sábado, 9 de junio de 2018

EL CIERVO

EL CIERVO MERECE PREMIO

En la Barcelona de 1966 conocí a Lorenzo Gomis, director de El Ciervo, una revista del cristianismo progresista a la que, con independencia de mis íntimos avatares ideológicos, he sido siempre fiel. Ahora, con su candidatura al Premio Princesa de Asturias, me percato que el equipo de los Gomis ha conseguido ser la publicación decana de la intelectualidad española. Más longeva que las entrañables  Revista de Occidente, que sufrió interrupción lacerante, y Cuadernos para el Diálogo que no resistió la consolidación de la ansiada democracia.
Cuando yo estuve con Gomis, creo que en la calle Calvet que no recuerdo bien si era su domicilio, social o particular, o quizá el de Maurici Serrahima, el venerable introductor a Proust, al que vi esa misma mañana que me resultó luminosa para siempre, Cataluña ejercía sobre los jóvenes demócratas una fascinación extraordinaria. Entonces, El Ciervo llevaba en los kioskos ya quince años, que eran muchos pero nada comparable con los casi setenta de hogaño.
Si algún sentido tuvo el maravilloso origen entre nosotros del Premio Príncipe de Asturias, ahora lógicamente Princesa de Asturias, es resaltar empresas tan admirables como El Ciervo.
 ¡Merece Premio!
Como sostenía Pascual Maragall debemos acostumbrarnos a superar la España radial con kilómetro cero en la madrileña Plaza del Sol. Gomis fue, y sigue siendo, mi entrada a aquella Barcelona abierta que lideraba la poesía hispana, la edición, la libertad, la tolerancia, el realismo mágico, la nueva canción…

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