sábado, 8 de junio de 2019

PROXIMA SABATINA

DE LA COLA DEL EVEREST A JOSAFAT

La pasión cunqueirana me ha llevado estivalmente al extremo occidental del Paraíso Natural, contemplando enfrente los bordes lucenses, que, por ende, engloban Mondoñedo y las correrías de la Santa Compaña. Juan Cueto, que tuvo que morirse para que muchos, que no todos, repararan en él, relacionó la ría del Eo con la escritura, ortográfico punto y coma, de don Álvaro, cuyo mundo absoluto no estuvo en la lejana e idealizada Bretaña sino tras los montes eotos y mindonienses.
En una de las iniciales sesiones de los Príncipe de Asturias del Deporte, que acabábamos de parir en el Ayuntamiento, hubo quien propuso a Sir Edmund Hillary para simbólico primer laureado, tal Pepe Hierro o María Zambrano en los suyos. Vivía todavía el carismático alpinista neozelandés. No obstante, Samaranch, gran personalidad olímpica, se empeñó en Sebastian Coe que, además de olímpico, había utilizado los principios pacifistas y competitivos de Coubertin para superar coletazos de la llamada guerra fría en fase terminal.
El Everest sigue mítico y, como acabamos de ver en imagen deshumanizada, o anti natural, resiste la famosa divisa del humor inglés de que “la otra cola avanza más rápido”. Espeluznante y temerario que un par de cientos de turistas hayan quedado atrapados, hubo quien hasta la muerte, en serpiente enloquecida. Serpiente multicolor, logro metafórico, impuso el galo L´ÉQUIPE para denominar el pelotón ciclista que rodaba a la búsqueda de los llamados “escapados”. Los enfervorecidos novatos escaladores querían alcanzar la Cumbre del Mundo, ansia tatuada en la mágica barra de hielo de la Humanidad desde sus orígenes que, con la Torre de Babel, popularizó la soberbia bíblica de subir al Más Allá. En Oviedo, un tal Canteli, con aspiraciones edilicias, estuvo empeñado en la siniestra cola de Liño, por fortuna desaparecida, aunque queden huellas irreparables en la maltratada piedra de San Miguel.
Ha mucho me llamaron para sustituir a una política holandesa en un acercamiento entre Arafat e Israel, que se truncó con la enfermedad mortal del líder palestino. Aquello sirvió poco a la Paz pero tuve ocasión impagable de conocer lugares míticos tal el Valle de Josafat, donde Yahvé ha de celebrar el Juicio Final. Fue también oportunidad de imaginar cómo entraríamos en tan reducido espacio los resucitados de millones de años. ¿Cuál de las alturas emblemáticas está más grabada en nuestro magín? ¿Josafat, Everest, o, aún, Torre de Babel? Yo solo conocí una, todavía sin acondicionar para la leyenda futurible de su gran momento. Edmundo, o Edmund, Hillary al que, tras aquel debate ovetense, no tuvimos en Oviedo, blasonaba de haber estado en los dos polos terráqueos y en el techo del mundo, y hasta persiguió seriamente al inexistente monstruo Yeti, u Hombre de las Nieves. Es increíble que durante un tiempo, personalidad tan exquisita llegó a imaginar yetis mientras jamás, sin embargo, concibió esa cola maldita de hogaño. Tampoco subió a Liño como suelen los premiados de la Fundación ni vio la siniestra cola del Centro Asturiano, que no era por el monumento sino contra el monumento. Algo, que ya no, tuvieron en común el Everest y Liño.
Por mi cuenta imagino a los del Everest en la cola universal del Josafat. Eso sí, sin tanta ropa de abrigo ni colorines ni hipotéticos yetis.
La Santa Compaña y Cunqueiro no necesitan retos ni hazañas ni cola para viajar a la Cumbre. El Cunqueiro eoto de Cueto tenía Taramundi, ¡Mundo de altura!, a la espalda. Con las desaparecidas colas de Liño y del Everest mejor inmunizarse contra aborrecibles agresores de probados antecedentes en descaradas actuaciones contra el Patrimonio de la Humanidad

5 comentarios:

Anónimo dijo...


Muy bueno, Antonio; como siempre. Cunqueiro, Cueto y, no lo olvidemos, Doval. Abrazo, F

Anónimo dijo...

Más claro, agua ... Lo de las siniestras colas se lo contaba el otro día a colaboradores jóvenes y no daban crédito. Y tampoco el que se les hiciera una carretera a medida.L

Anónimo dijo...

Lo del barullu en el Everest ya lo decía el sherpa Dawa cuando estuvo en Oviedo; te paso el art. del diario El Comercio.
Un abrazo, Pp

Anónimo dijo...

Era yo un niño de corta edad, querido Antonio, pero recuerdo la hazaña de Edmund Hillary y su sherpa, que alcanzó resonancia mundial. Creo que el sherpa ya había coronado la cima (o se quedó a poca distancia de ella)
antes de que lo hiciera el alpinista neozelandés, pero eso no fue noticia. Así se cuenta la historia. D

Anónimo dijo...

A perseverar.L