viernes, 21 de septiembre de 2018

EL TRANVÍA DE CONCHITA QUIRÓS


Al ser lector compulsivo en papel, aprecio muy alto, ¡irredenta decadencia!, el pregón de Conchita Cervantes Quirós para este San Mateo. Además del canto a la lectura y a la carismática figura de don Alfredo, su padre, y de sus colaboradores (¡Ángel González, Taibo, Lombardero!...), Conchita invocó a políticos presentes, que no éramos tantos, la nostalgia del tranvía. ¡Claro que sí! No solo los munícipes sino demasiados ciudadanos vetustenses del medio siglo olvidado habían asumido el slogan, entre grandonismo y cursilería, “CIUDAD MODERNA Y MONUMENTAL. ATENCIÓN A LAS SEÑALES DE TRÁFICO”. La gran librera rememoró un Oviedo, inimaginable ya, sin semáforos y con guardias de casco blanco y tranvías.
Por mi parte, recuerdo bien la mañana dominical que Oviedo amaneció con verticales franjas pintadas de amarillo para la educación del peatón al paso por los cruces con multas a los infractores de la enormidad de una peseta, semejante en aquellos entonces a no lucir corbata en la calle Uría. Amenazas económicas que no debieron, casposos bandos de alcaldía aparte, materializarse nunca. En otra emoción contagiosa, la pregonera se preguntaba si alguien recordaba el kiosko de Gene en la Escandalera, trasplantado luego al Escorialín, donde mi padre me había suscrito a MARCA que llegaba con fecha de retraso pero colmaba apasionada lectura deportiva, en cuya remota dieta estaban todavía “la lucha libre” y su palmario “tongo”, el siniestro boxeo, el tramposo estilo español de jabalina, los toros, el patriótico desplante a Melbourne y un amañado enjambre de “critériums ciclistas internacionales”. Gene era pariente de Vicente Herranz, luego compañero de tantas fatigas, ovetenses y societarias.
Los tranvías eran también gualdos sin llegar al colorido que el novelista Julio Manegat, por los taxis, calificaba de “ciudad amarilla” a Barcelona, antes de Eduardo Mendoza o Ruiz Zafón.
La recuperación del tranvía tuvo hasta ahora suerte desigual. En Parla, tan cervantina, fue un fracaso gestor; en Valladolid sigue pendiente; en San Roque, evocado por la emblemática alcaldesa andaluza de París, de la que me trajo noticia Begoña Pérez para confirmar definitivamente que no éramos parientes…
El exceso de señalizaciones condujo a lo que el inolvidable Julio Gavito, anglófilo donde los hubiera, denunciaba:”o pasos de cebra o semáforos, nunca ambos salvo llamadas de intermitencia en globos lumínicos ad hoc”.
En el comienzo de Fruela había una playa de vías desde la que cansinamente, cuando tiraba de jardinera, el tranvía llegaba a la Plaza consistorial, todavía no llamada así. El sonajero del tranvía borraba el silente reloj de la Joyería Solís, hoy fachada de incierta rehabilitación.
El autobús de Traval, sin duda contaminante, aunque entonces apenas se valorase, lo cambió todo radicalmente. El novelista Manolo Arce me preguntó, extrañado, por un bus articulado que había sido pieza central de una buena novela en un jurado del que había sido miembro. En efecto, ese avasallador gusano gris resulta un exceso de nuestro paisaje urbano, no sé si prescindible.
Lejos quedan los tiempos de Conchita y míos en que eran leyenda un fallecido por atropello en la calle Toreno o Garrafundia, parecido en su tipismo topadizo al recién y tristemente desaparecido Manolín el Gitano, reclamaba vinazo “Catedral de León” para sustituir el fluido eléctrico de la catenaria. Antes de la guerra, Loredo Aparicio, ilustre abogado y político, también lector compulsivo, aprovechaba para caminar entre las vías del tranvía leyendo libros; don Alfredo Quirós lo habrá tenido entre su escogida clientela.
Si aprovecho el lapso tranviario no puedo por menos expiar remordimiento cuando soy  principal responsable, de hipotecar las posibilidades de la Estación del llamado Vascoasturiano sin que me salve la cualificada atenuante de los cuatro partidos políticos municipales, unánimes en la Comisión de Seguimiento del Urbanismo.
Conchita pasó por la balconada municipal con un mensaje de espiral mixtura entre Oviedo y la Cultura que bien merece relectura pasado San Mateo. Hay evocaciones inmanentes...

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Excelente homenaje a nuestra querida e imprescindible Conchita
Ella y Oviedo eternos. FF

Anónimo dijo...

Excelente homenaje a nuestra querida e imprescindible Conchita
Ella y Oviedo eternos. FF

Anónimo dijo...

Bravo por Dña.Conchita.M

Anónimo dijo...

te falta comprometerte con el tranvia que tan bien conoces de la Europa central,tan limpio y práctico.G

Anónimo dijo...

EN TURCO EN ITALIA DE ROSSINI,Sagi tiene la audacia de meter un tranvía en la escena del Campoamor