimillonario francés, me dice que por el hecho de haber sido alcalde y ser muy conocido no iba a tener muchos clientes. Así fue. Como yo no tuve ninguna puerta giratoria, al despacho no venía nadie. Marcelino y yo pasábamos la tarde mirándonos la cara de risa porque no venía ni un cliente. Entonces un día llegó un compañero del banco, Alfredo Prieto, con Luis Morilla. Eran abogados de Porcelanosa y me dicen que me quieren asociar a la defensa de Porcelanosa. Cuando estamos en el pleito, surge otro en Burdeos y los de Porcelanosa al ver que yo hablaba muy bien francés me proponen ir allí. Fui a Burdeos y tanto ese asunto como el otro salieron mal. Pensé que aquello se había acabado, pero entonces me proponen ir a otros sitios de Francia. Fueron saliendo bien las cosas y luego vino Inglaterra y Estados Unidos. En Londres me instalé con ayuda de Uría-Menéndez, el gran despacho de Madrid. Porcelanosa me facturaba a mí y yo a ellos. Me enteré de que, a su vez, ellos facturaban a otro abogado, así que hablé directamente con él. Eran facturas monstruosas. Durante unos años trabajaba dos semanas al mes en Francia, una en Inglaterra y otra en Estados Unidos.

Una década de eurodiputado. En 2004, estando en Berlín, escucho en la radio una entrevista a Zapatero. No le conocía de nada. Al llegar a España le escribo una carta diciéndole que me había gustado mucho. Entonces, cuando se presenta a las elecciones de 2004 me propone ser delegado del Gobierno si gana las elecciones. A mí no me interesó. Le dije que prefería seguir de abogado internacional. Eso de abogado internacional les interesó muchísimo a la gente del PSOE. Me dicen: ‘Pero bueno, algo tendrás que ser’, y dije: ‘Pues, mira, diputado europeo’. Estuve 10 años. Mucho mejor que aquí, más considerado y sin líos internos”.

Los dos “yuyus” (ictus). “Tuve dos ‘yuyus’ (ictus). El primero el 26 de junio de 2002. Un día fui a Nueva York, levanté las actas del consejo de administración de la empresa (Porcelanosa) de Nueva York y volví en el avión siguiente. Cogí otro avión en Barajas y fui a París. Alquilé un coche y fui a otro punto de Francia, luego vine en el coche para Oviedo. Ahí tuve el primer ictus. El segundo fue en 2006. Me llamó Rubalcaba para ir a la fiesta de la Guardia Civil en Oviedo. Esa noche al llegar a casa me volvió a dar. Este sí dejó secuelas. De la parte izquierda del cuerpo solo movía un dedo de la mano. Gracias al Parlamento Europeo conseguí plaza en una clínica de rehabilitación de Badalona. No hacía más que llorar. Imagínate, completamente incapacitado. Un día decidí dejar de llorar, me hice un nudo en el alma. No volví a llorar hasta el funeral de Marcelino (julio de 2007). Volví a Oviedo y Rubalcaba estaba con la idea de que no me retirase de la política del todo y que volviese al Ayuntamiento. Ya vi que aquello no era posible. Anuncié que me presentaba, pero tuve una serie de dificultades con el censo de militantes”.

El final. “Quiero escribir una novela antes de morirme. Una novela que merezca la pena porque ya escribí una cuando era chaval, en Deusto, pero es malísima. La mala está sin publicar y la buena quiero ver si se puede publicar aunque sea después de muerto.

–No sea agorero.

–Hombre, no creo que me quede mucho. Escribir la novela me llevará dos o tres años. Luego que me entierren ahí donde la tumba de mi padre y se acabó.

30 comentarios:

antonio dijo...

Hay errores involuntarios en la transcripción, sin importancia mayor:es la calle Marqués de SANTA CRUZ,no Santasusana, mis abuelos se llamaron Rogelio y Antonio, no Juan, Pedro Silva, en ese momento, era del PSP,no PSOE todavía, entre los dirigentes del felipe sobresalió Cheni Uría, mi gran amigo...

Anónimo dijo...

Comentarios a tus magnificas memorias

He leído y releído con mucha atención tus memorias publicadas por LNE ayer y hoy.
Quisiera darte la enhorabuena por esa vida tan intensa y tan bien llevada, aplicando en todo momento tus principios básicos producto de una buena educación, así como de una inteligencia natural. Me impresiona tu vida tan completa que ya quisieran para sí más de uno de los que dicen ser del grupo intelectual.
Y qué decir de esa foto con personas tan añoradas por haberlas conocido y tratado con alguna. Benito Arguelles, Josefina Mtnez, Ángel Glez, Emilio Alarcos, Gustavo Bueno, Conrado, etc, etc.
También compruebo (a pesar de) que sigues flagelándote con lo de "El Vasco" y deberías autoconvencerte que es un hito en la Ciudad con resultado feliz.
Y respecto al final, ya has hecho relatos con muy buena aceptación y de escribir una novela PONTE A ELLO y el tiempo dirá lo que sea.
Por último, te sugiero que plantes un árbol en nuestro querido Campo de San Francisco, ya que nuestros dirigentes que nos han tocado en suerte, parece que nos lo llamó el Señor por ese camino y yo veo que cada día está más diezmado sin ninguna nueva aportación.
Cuídate Antonio y espero tener exalcalde para rato.
Un fuerte abrazo. Ll

Anónimo dijo...

Solo un grande de verdad puede permitirse esa claridad expositiva (que es además clarividencia) de lo que es casual y lo que es merecido, de lo que es heredado (para bien o para mal) y lo que es ganado a pulso, de lo que es un error, de los aciertos...
Gracias, don Antonio por contarlo así. Es un aprendizaje político y vital para muchos, seguro.
Esa novela aunque sea "mala" seguro que está llena de lecciones y de anécdotas que merecen ver la luz. Y las de la buena, también, jeje
L

Anónimo dijo...

Antonio, he leido con delectación ayer y hoy en LNE la entrevista en la que desgranas tu vida, que desde luego ha sido intensa y plena en realizaciones.
Un abrazo,
C

Anónimo dijo...

Un abrazo grande

Pd.- Y ponte a escribir esa novela ..........

Anónimo dijo...

Querido amigo: estoy en confinamiento rural en nuestra casa de Hevia, nos parece mas seguro en la situación actual. La Nueva España de hoy me trae la agradable e interesante sorpresa del principio de tus memorias. Tu rica trayectoria exije la publicación de un libro que cuente con detalle las ricas vivencias que has tenido la ocasión e inteligencia de vivir y que creo tienes en proyecto. Ya cuentas con un lector expectante. Un fuerte abrazo. Fr

Anónimo dijo...

Esta muy bien y es muy completo. Ya sabia yo algo de tu vida, pero ahora me has ilustrado mucho. Un fuerte abrazo F

Anónimo dijo...

uerido Antonio:

Acabo de leer la segunda parte de tus memorias, que me han interesado mucho. Sobre todo, la segunda parte (la de hoy, no sé si habrá otra), quizás por más cercana a mis propias vivencias. En estas dos entregas se aprecia a un hombre que llegó a la política con la carrera terminada y, por decirlo en asturiano, “con les perres ganaes”. Supongo que la política, en muchos momentos, te habrá costado dinero. Aunque lo importante, y eso se trasluce perfectamente en estas dos entregas de LNE, es lo que tú has disfrutado con la política, es decir, con el arte de servir a tus conciudadanos. La pena es que no todos te lo reconocerán, porque sería dejar con el culo al aire a muchos otros. Enhorabuena.

Y cuando publiques esa novela seré uno de sus primeros lectores. (Yo tengo un par de ellas todavía en el cajón, pero no hay prisa, nadie las está esperando.) También me atrevo a sugerirte que, aparte la novela escribas tus memorias. Todo esto de LNE, desarrollado por ti y con algunas de las indiscreciones que ya puedes permitirte, puede ser muy sabroso.

Un abrazo y sabes que te deseo lo mejor,

P

Anónimo dijo...

La segunda parte es más fuerte. Más sentimental. Me ha gustado

Aa

Anónimo dijo...

Querido Antonio: Me ha emocionado lo que dices del momento en que decidiste dejar de llorar por las consecuencias del segundo ictus. Te reitero la enorme admiración que siento por la entereza y valentía con que afrontas las secuelas de la enfermedad. Me parece un modo ejemplar de entender la vida y sus circunstancias.
Un fuerte abrazo
Jmv

Anónimo dijo...

Me encanta el soberano desparpajo de tus memorias. Un fuerte abrazo. J

Anónimo dijo...

Y algunos vacíos de memoria. Ch

Anónimo dijo...

Aunque afrancesado de formación, según refieres, el humor con que cuentas las cosas me suena al mejor humorismo inglés.

Anónimo dijo...

Muy interesante.VF

Anónimo dijo...

He leído la entrevista que te hacen hoy en LNE y veo que te lanzaste a contar los acontecimientos de aquellos años. Quería comentar contigo alguna de tus declaraciones y contarte una anécdota sobre Oviedo, pero te he llamado dos veces al móvil y no lo cogiste.

¿A ver para cuándo escribes en alguna sabatina sobre nuestro viaje a Ginebra en junio de 1982 y la visita que le hicimos a María Zambrano?

Un abraz

Anónimo dijo...

¡Entrañable!
Un fuerte abrazo.
Por cierto, tienes mejor memoria que yo pues recuerdas hechos que yo tenía olvidados. Pero sí me acuerdo, y vivamente, de nuestras conversaciones por teléfono en 2007, tú en Badalona y yo en Oviedo, convalecientes ambos. Es verdad que pasabas por un estado de ánimo precario, pero

Anónimo dijo...

¡ADELANTE! ,como sueles decir

Anónimo dijo...

Bonita historia Antonio, aunque ya conocía una gran parte.
Un abrazo.V

Anónimo dijo...

Me gustaron mucho tus memorias, lastima que sean tan breves porque has vivido muchas cosas interesantes y las cuentas muy bien
N

Anónimo dijo...

Igual son excesivamente correctas, pero me gustan. un abrazo de oso.

I

Anónimo dijo...


Emocionada con tu relato. Cuantas cosas hiciste de las que no tenía ni idea! A por la novela
CRIS

Anónimo dijo...

Buenas tardes Antonio, que tal estás? Me han encantado las páginas que te ha dedicado LNE con tus interesantes ‘memorias’. A través de tus semblanzas he podido conocer cosas de ti que desconocía.AS

Anónimo dijo...

Muy bien, agradable lectura aunque con alguna mentirijilla. Pero sigues siendo el mejor socialista de Oviedo jeje.
un abrazo.A

Anónimo dijo...

Tienes una historia única. La conocía en parte, pero no con tantas anécdotas como las que das a conocer.
Siempre me ha admirado tu capacidad de sacrificio y tu enorme fuerza de voluntad.
Espero que se cumplan todos tus deseos como escritor y de envío un fuerte abrazo.

Anónimo dijo...

Antonio querido.
Ya he difundido esta primicia tuya a varios amigos y allegados, y les parece a todos muy interesante y divertido.
te animo a que hagas esas memorias , que sin duda van a ser muy interesantes, pero hazlo desde un enfoque global, no local.
es decir para que lo lea todo el mundo del mundo, o al menos del mundo hispano, no solamente de Oviedo ... hay muchos personajes que no conocemos muchos lectores, y que tú citas y que hace la lectura algo farragosa para los que no saben quiénes son esas personas, cuya presencia a veces al lector no introducido le pueden parecer como menos relevantes. Lo que queremos es tu posición, tu emoción, tu enfoque, tu experiencia, tu análisis...
Vete al mensaje, al contenido, a la anécdota, a la experiencia, al hecho, o pon notas al pie o índice de referencias de quién es cada personaje.Jajaja

Me está encantando, sobre todo cuando le pones valor, te posicionas, eres contundente, sin buscar ser políticamente correcto, o también cuando te muestras prudente o hábil cuando corresponde, por estrategia. En definitiva, tu parte personal, tu personalidad, y esa parte emocional que también cala muchísimo.
Vaya chapa precritica que te estoy dando. Lée estas mis palabras todas entre comillas y llenas del gran afecto que os tengo a todos los Masip y Fernández.
Te doy un abrazo muy muy grande, otro para Elo y Aída, y Marco.
Adelante

Anónimo dijo...

Recuerdo conversación con mi hermano sobre vuestra fortaleza.
Admirable. S

Anónimo dijo...

Qué interesante recorrido histórico y vital. Para mí eras abogado laboralista, cuando te conocí en los años 70. Yo había entrado de aprendiz en Ensidesa en 1970 y siempre recuerdo que en Avilés “los del MC” te citaban como su abogado. Tiempos en los que iniciábamos la andadura de las CCOO en Ensidesa.
Te felicito por tu trayectoria y te deseo mucho ánimo . Espero tu novela que seguro me dedicarás el día de su presentación.
Un abrazo.T

antonio dijo...

HAY UNA ERRATA PUES ESCUCHÉ A ZAPATERO EN EL 2000, NO EN EL 2004.YA ESTUVE EN LA CAMPAÑA Y SU ELECCIÓN A SECRETARIO GENERAL DEL PSOE.

Anónimo dijo...

Interesantísima entrevista en La Nueva España

Desde luego no se puede negar toda tu lucha y trabajoMj

Anónimo dijo...

ESPERO TU LIBRO.MJ