miércoles, 10 de enero de 2018

Prologo al libro de Miguel Niño



AMELIA, TODO SIGUE IGUAL EN TU CIUDAD



Hubo tiempo que me llenaba el alma constatando cuánto de cierto había en la calificación marquista de "Oviedo, la bien novelada" que utilizaban en moneda corriente muy acerados críticos y exégetas literarios.

Era para muchos ovetenses una especie de juego excelso, abierto e interminable, añadir nombres a una lista que todos inician en la Vetusta de Clarín a la que siguen Pilares, Lancia, Dolores Medio, García Pavón, Jove, Sara Suárez Solís...A mí personalmente me parece imprescindible añadir a José Avello ("Juegos de billar") y a Fernando Fonseca ("Apabullante silencio extranjero"). Así las cosas un buen día me percaté que si este solar ovetense era tan generoso en narradores de calidad con temática urbana al fondo, la nómina de los poetas (Ángel González, Bousoño, García Nieto, Gamoneda, Víctor Botas, José Luis García Martín, Bello...) no se quedaba atrás.

Quise fundir, unida, esa diadema pero fracasé en el empeño. La literatura, y aún menos si cupiera la poesía, no se puede domeñar por el origen del natalicio a los caprichos y el entusiasmo desmedido de un político local.

Pero aquel esfuerzo en el esquematismo unificador no fue del todo vano. Con la colaboración de la comunidad escolar del Colegio de la Luna, fuimos poniendo en rodajas extraídas de un negrillo derribado por el temporal versos de nuestros poetas, añadiendo también a Pedro de Silva, Presidente que abandonaba sus funciones rectoras tras un impecable mandato de ocho años de admirable y sobria honestidad.

Pero la divagación no se me paraba tampoco ahí. La amistad con Miguel Niño me vino a reconfortar, inmunizando cualquier resquicio de desaliento, abriéndome un día sí y otro también, con el apoyo de la modernidad informática, el inmenso caudal de su versificación cotidiana. Esos, estos, poemas, con la amplia diversidad de espacios y sones, que he ido recibiendo con fecha y hora incluidas en la antefirma. Era el desahogo de mi amigo penando los dos años de su soledad marital. De la misma, en efecto mágico lateral que sólo consigue la buena poesía, levantaba mi ánimo a las estrellas parnasianas tal bebedizo maravilloso para la fusión sanadora, mixtura de literatura y vida cotidiana.

Oviedo, tierra acreditada de novela y poesía, en la que está con firmeza Miguel Niño con este tercer libro de madurez, evidente y encomiable.



 

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me gusta tu prólogo.S