jueves, 3 de enero de 2019

PROLOGO A LA SEARILA DE JAVIER CANCIO PARA RIDEA


Al parecer mi admirado clarinista José María Martinez Cachero, al que puse una calle en Oviedo, sostuvo, ignoro con qué intensidad, que sobre la Searila ya estaba todo escrito, por lo que no procedía tesis universitaria alguna. Se confundía pues faltaba este libro, necesario y fabuloso, de Javier Cancio-Donlebún.
El autor da su rigurosa, rigorosa decía Ortega, investigación a la estampa donde procede, este Instituto de Estudios Asturianos, lugar especialmente vocacionado para el punto final al mito eoto, con énfasis en todas las íes, muchas, por cierto, entrañables, que se han dicho y escrito en casi dos siglos de perorata con el fondo de los amores entre doña Rosa Pérez Castropol y don Antonio Cuervo Castrillón.
Escribo necesario pues el mito romántico exigía mayor tratamiento, profundo y académico, y fabuloso pues Javier Cancio-Donlebún se enfrenta con honestidad y esfuerzo encomiables que raya en lo fabuloso a todas las fábulas que rodean los versos que en su día soltó su antepasado colateral, don Antonio Cuervo.
Ha contado para tan noble tarea, además de los públicos, con archivos familiares y con un instrumento sobrio, el llamado Trabajo Fin de máster (TFM), en el que le ha justamente laureado en Historia la Universidad de Oviedo.
Los tfm, y aún las tesis doctorales, atraviesan una crisis profunda de credibilidad con graves sucedidos en Universidades madrileñas, pero de la seriedad y méritos de Javier Cancio-Donlebún dan cuenta ejemplar estas páginas, insisto fabulosas, que, por su originalidad y muestras evidentes de ponderado rigor, no precisan someterse a control oportunista y/o informático alguno.
Conocí a Javier en los actos fundacionales de una asociación eota, o eoaria, que tristemente no tuvo mayor recorrido, la Sociedad Asturgalaica de Amigos del País que unos aventureros, bajo la presidencia del poeta Luis López, quisimos poner en marcha desde el castropolense Campo del Tablado y por toda la ribera de nuestros río y ría fronteros, que no divisores. En aquellas reuniones en que fijábamos objetivos y rutas ya pude apreciar la calidad humana e intelectual de don Javier que bien me confirma ahora con esta aportación definitiva al mito de la Searila que pone patas para arriba.
De la lectura de este libro, tan importante en mi consideración personal, podría deducirse que la formación humanista de Cancio-Donlebún correspondería a un licenciado o doctor en el amplio espectro de la Ciencia de las Humanidades, cuando sus orígenes en la acreditación y suficiencia académicas están en la ingeniería.
Enterarme de que Javier es ingeniero industrial me hizo recordar las sabrosas horas que en su casa de Oxford me concedió generosamente don Salvador de Madariaga. A no olvidar tampoco que el primer nóbel español de Literatura fue ingeniero, Echegaray, y que uno de nuestros mejores novelistas de posguerra es Juan Benet, ingeniero, que vivió tres años en la ovetense calle de Uría donde escribió su primer libro, la recopilación de relatos NUNCA LLEGARÁS A NADA.
No exagero si digo que en la escritura de Cancio-Donlebún he apreciado cadencias de esos prestigiosos predecesores en la ingeniería, cuyos altos y exigentes estudios politécnicos algo debieron contribuir a domar unos textos con redoblado rigor.
Sobre la Searila no estaba, en definitiva, todo dicho; lo está, sin embargo, ahora.
Gracias Javier.  
ANTONIO MASIP

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