lunes, 1 de octubre de 2018

BARNIER



EL BREXIT ABISAL TAJARÁ VIDAS Y CALIDADES

Siempre al borde del abismo//¡y qué cerca roca a roca!//un paso-la distancia es inmensa-//y todo se hundiría://anegarse sin fin en la caída.” Alarcos, Emilio, 1944


Los ictus, las norteñas eurofilias, los años hacen amasijo para alumbrar tolerancia recortando, o mejor gavillando, distancias, del verso ernestino-champurcino o de su marital Domenchina, no menos periclitados en la atrayente oquedad del plateado Parnaso hispano.
El brexit se aproxima inexorable para la primera parte del año próximo. ¡Cómo se ha llegado a esta locura de falta de entendimiento en la parte más razonable y serena de nuestra civilización! Tierno Galván, socarrón, pese a su apariencia buscada afanosamente de apacible “viejo profesor”, reía denominando a Juan Barranco, su lugarteniente municipal, como  Juanito Precipicio. El precipicio está ahora en verdad ahí, sin gracietas, en la profundización de la brecha no ya solo del Canal de la Mancha y nuestra finitud suicida sino de la abrupta vuelta catastrófica a la frontera entre las dos Irlandas, con su parangón en el resto, sarpullido o soriasis, de la piel paneuropea. Un humorístico comentarista inglés, con motivo de la inauguración, ya el siglo pasado, del túnel de la Mancha había felicitado a los franceses por haberse unido al Continente, es decir al ¡Reino Unido, U.K.!
Borges planteaba la intranquilidad del lector cuando constataba el Quijote dentro del Quijote, o la del espectador que percibe Hamlet dentro de Hamlet. Eran ardides astutos metaliterarios de Cervantes y de Shakespeare apenas comparables con la tragedia a que puede llegar Europa fuera de Europa, a que conduce la crisis axiológica de la depresión brexit.
La superación de la brecha de la mítica Mancha, que hizo a nado el mierense José Vitos, fue básica en dos momentos clave de la segunda guerra mundial, el embarque de Dunkerque y el desembarco de Normandía. Antes la moral aliada fue asediada por la inteligencia nazi hasta extremos dramáticos. A no olvidar el germanismo del Duque de Windsor, por ejemplo, o, en USA, del héroe aeronáutico Lindberg. Churchill, De Gaulle y Roosevelt resultaron providenciales. En su día mucho me interesó CONTRAPUNTO de Aldous Huxley deteniéndose en la figura de Mosley, el fascista inglés, que brillaba sin rubor en los salones de la nobleza londinense. Ahora el euroescepticismo, en su bifronte cara derechista e izquierdista, da alas a los partidarios británicos de la locura brexit que tenemos a la vuelta de la esquina no sé si suficientemente conocida por la población.
Europa no debería entregarse. Barnier, el comisionado europeo, mantiene el tipo dignamente. A no olvidar, en cualquier caso, que Gibraltar es parte de España.

Tolerancia con todas las ideas, por supuesto, pero, por favor, “la vaquina por lo que vale”, póngase el gobierno de Su Majestad británica como se ponga, que, pese a sus constantes desplantes, es mucho lo logrado en una economía sin fronteras y en una sociedad de leyes y derechos humanos.

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