lunes, 5 de agosto de 2019

LA MANO INVISIBLE


DE LA MANO QUE APRIETA A LA INVISIBLE, DE LA GRANDA A RENY PICOT

En el Colegio de los Dominicos, en el mismo espacio del Salón de Actos de ahora, nos proyectaban semanalmente películas que se cortaban siempre en el momento en que los protagonistas, plano compartido masculino/femenino, se aproximaban para probablemente besarse. Era justo el momento también en que, en medio de un griterío de protestas, se anunciaba el supuesto resultado deportivo, preferiblemente golazos del Oviedín.
En la ocasión que correspondió a una enigmática cinta, LA MANO QUE APRIETA, el fraile encargado de la máquina reproductora se confundió con el orden de los tres rollos de película, con lo que a las ya dificultades de entendimiento, sumamos otro galimatías peor si cupiese. Cuando, pasados los años, en los primeros cursos de Deusto, los frailes de otra orden eclesial pretendieron inculcarme las virtudes de LA MANO INVISIBLE DEL MERCADO me acordé de LA MANO QUE APRIETA sin entender, de nuevo, nada o muy poco, máxime cuando la sacrosanta cita no la encontraba en mi primera lectura de LA RIQUEZA DE LAS NACIONES de un tal Adam Smith.

De todo eso me acordaba en La Granda escuchando la lección inaugural de Francisco Rodríguez, mi buen amigo, liberal y crítico ancestral con la llamada globalización, que puso puntos sobre las íes de la llamada desregulada LIBERTAD DE MERCADOS de la que tanto se ha perorado, pero que conduce a situaciones contradictorias, monopolistas  y hasta imposibles. Mientras seguimos dando vueltas a la actualización del famoso aforismo de SMITH, que algo de valor remoto sí tiene, con un equilibrio, ¡POSIBLE!, en el que Francisco Rodríguez me sigue animando a adentrarme.

Ni mano invisible ni opresora.

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