jueves, 19 de septiembre de 2019

APOLO XI


APOLO 11

Tal vez estamos solos”. Viñuela, María del Carmen, ALPISTE PARA GATOS

¡Medio siglo del alunizaje del Apolo! Recuerdo aquella madrugada ojiplática, bien despertado por Jaime, mi hermano, entusiasta donde los hubiera del acontecimiento que narraba un tal Hermida. La literatura que generó me ha decepcionado, salvo primer aforismo (“pequeño paso, grande para la Humanidad”), ni comparación con Julio Verne u Orson Welles o el peritaje de Miguel Hernández, ni tan siquiera con aseados descriptores de exótica felicidad sin soledades, Orwell y Huxley o los indios americanos, próximos al despegue del ONCENO, que, considerándose hijos del PADRE SOL, cuentan por lunas en la borgeana unánime noche. Kafka, Amiel, García Martín, Ribeyro, Iñaki Uriarte…registran la fugacidad del tiempo en Diarios, es decir, en lunas. Resulta que la empecinada londinense Sociedad de la TIERRA PLANA no se cuestionó ni con la probanza de Colón o Magallanes/Elcano sino con las misiones Apolo.

Una historieta descubierta, sin embargo, me llama. Es el inopinado envío a la Luna de osos acuáticos, tardígrados; mejor lunacuáticos. El relato de prensa no tiene desperdicio. Si los soviéticos probaron la perra del Sputnik, un millonario, Nova Spivack, y sus científicos han experimentado, en la misión llamada Beresheet, con esos diminutos animalitos, estrellados en aeronave israelí contra el satélite. A diferencia del oso de la magnífica película de Tom Fernández, que se pirra por miel, los del Beresheet soportarían 200 grados bajo cero o 150 sobre cero, hubieran resucitado después de 10 años sin agua o resistido la órbita espacial sin escafandra.

Me conmueve esta rocambolesca aventura. Tuve extrañezas oníricas en Jerusalén, Tel Aviv y Ramala. Eran los últimos días del legendario Arafat, y ya conté mis casi lunáticos sucedidos, que, de momento, no todos. Es bien curioso que unos audaces investigadores hayan colado a otros colegas los atípicos oseznos en vehículo preparado contra cualquier polizón.

De Israel y su espionaje cabe esperar que ositos acuáticos emulasen al Apolo 11, ¡imprescindible leer la fabulosa frustación de Collins en PARANDO EN VILLALPANDO!

Cuando sea el siglo, quizá una huella local recoja el acontecimiento, como hiciera Eduardo Úrculo en Silla del Rey con el Cometa Halley, importante cosmovisión pero ajena a la espiral genio/valor y talento/historia.



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