viernes, 12 de octubre de 2018

CASAS DEL CUITO SIN BENET


                                                                                                                          
Este verano La Nueva España dio que las últimas inquilinas abandonaron CASAS DEL CUITO, edificio característico del modernismo. Se abre la readaptación, espero que cuidadosa, del inmueble, levantado por Cuito, indiano que debió arruinarse.  Solíamos utilizar el supuesto apelativo castellanizado del promotor. Lo describen Mari Cruz Morales, Sergio Tomé, Juan de Lillo y Serafín Rodríguez. La importantísima Guía Total de Polledo/Claverol insiste en el bable Cuitu. El edificio llega hasta nosotros con su soberbia fachada y su compleja distribución interior, también con la amputación de cúpulas, debida a la guerra, y de carboneras y terraza, propiciadas por el Alcalde Beltrán Rojo. Palmira Villa aporta referencias sabrosas del itinerario administrativo.
Pepe Monteserín, en sus magníficos billetes, reclama placa a Juan Benet, el inquilino más famoso. Antes, ya me confundí yo adelantando semejante propuesta, pues Benet, ingeniero y escritor, no habitó Casas del Cuito. El autor de “Volverás a Región” recibió en Oviedo a Martín Santos, que le leería “Tiempo de Silencio”, de tanta repercusión en la narrativa. Buenas páginas sobre Benet/Oviedo en Lola  Lucio, en la tesis de Francisco García Pérez, en Pedro Pablo Alonso para este periódico y en hitos autobiográficos del novelista. Benet fue habitual de ANTICUARIA/Valdés en el Campillín.
Mi error en prensa, libros y mociones, indujo probablemente al de Pepe pues, insisto, Juan Benet no vivió, durante sus tres años ovetenses, las emblemáticas casas. Alguno considera integrante del bloque al antiguo número 25, hoy 31, en que habitaron Inocencio Beares, de la ayalinorteguiana Agrupación al Servicio de la República, y Sabino Álvarez Gendín, rector y magistrado.
Tal publiqué a invitación de VETUSTA/PILARES/LANCIA, en Casas del Cuito nació Valentín Masip Acevedo, y habitaron sus padres, hermanos, abuelo materno, tíos y primos Matanzo Acevedo y Barthe Acevedo, incluso mi madre muy niña y su hermana, la pintora Lelé Hidalgo.
Allí falleció mi bisabuelo, Valentín Acevedo Calleja, en 1931, tras votar la República. Se había movilizado contra los suyos con los que convivía, en especial su yerno, mi abuelo Rogelio Masip Pueyo, fundador del Partido Social Popular, origen de la democracia cristiana.
Mis parientes fueron, en definitiva, vecinos del Cuito como luego Ignacio Quintana Pedrós, antiguo Subsecretario de Cultura, codirector de “Cuadernos de Ruedo Ibérico”, perteneciente a la tercera generación, que había iniciado allí su abuelo Eugenio, la cuarta es Raúl Quintana Muñoz, autor de un excelente trabajo sobre García Hortelano para la Universidad de Columbia, dirigido por Sobejano; la familia Bascarán Asúnsolo; Paulino Prieto, que da nombre a la antigua Casa de Socorro; el también médico Robles; Conchita, Agustín, Magdalena, Fernando y Santos, Santitos, Muñoz Díez, éste último Medalla de Oro de Oviedo; el Procurador Valentín Herrero; las León; los G. Argüelles, sobrinos del rector asesinado en 1937; el abogado Alfredo Suárez, redactor de la fusión del Deportivo y el Stadium en el Real Oviedo, abuelo del escritor Carlos Rodríguez, autor de un libro sobre el Hotel Principado, otro icono vetustense; en la guerra hubo un puesto de auxilio de heridos que después fue Radio Turyc de Joaquín González, gran aficionado a la Ópera y la Acuarela, antiguo militar republicano y Presidente local de la Cruz Roja, al que dedico un capítulo de “La sirenita y otros coletazos”; la familia JAUJA, que de conocerla habría merecido la atención de Lorca, Gabo y otros descriptores de extravagancias; GRÁFICA INDUSTRIAL, al frente de la que estaban descendientes de un Rodrigo Diez de Vivar, siglos después del protagonismo de semejante legendario nombre en el inmenso primer poema castellano; Laboratorios ASPOL; el Dr. Crespo que, en rasgo de inopinada ira cachazuda, levantó la moqueta del portal contra la que había tropezado su mujer y la tiró al tranvía, pero jamás Benet.
Casas del Cuito merecería la narrativa coral del cairota Edificio Yacobián, de ALAA ASWANY, tan de García Márquez, o del neoyorkino Dakota de John Lennon, Lauren Bacal y Rosemary´s Baby.
Manolo Pilares poetizaba que el río de Oviedo no moría en la mar. Si el metafórico caudaloso torrente fuera Uría-Fruela que busca el mar desde el Oviedo redondo hasta la Estación y el Naranco, Casas del Cuito daría prestancia modernista a la desembocadura, ya sin torres fareras ni aún la marmórea terraza malecón de otrora.
Si se fueron los últimos inquilinos, mis antepasados estuvieron entre los primeros.
Del yerro propio quiero, en cualquier caso, dejar constancia pública rectificadora. La placa sí, pero a su vera, no en Casas del Cuito.


11 comentarios:

Anónimo dijo...

muy bien Antonio. saludos F

Anónimo dijo...

gracias por la cita.P

Anónimo dijo...

Estimado Antonio: Tengo testimonios de gente que le visitó en Uría 25, 1º y eran las Casas del Cuitu. El mismo Paco García Pérez me lo asegura.
Sí me gustaría leer "De tigres, tribunas y círculos", de Lola F. Lucio. Si me lo pudieras facilitar...
Saludos
JBF

Anónimo dijo...

Paco dice en su libro el “actual nº 29”, no que antes fuera el 29

Anónimo dijo...

No soy medalla de oro sino de plata.Gracias

Anónimo dijo...

Muy interesante tu aclaración sobre las casas del Cuitu. Un abrazo.Jm

Anónimo dijo...

Conchita Muñoz era bellísima, lo seguirá siendo

Anónimo dijo...

¿Magdalena es,o era,monja?

Anónimo dijo...

Estas cosas del Oviedín solo os interesan a los cuatro que sois en Oviedo pero vale

Anónimo dijo...

Enhorabuena por tucomentario que me gustó mucho.Pepe Armas

Anónimo dijo...


De Benet yo leí con enorme intención todo. Pero me quedé muy impresionado con una obra “menor” llamada Otoño en Madrid hacia 1950 (Alianza, 1987), donde habla de esa ciudad y esos amigos. Juan Benet se la jugaba, es decir, se machacaba cada frase como si fuera la última. Era su forma de escribir, que se nos hacía difícil a sus lectores. Todos eran gente con estilo. Y su trabajo acababa por tenerlo. Claro.