domingo, 1 de septiembre de 2019

HOY LNE

Sal de Oviedo y ven si puedes

El doble grado Feijoo-Milán con el trío Alarcos, Cachero y Caso

01.09.2019 | 01:15
Las reinas magas de la cabalgata de 1987. 
Si lo piensas, el año en curso es el que te hace de bisagra vital entre el tiempo que viviste en Oviedo y el que llevas en Madrid. Ya son casi 23 y 23, mitad y mitad, y el calendario corriendo a favor de la capital, porque el regreso desde la diáspora no parece, ni mucho menos, inminente. Desde ya mismo, llevas más tiempo fuera que dentro de Oviedo, aunque Oviedo te gana, porque lleva dentro de ti toda la vida.
¿De dónde eres? "Soy asturiana", respondes, por empezar desde lo general, y para disipar las dudas sobre ese acento cantarín que sigue ahí latiendo. ¿Asturiana de dónde? Y entonces ya te elevas, como si no se pudiera ser asturiano de ninguna otra parte.
Del Oviedo medio, eres. Ni de lo viejo, ni del Cristo o Fuertes Acevedo arriba, no; de la Plazamérica, que los de aquí os saltáis la preposición.
El primer área de influencia, entre la infancia y la Facultad, limitaba al Norte con el Tenis, atravesaba el Campo San Francisco y daba por el Sur -lo que te parecía a ti el sur- con el Pasaje entre Uría y la calle Pelayo, donde vivían 'los Ocaña' y atendía a medio Oviedo Don Manuel, el bueno del abuelo, el dentista. Un Oviedín fino y seguro, cómodo, tranquilo.
Entre semana trasegabas Las Segadas, en el bus de ruta. Cuánto tiempo pensaste que todos los colegios del mundo tenían prao además de patio, tan normal te parecía entonces. Mirar dentro del aula, ver ecuaciones. Mirar fuera, ver vacas. Igualito que tus probes fíes ahora, que si levantan la vista del libro las come el autobús de la EMT.
De aquellos años, pacíficos como la niña que eras, brillan como chispas algunos recuerdos, a fogonazos. Aquel cartel tan flipante, enmarañado de colores, que anunciaba San Mateo(¿mediados de los 80?), "Ven a Oviedo y sal si puedes", una frase redonda, poderosa, guapísima, que luego dio nombre a bares y canciones. O aquella locura llamada "Oviedo, el agua", una suerte de exposición o de instalación o de performance que inundó literalmente la ciudad y la convirtió en oasis. O aquel otro espejismo, ver al Oviedo en Primera. O la cabalgata histórica, ese 5 de enero de Reinas Magas, año 87, una audacia social y casi política. Ese día Oviedo hubiera roto el Twitter, si hubiera Twitter. Y ella, Gaspara, habría sido Trending Topic.
La carrera la hiciste en aquella generación que obtuvo el doble grado, Feijoo-Milán, o, hablando en jerga por respeto a los compañeros, El Cundo-El Trece. En los cuatro sitios aprendiste cosas útiles, pero en ninguno pasaste más tiempo del necesario. Ya entonces el periodismo estaba más vivo en ti que la filología, aunque te jactas, delante de según quién, de haber visto actuar en vivo al trío Caso, Cachero y Alarcos, como quien presume de haber estado en un concierto de los Stones, o de Queen? o de Michael Jackson, que ahí sí.
Era ésta una ciudad enana y gigante que lo mismo recibía al Rey del Pop o a Bono, o a Elton, que a cientos de rubios y rubias de cualquier parte de Europa. Que decías tú, para qué me voy a ir de Erasmus si cualquier día viene el mismo Erasmus a tomar copas a Oviedo. Era una ciudad llena de idiomas, llena de poetas.
Fueron años de bares, de barras y de desbarres. Bah, lo normal. La calle Mon de atrás alante, el pincho en La Maniega, el Misa (ni la hora de la misa decíais), el Paul&Cia, el Movie, la Imprenta, y más tarde Las Mestas y el Montañés, tu favorito. Ahí, y en muchos otros, se quedó lo bailado. Que no te lo quite nadie.
Te fuiste de Oviedo en lo mejor de la fiesta. No te pesa. Todo lo que vino después, personal y profesionalmente, le dio sentido a esa decisión de marchar -"marchar", dices en Madrid, y se ríen. "Marcho, ya cansé", les parece otro idioma-. Y como tú, muchos. A veces, estando allí "de cañas", podrías cerrar los ojos y pensar, por las caras que te rodean, que sigues en el Rosalcomidas a punto de pedir otra ronda de Corales.
Eso, el marchar en grupo, el ser casi trasplantados de ésta a aquella maceta, lo hizo todo más fácil. Además tuviste suerte y un poco de vista, y en Madrid vives, en lo cotidiano, entre distancias cortas que se cubren andando. "Lo conseguí -bromeas a veces- ya vuelvo a vivir en Oviedo".
A pesar de que parte del paisaje humano ya te falta y el dolor es hondo, ahora lo más guapo es volver. Fuera nostalgias, abrazas todo lo nuevo con alegría y cada tienda que abre, o esa cafetería que no estaba, o aquel restaurante del que todo el mundo habla, te hacen olvidar rápido el negocio que ocupaba antes ese local. Cómo vas a quejarte, si ahora los bancos de la Escandalera son de colores y tenemos a Mafalda.
Como pasa siempre, hay que haber visto otras ciudades para ver la tuya. La tuya es el rasero. Tal sitio "es más grande que Oviedo", tal otro "se parece un poco a Oviedo", y aquél ? "bueno? está bien? pero no es como Oviedo".
Tú, que no callas, pones perdidas de "oviedos" las conversaciones. No queda gato en tu entorno que no sepa de dónde vienes y hasta qué punto eso te conforma como persona. Y te ocupas de tener actualizado el archivo "Planes Oviedo" para enviar a quien te anuncia su venida y luego esperas con ilusión el informe preceptivo. "¡Estuve 'en tu pueblo'! Qué bonito es, qué limpio está, ¡y cómo comimos! ¡Y sólo nos llovió un día!".
Siempre funciona esa magia. Y tú te esponjas y sonríes. Y coges otra moscovita
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2 comentarios:

Anónimo dijo...

ué bueno coincido en tiempos, lugares y sentimientos

Anónimo dijo...

Muchas gracias, querido Antonio. Es un fantástico artículo que los de la
diáspora, física que no intelectual ni afectiva,
saboreamos con emoción ,