domingo, 24 de diciembre de 2017

Presentación en el Club de La Nueva España del libro sobre acabo Sotelo y Europa

Calvo-Sotelo le parecía que la política era algo muy serio, por eso no sonreía"

"El marqués de la Ría de Ribadeo era un personaje interesante y desconocido que trabajó por el proyecto europeísta", indicó el profesor de la Universidad de Valladolid

24.12.2017 | 03:01
De izquierda a derecha, Jorge Lafuente del Cano y Antonio Masip Hidalgo. 
Leopoldo Calvo-Sotelo (Madrid, 1926-2008), marqués de la Ría de Ribadeo y presidente del Gobierno entre 1981 y 1982, estaba convencido de que España entraría en la Unión Europea (entonces Comunidad Económica Europea) durante su mandato. Usaba como argumento los plazos del calendario de negociaciones que había seguido Inglaterra y pensaba que España iría por la misma senda. No fue posible, y el ingreso, solicitado en 1977, fue rubricado años después por el primer Gobierno de Felipe González, con el asturiano Fernando Morán, su cuñado, al frente del Ministerio de Exteriores. Lo explicó en el Club Prensa Asturiana de LA NUEVA ESPAÑA el ovetense Jorge Lafuente del Cano, profesor de la Universidad de Valladolid, autor del libro "Leopoldo Calvo-Sotelo y Europa. Historia de una convicción política y económica", que ahonda en la dimensión europea del mandatario a partir del estudio de documentos del exhaustivo archivo del político, al que Lafuente pudo acceder con el beneplácito de la viuda y los hijos de Calvo-Sotelo. El ingeniero de caminos, que antes de llegar al servicio público ya hablaba idiomas y conocía los países del Viejo Continente, "luchó de verdad por la entrada de España en el club europeo", recalcó el investigador. "Es un personaje interesante y desconocido en nuestra historia, que hubiera sido un político perfecto para el siglo XIX, cuando el marketing, que no le gustaba nada, no era tan importante", agregó. 
En 1978 Adolfo Suárez nombró a Calvo-Sotelo ministro para las Relaciones con las Comunidades Europeas, un departamento nuevo, sin cartera, que funcionó hasta 1981, cuando él mismo lo disolvió. En el grupo inicial de la llamada "Trinidad" (en referencia al palacio de la Trinidad, sede del Ministerio) había jóvenes funcionarios de la Administración y destacados militantes socialistas, como Pedro Solbes y Carlos Westendorp. Otro de los puntales del grupo fue Matías Rodríguez Inciarte, presidente de la Fundación Princesa de Asturias. 
"A Calvo-Sotelo le parecía que la política era algo muy serio, por eso no sonreía casi nunca. A pesar de que no tenía carisma, fue prototipo de hombre de la Transición, un profesional que se dedicó a la política tras haber sido empresario; no un profesional de la política como muchos de los actuales", indicó Lafuente. Una de sus luchas fue conseguir que Suárez visitase con más frecuencia Bruselas, algo que el primer presidente de la democracia, al que sí le gustaba desplazarse a América, hizo sólo una vez. El investigador, que encontró un "material desbordante" en el archivo, perfectamente ordenado, aseguró que el expresidente, que vivió el 23-F y firmó la entrada de España en la OTAN, jamás consideró que la Transición tuviese que ser perfecta. "Pensaba que había sido positiva y mejorable, con el consenso como pilar fundamental".
"Calvo-Sotelo tuvo una especial dedicación a Europa y al europeísmo", recalcó Antonio Masip, eurodiputado del Grupos Socialista entre 2004 y 2014. Masip lamentó el escaso reconocimiento que recibió Calvo-Sotelo entre la izquierda. "Los valores europeos se labraron con mucho esfuerzo en España y es de justicia afirmar que el político de la UCD fue uno de los que más trabajaron", añadió. El libro de Lafuente es, a su modo de ver, "una valiosa referencia para las próximas generaciones que estudien la historia de España, con aportaciones que arrojan luz sobre la personalidad de Calvo-Sotelo".

3 comentarios:

Anónimo dijo...


Jorge Lafuente del Cano y Antonio Masip no me son ajenas en lo personal, en lo cercano. Jorge, casi desde el momento de su nacimiento. Antonio forma parte de mi entorno, en lo personal y en lo político. Las magnificas chaquetas austriacas que mi hija llevaba, estuvieron todas, tejidas por su tía Pilar a la que tanto quise. Hoy han presentado personas tan queridas para mi este libro. No he podido asistir, pero me han dicho que ha sido un lujo escucharlos a ambos, y no tengo la mas mínima duda. Grandeza cultural y grandeza de espíritu. Dos luchadores a los que quiero profundamente y admiro. Jamás el amor me ha cegado ni en este caso lo hace: os recomiendo el libro, es magnifico. Conocer España conociendo a las personas que rigieron su destino, hoy es mas necesario que nunca. Felicidades a los dos, os quiero y os admiro.Susana

Anónimo dijo...


Hay personas que no despiertan el interés de la ciudadanía. Un ejemplo es Leopoldo Calvo-Sotelo. A mi siempre me llamó la atención su figura, tan olvidada. Jorge Lafuente del Cano la ha rescatado del olvido con un magnifico trabajo que hay que leer por necesario. La presentación de Antonio Masip un lujo. Pocos seres tienen miles de libros en su casa y menos aun esos libros tienen anotaciones... Felicidades.S

ANTONIO MASIP dijo...

Además de elogiar a Leopoldo y al autor no quise olvidar a Matías Rodríguez Inciarte, amigo de la infancia ovetense,y a Luis Sánchez Merlo, compañero de Universidad y Colegio Mayor en Deusto.Luis, al que se cita en el libro,merece también reconocimiento y sabe de Leopoldo y ese decisivo periodo muchas cosas a no olvidar.Fue terrible el giscarazo y la insistencia del Ministro francés de A.E.,Jean F. Poncet, como me contó Luis, sobre que el terrorismo etarra era asunto exclusivo de España.