viernes, 22 de junio de 2018

LA BALESQUIDA 2018

¿SE LLAMARÍA ANNA LA MADRE DE LA REGENTA?


           "(...)nosotras hemos perdonado tu origen,es decir el de tu desgraciada  
             madre(...)"                 
                                                  La Regenta, capítulo V



Agustín Coletes, autoridad clarinista, ha resaltado la filiación italiana materna de Ana Ozores (1). Este aspecto excita mi curiosidad deductiva: apenas nadie de la inmensa tribu de estudiosos de Leopoldo Alas y sus obras se ha apoyado para la perorata en esa innominada mujer.

En la novela, en efecto, jamás se nos revela el nombre de la modista italiana, madre de la protagonista, ANA//Anita, que fallece en el parto de su hija. 

Esa falta de nombre y apellido puede carecer de importancia pero la figura ausente es determinante en el carácter de Ana, huérfana desde el primer momento de vida.

La educación de Ana fue encargada a las hermanas del padre, don Carlos, ingeniero, militar y lector empedernido como Genaro, o Jenaro, hermano mayor de Clarín.(2) Es muy posible que don Genaro compartiese también el interés y el gusto del personaje don Carlos por la sidra asturiana que servía en la tertulia de su biblioteca.

Ozores se muestra de un liberalismo militante, que le lleva al exilio viajero y a los amores con una extranjera, que no parece sea precisamente de la conservadora ideología de sus hermanas, Águeda y Anunciación, si bien estas son, a su vez, distintas en algunos matices de la soltería para los ecos narrativos.En la educación y administración patrimonial de Ana intervendría también un aya semi inglesa, hipocritona, cuya supuesta tolerancia británica equivocó a don Carlos.

Las tías mantienen cierto desprecio a la memoria de su cuñada, la madre de Ana, a la que simultáneamente desdeña la habladuría popular vetustense como "la italiana"; para agudizar más ese menosprecio hipercrítico, incluso insinuante, se pasa de llamarla "modista" a "bailarina" (4) con el significado casquivano que tendría en las lenguas viperinas, que tanto están presentes en la novela. 

La modista, que no bailarina, es también liberal, con liberación por el trabajo de costurera que la hacía quizá ajena, y víctima, del meollo de aquella pacata sociedad, auténtico protagonista coral en el genial relato clariniano. 

La idea igualitaria de don Carlos Ozores, por más que incoherente con otras notas de su personalidad, parece compartida por su esposa. Luego, muerta ella, considerado él "republicano, ateo, masón...", "que antes que loco hubiera valido la pena que Dios se lo llevase", la estrategia generalizada a imponer en Ana es hacer olvidar a su madre, depredación cruel que alcanza de forma incidental al mismo narrador, olvidadizo del nombre, por más que la presencia de la ausencia se note en la soledad de Ana, en su insatisfacción física con un marido envejecido, pedante y apasionado no de ella sino de la caza, en su refugio de la lectura y, luego, en sus trágicos amores y desamores, que son el nudo de la trama. Don Carlos sostenía infructuosamente que de vivir su padre habría respetado su decisión de matrimoniar con enlace desigual. 

Pudiera haber habido desigualdades de fortuna y vieja nobleza pero la madre de Ana era mujer trabajadora, que viviría humildemente aunque emancipada por su esfuerzo, de lo que deduzco hoy estaría entre las pioneras, partidarias de la igualdad, liberación que, por general atribución, logra el trabajo femenino. Pese a contradicciones que el narrador expresa, el de Ozores se muestra partidario a gritos de esa emancipación igualitaria y aplaude cada vez que en París una dama le quemaba la cara con vitriolo a su amante, (5) se supone, sin que Clarín lo escriba de forma expresa, en un acto de respuesta justiciera al maltratador.

Es, en cualquier caso, el gremio de la aguja y el dedal, con pequeños encargos, el embrión en el que se iniciaron, o lucharon, algunas mujeres liberadas, modistas y modistillas, dependientas de tiendas de paños, sastras, trabajadoras de talleres y fabriquitas textiles. Muy distinto al trabajo de unas señoritas, llamadas elegantes o  bien, que asustaba todavía en el XX a amplios sectores de la nobleza, como cuentan Constanza de la Mora ("Doble esplendor") (6) y/o Zenobia Camprubí, con la tienda/comercio de ambas en la madrileña Puerta de Alcalá(7).

La innominada madre de Ana fallece en el parto. Durante el siglo XIX, y aún en el XX, un problema teológico de primer orden es la opción que asistentes y colaboradores a cualquier parto deben tomar en favor de la criatura frente si fuera preciso a la vida de la madre. La ortodoxia era clara y rotunda en este punto. Entre la madre y el niño, el médico y/o la matrona, o simplemente entendida, debe optar si fuera preciso por la muerte, o el perjuicio, de la parturienta. Es un dilema que debió estar muy presente en las enseñanzas académicas de la época, no tan remota, condicionada por los prejuicios religiosos, e incluso ultrareligiosos. Son muchas las madres que fallecían a las consecuencias del natalicio mal venido. En el romanticismo la opción fue frecuente. Es bien conocida en la Asturias Occidental la leyenda eota de la Searila (8) y con carácter universal el novelón El Cardenal, best-seller de Henri Morton Robinson, (9) donde el personaje Stephen Fermoyle y su católica familia se enfrentan al dilema desde la más pura ortodoxia dogmática.

Un gran amigo, antiguo ginecólogo, L.Y.B, me dice: "La mujer era considerada un ser inferior, una de cuyas funciones insustituibles era la reproducción y por tanto darle hijos al padre padrino era prioritario, no la vida de la pécora. Si se daba el caso de tener que escoger entre la vida de la madre y la del bebé (hoy es excepcional esa opción) se elegía al bebé, sobre todo si era varón". Otro muy distinto me señala:"Un acto en sí mismo inmoral (causar la muerte de un inocente), no podía quedar justificado por el fin bueno perseguido (salvar la vida de la madre)"

Al año de la edición del segundo tomo de La Regenta, Alas vuelve a mostrar una madre que muere en el parto. Es en "Un paraíso sin manzana" con la referencia a la fallecida por un sobreparto de dos hijos gemelos.(10)

Sin que Clarín mencione para nada si hubo posibilidad opcional alguna, Ana se salvó mientras moría su madre, con lo que se habría cumplido la ortodoxia de haber concurrido la disyuntiva. Tampoco se aclara de forma definitiva con los gemelos del relato inmediatamente posterior.

Es normal, casi consuetudinario, que la niña reciba el nombre de la madre muerta. De haber nacido en la Italia de sus orígenes ese nombre de pila bautismal sería perfectamente Anna que en la grafía española pasaría a Ana, la Santa madre de la Virgen María, con festividad hogaño en el santoral del 26 de Julio. La castropolense Searila tuvo dos hijas recibiendo su nombre, Rosa, precisamente la segunda que coincidió con la muerte de la madre.

Los traductores Italianos de La Regenta, que titulan la obra como La Presidentessa, mantuvieron siempre el nombre propio y la grafía española de Ana, o Anita, lo que no hace, por ejemplo, Flaviorosa Rossini cuando suprime la tilde en Álvaro, Víctor, Águeda, Lábaro y otros términos que en su versión pierden la grafía acentuada. Para Fermín, sin embargo, conserva la tilde como hace con los nombres propios el otro traductor, Enrico di Pastena (11).

Sea lo que fuere, Ana y Anna son palíndromos, como también su original hebreo, Hannah.


(1) Coletes, Agustín."Clarín y las lenguas modernas: el caso de La Regenta" en Actas del Simposio "Clarín, un clásico moderno". Universidad de Oviedo/Imprenta Gofer.Oviedo 2001.
(2)Juan de Lillo, pariente por afinidad matrimonial de don Genaro, ha escrito un interesantísimo artículo (La Nueva España/28/8/2011) sobre la vinculación de esta gran personalidad a Salinas, donde fue anfitrión de sus hermanos y del llamado Grupo de Oviedo, gloria de nuestra Universidad. Su biografía y publicaciones en Constantino Suárez,Españolito,Tomo I(pags 102-108).Madrid 1936. De especial interés la obra de Andrés Osoro Hernández, "Genaro Alas, militar, ingeniero y periodista",prólogo de Ivan Lissorgues.KRK Ediciones.Oviedo.2006.
(3) Alas, Leopoldo, La Regenta,Edicion de J.M.Martinez Cachero.Ediciones Nobel.2013
(4) op.cit,capítulo IV
(5)op.cit.,capítulo IV.
(6)De la Mora, Constanza,"Doble esplendor", prólogo de Eleanor Roosevelt.Ed. Atlante, México, 1944. 
(7)Camprubí, Zenobia, Diario,Tomo I, pag.42.Alianza Editorial/La Editorial,Universidad de  Puerto Rico.Edición de Graciela Palau de Nemes.2006.(8)Cancio Donlebún, Javier. Conferencia inédita "Antonio Cuervo Castrillón: realidad y leyenda en la Searila"Casa de cultura de Vegadeo. 3/8/2017.En otras publicaciones se mantiene la leyenda de una exclusiva hija; ver así Mediavilla, José Luis,"Viejo romance en la ría del Eo".Prólogo de Víctor Alperi. HiFer.2012
(9)Robinson, Henry Morton, El Cardenal.GUILLERMO KRAFT, BUENOS AIRES.1959
(10)Alas, Leopoldo,"Un paraíso sin manzana", capítulo (sexto) de Clarín en la novela colectiva "Las vírgenes locas"(novela improvisada)E.Rubiños, impresor//F.Bueno y Compañía.Editores.1886.
(11)La presidentessa / 
 -- traduzione di Flaviarosa Nicoletti Rossini:
      -Unione Tipografico Editrice Torinese.1960
      -Giulio Einaudi/Stamperia Artistica Nazionale.1989
-- traduzione Enrico di Pastena:
    -La Biblioteca Di Repubblica.Roma 2.004.

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