sábado, 13 de abril de 2019

SOBRE LA VIOLENCIA GRUPAL DE GENERO


ACERCA DE LA LLAMADA VIOLENCIA GRUPAL DE GÉNERO

“Camina siempre adelante”, Cortez, Alberto.

Empezaba mi ejercicio profesional. El sol filtraba potente el lucernario del Palacio de Camposagrado, donde descaradamente aparcaba su coche el Presidente de la Audiencia Territorial, precedente del TSJ. Esperaba por mi parte, “guardando sala”, disciplinada negritud uniformada, a que el ujier voceara. De la otra Sala, con la premonición de que una larga vista a puerta cerrada llenaría la jornada, salió el Sr. Secretario, sumario en mano, colilla bucal, cagaprisas inmisericorde buscando en pasillos a una joven. La mujer de buen ver, expresión arraigada literariamente que me dicen es hogaño insostenible por corrección igualitaria, de la que intuí, además, era gitana y un tanto deficiente mental, ¡otra calificación evitable!, firmó el papel sin asesoramiento letrado. De inmediato pasaron a cuatro presuntos violadores que permanecían en el remedo de calabozo contiguo, les quitaron las esposas, entraron apenas en la Sala saliendo vitoreados por recua de amiguetes. ¡Obtenido perdón: quedaban libres!. El vocablo “machirulo” es de acuñación reciente; neologismo que en 1999 no estaba todavía en “El diccionario del español actual” de Seco/Andrés/Ramos.
El procedimiento era estricta legalidad. Gracias a la presión feminista la escena sería ahora irrepetible. Un político nórdico me trasladó hace años alarma por los asesinatos de mujeres españolas a manos de sus parejas ignorando que en su país ¡ni había estadísticas!; a otro nivel, hubo quien me criticó la puesta en evidencia, desde esta misma, ya casi quinceañera, columna sabatina, ininterrumpida salvo traslado en las tres excepcionales fechas sin periódicos diarios, que hice de un afamado novelista entonces vivo, clérigo pederasta, sobre el que había espeso, o apestado, silencio.
Rosa Navarro Durán, reciente premio JOVELLANOS, ha advertido que el Lazarillo denunciaba ya la pederastia de un consagrado.
Me too” y otros movimientos, con activismo clarificador de S.S. Francisco, dan frutos pero también hay pasos atrás. Para mí son mazazo las denuncias a Oscar Arias, ¡premio nobel de la Paz!, al que conocí en el restaurante Del Arco, amigo que era de mi querido pariente Jaime Naranjo, consejero de embajada en San José, y lo volví a ver en su magnífico discurso bruselense que ahora, de probarse los delitos, se nos atragantaría en cinismo.




3 comentarios:

Anónimo dijo...

Antonio: Un dato paradójico es que en España se silencien los suicidios en la prensa, para evitar su tendencia imitativa, demostrada, y sin embargo, aireemos todo tipo de abusos por violencia de género. ¿No incita esto también a una conducta imitativa? Habría que preguntarle al político nórdico por qué en su país no se difunden las noticias de violaciones y maltratos. Quizás sepan algo que a nosotros tal vez se nos escapa. Un abrazo.
D

Anónimo dijo...

bien Antonio en tu ultimo articulo de hoy en la nueva españa. Solo comentarte que en la administracion de justicia, en los juzgados y tribunales de justicia no existian los ujieres sino que eran los agentes judiciales cuyo cuerpo hoy se denomina tras la ultimas reformas de auxilio procesal. saludos de F

Anónimo dijo...

ARTICULO DE CARLES FRANCINO EN ELPERIÓDICO

"Los violadores son personas igual que nosotros, no son los malos de la película que viven en otro mundo. Es muy fácil colocar a los monstruos fuera y a nosotros en el lado bueno; pero esos engendros son el resultado de un caldo de cultivo que hay en la sociedad, un machismo instaurado sistémicamente. Y algo tenemos que ver todos y todas". Esta fue más o menos la respuesta que uno de los actores de 'Jauría' le dio a un estudiante de bachillerato que acababa de ver la obra y se interesaba por cómo podìa meterse en la piel de un personaje tan repulsivo.

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'Jauría' forma parte de ese modelo bautizado como teatro documento que consiste en contar historias estrechamente pegadas a un hecho real; y en este caso a la actualidad, a partir de las transcripciones del juicio por el caso de 'La manada'. El Pavón Teatro Kamikaze de Madrid ha dedicado varias semanas a programar funciones especiales para público escolar, que terminan con un coloquio donde salen muchos de los demonios que contaminan la relación entre chicos y chicas, entre hombres y mujeres: los miedos de ellas, los equívocos de ellos, los falsos sobreentendidos, los prejuicios, los silencios... El día que estuve yo, una chica se levantó para contar, con un coraje que nos desarboló a todos, que había sido víctima de abusos sexuales durante varios años, pero que pasó tiempo hasta que la creyeron. ¡No me extraña que se sintiera tan identificada con la protagonista de la obra! Otra relató, entre sollozos, cómo entró en pánico el día que un hombre la siguió insistentemente, trataba de llamar su atención... y resulta que solo quería advertirle de que llevaba la mochila abierta.

Fueron muchas las voces que expresaron temor, hartazgo y ganas de rebelarse: "¿por qué tengo que cambiar de acera?", “¿por qué mi madre duerme a pierna suelta si sale mi hermano pero no pega ojo hasta que yo he vuelto a casa?”; pero muy pocas de esas voces fueron de chicos. O por vergüenza, o por mala conciencia... Yo no lo sé, pero eché en falta el mismo coraje que sus compañeras exhibieron. Para decir en voz alta lo que seguramente piensan o para admitir que el actor (Raúl Prieto) tenía razón: que si nos ponemos frente al espejo veremos cosas incómodas. El director de 'Jauría', Miguel del Arco, me explicó que al principio no detectaba un gran entusiasmo por programar la obra, pero que ahora ya tienen confirmada una gira por toda España; y que se ofrecen a repetir la experiencia de los coloquios con escolares en cualquier lugar donde se lo pidan. Me alegro. Porque la obra es magnífica en su atmósfera asfixiante y los actores transmiten tanta verdad que al final se funden en un abrazo reparador. Y porque el mensaje a los chavales es la mejor inversión para evitar que los monstruos se multipliquen.