jueves, 11 de enero de 2018

Los guantes


Trabuco, grotesco personaje vetustense, abusa, en un Casino que se mofa de sus frases campanudas y gestos esotéricos, de la utilización del guante como oferta de duelo, que luego, con ribetes trágicos, supondría la muerte del regente don Víctor Quintanar.

Salvando al autor de La Regenta el recurso al rito del guante no es tan frecuente en la narrativa hispánica como en la gabacha de los espadachines, aunque Pereda, tan amigo de Clarin, ya ridiculizaba, en una de sus obras, la perversa costumbre afrancesada.

Cuando se adentra el invierno siempre echo de menos los guantes del año anterior que tardo en encontrar. En realidad busco más afanadamente el de la mano derecha que me permite evitar el frío de las barandillas a las que me acojo para subir escaleras. El de la izquierda enferma, que muchos me ríen por mi denodada devoción política a la sinistra, sirve de menos por mi reducida sensibilidad en esa parte del cuerpo, afectada extrañamente en su control/descontrol por el hemisferio cerebral opuesto.

Mi hijo y los suyos, pese a los embates ya conocidos del temporal paralizante de la autopista, se decidieron a mantener previstas obligaciones viajeras. Poco que hacer por mi parte para ofrecerles gasolina, agua, bocadillos, abrigos...¡Mis guantes recién rescatados del año pasado! Marco los rechazó consciente de lo mucho que los utilizo en esta temporada pero se los dejé a José, mi nieto mayor, para que los escondiera y en caso de emergencia los diese a su padre al volante si fuese menester.

La tropa, matrimonio y cuatro infantes, hubo de refugiarse en Tordesillas, donde en su día se repartió el mundo conocido, para un nocturno y reconfortante alto en el camino, dormir y rellenar la cantimplora, que permitió seguir a la mañana siguiente el previsto plan viajero.

¡Ah! Tal intuía los guantes fueron utilizados aunque su destinatario desdeñaba la oportunidad en estricta semiología. Mi nieto, listo donde los haya, dijo que había metido mis guantes en el bolsillo en la precipitación de la salida de Oviedo creyendo que por la amplitud de las manos serían de su padre. "Gato blanco, gato negro, lo importante..." repetía el chino Deng Xiaping.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué vergüenza de país.S

Anónimo dijo...

Espero que tu hijo y los suyos hayan llegado bien.A.¡La que había montado en la A6IR

Anónimo dijo...

Amigo mío,se es padre hasta el último suspiro.Tus guantes cedidos ocultamente a tu nieto son la mejor prueba del amor paterno y un símbolo de la clásica alianza abuelo&minero frente a la vitalidad del padre.