viernes, 5 de julio de 2019

MARGA SANCHO



MARGA SANCHO, INTROSPECCIÓN Y GESTO
Asistí a la inauguración de Marga Sancho en la Universidad. Sobre los cuadros, que mucho me prestan, no soy imparcial, por todo lo que me une a Marga y los suyos y a cómo vi crecer esta obra que, con tanto conocimiento académico, han ensalzado Julia Barroso y Luis Feás.
Sí soy parcial en la veneración a los ARBESÚ SANCHO y en mis cortos saberes plásticos, no, sin embargo, en la íntima emoción de arte y artista bajo el logrado marco del viejo caserón universitario. Francisco Borge, que tanto ha trabajado la Extensión Universitaria, sucesora del Grupo de Oviedo (Clarín, Altamira, los adolfos…), se ha referido a un aula ya inservible para las enseñanzas regladas. En efecto, la llamada SALA DE EXPOSICIONES DEL EDIFICIO HISTÓRICO ha encontrado función encomiable. No solo Marga estuvo colgada allí hace veinte años sino que, siendo rector Canella, había pintores que utilizaban espacios académicos para exhibir logros y también de estudio y talleres. El gran Luis Fernández, probablemente el mejor pintor asturiano conocido de todos los tiempos, recordaba de su infancia la influencia de un cuadro desaparecido de José Uría y Dionisio Fierros tuvo cobijo para piezas sin terminar. En el mismo lugar, estudiantes del tercer lustro del XX, tapando el histórico tragaluz, simularon la llegada del Cometa Halley con un gamberro bombardeo de castañas indias del Campo en medio de risible obscuridad. Cabe que esas paredes pétreas, ahora revestidas, estuvieran desde entonces, ciento seis años, esperando, tras el fuego ahí mismo iniciado en el trágico 34, “los monstruos”- “la Fiesta del Monstruo” calificaban Borges/Bioy-, que, como Marga dijo no son tales sino “somos nosotros mismos”, o que, para mí, pudieron quedarse estrellados desde aquella visita descompuesta del Halley, que Kadaré llamaba “El año del cometa”; la visita de 1986 está homenajeada por ÚRCULO en la naif medianera de Silla del Rey.
NOTA.-Siguiendo una acreditada tradición europeísta vale juntar estilos y costumbres de épocas distintas pero ejecutadas conforme a su tiempo. Así la Silla, canapé de Manuel Reguera de 1776, recuperado muy luego de un viaje impropio al Campo San Francisco, y la pintura de vanguardia sobre medianera que la reclamaba.

1 comentario:

antonio dijo...

Jaime Herrero tiene tb una tinta maravillosa de cometa