viernes, 15 de diciembre de 2017

Llevar mantequilla a Francia


Fue, en su tiempo, muy usada la expresión de llevar hierro a Bilbao, como ilustrativa de lo inútil y hasta imposible o absurdo. El aforismo llegó a vivir más en el lenguaje popular que la producción de las exhaustas minas vizcaínas.

Desde muy niño mis padres, en exigente imposición que siempre agradeceré, me hicieron pasar los veranos en internados franceses y algunos intercambios, todavía infrecuentes en la pacata y empobrecida sociedad española, muy anterior al Erasmus de Manolo Marín. Uno de los alicientes colaterales de aquellos estíos era topar con la mantequilla salada y el yogur que eran aún desconocidos en mi dieta familiar e, incluso, con inmensas cantidades de la mantequilla misma que se utilizaba también para las frituras. La mantequilla como tal ya se industrializaba en estos lares por la querida familia Arias, que utilizaba "Flor de Asturias" como una de sus marcas y uno de cuyos éxitos fue instalarse en Oviedo a pie de ferrocarril. Había también suministradores aldeanos que distribuían en la ciudad deliciosas mantecas entre hojas/fueyes de berza y un rudimentario dibujo, o simple señal, en el lomo de la deliciosa pieza amarilla.

Francia estaba mucho más adelantada para mis adolescentes entendederas. 

Años después, al iniciarme en la carrera universitaria llamada Ciencias Económicas, manejé la mala traducción de un gran autor, James Henderson, y luego, ya en la denominada aún más pomposamente "Teoría Económica-2", los mecanografiados apuntes del hueso Profesor Castañeda. En ambos instrumentos, la mantequilla era ejemplo alternativo a la margarina por los ingresos crecientes de los consumidores.

Hogaño aquel maniqueo ejemplo no resistiría el papel de un gráfico académico o universitario. En cualquier caso, nada se decía del potencial excedentario francés que padecimos en la Cornisa Cantábrica durante mi personal participación en el primer gobierno autonómico. Alguna región había dado mal, por estúpida ocultación, las producciones precedentes a la comunidad europea y, no sólo por esa vejatoria cifra máxima sino por la espiral de un concurso de yerros y limitaciones se mal cerró el capítulo de la negociación láctea, con balance notoriamente desequilibrado.

Por la pura casualidad de mi presencia viajera en París el embajador Raventós, tan ensalzado por Tarradellas contra lo que pronosticaba de siniestro en Pujol, me invitó en 1985 a asistir al posicionamiento de todos los grupos parlamentarios galos sobre el futuro ingreso español en el club europeo. Los comunistas, liderados por George Marchais, y los populares, por Chirac y Couve de Murville, salvo Valéry Giscard d'Estaing y Raymond Barre, autor de otro de los manuales que dábamos en Deusto, se oponían, recalcitrantes, a nuestro país por los datos agrícolas y ganaderos competitivos que temían.

Con esos antecedentes me resulta sorprendente y muy grata la buena nueva de que la mantequilla astur tenga cuota de mercado francés y me hace sentir orgulloso de los que en nuestra tierra, con tantas dificultades, son capaces de semejante proeza de producción,  trazabilidad y ulterior distribución. Concurren un cúmulo de circunstancias sin duda, pero la visión empresarial astur, que no suele ser frecuente premio en la Gran Economía, ha resultado encomiable.

11 comentarios:

Anónimo dijo...

Tus padres con gran visión ya te hacían ver mundo y madurar. La vida con sus paradojas nos permite ver una parte de Asturias con gran potencial, pero la mantequilla en Francia, efectivamente es una muestra.
Abrazo.C

Anónimo dijo...


Efectivamente que la crisis de este año afectó duramente a la mantequilla. Mejor que duramente, favorablemente, porque ha conseguido que su precio se duplicara.
Aunque nunca fenómenos de este tipo se deben a una causa sola, es cierto que hay dos que han tenido mucha importancia en la escasez de la mantequilla: la sustitución del aceite de palma por mantequilla y el aumento del consumo en China.
No tengo a mano las cifras de consumo per capita, para ponerlas pero, sé que los franceses lo hacen en grandes cantidades, porque utilizan mucho en consumo directo y muchísimo mas en cocina y hostelería. Hablamos de cifras multiplicadas por 10 en cuanto consumos en España y Francia.
La utilización para sustituir al aceite de palma produjo un trauma en los mercados e hizo que todos los stocks de mantequilla se agotaron y ello arrastró a un aumento de precio de la grasa de la leche que se duplico en la primavera de este año, en comparación con un año atrás.
Consecuencia de ello, los franceses buscaron nata o crema o mantequilla donde pudieron y Paco Rodriguez, buen conocedor del mercado internacional aprovechó la circunstancia para introducirse en el país vecino. Talento vendedor del gran industrial asturiano.
Esto es todo lo que te puedo decir al respecto. Llevo ya 9 años fuera del mercado laboral lácteo y ya no estoy al día en precios y datos, sino solo tengo información general que se publica en prensa y algunos medios específicos, que sigo leyendo someramente.V

Anónimo dijo...

Antonio, tu de mantequilla sabes todavía más.Jm

Anónimo dijo...

Cambiaremos el carbón por la mantequilla? Es más ecológico, aunque en cuestión de subvenciones deben estar parejos.
Abrazos, J

Anónimo dijo...

En Aller la “mantequilla, manteca o mantega” también abundaba en los pueblos y mercados y los niños teníamos participación en el proceso de su elaboración ya casi desde el mismo inicio del ordeñe de las vacas. El producto final se envolvía más en fueyes de berza que en felechu (no quiero pensar que fuese porque en Aller había/hay “más berzas” que en Oviedo, cosa que, como recalcitrante allerano, me toca refutar con la firmeza de mi raigañu). La mantega se usaba mucho en las casas para añadir al café y al chocolate, para untar rebanadas de pan para la merienda, para la elaboración artesana de varios dulces como el “panchón” y otras recetas de cocina. No se solía usar casi nunca para freír. Con la mantega rivalizaba el unto que era/es grasa de cerdo (del cerdo muy gochu que en todas las casas había). Según opiniones médicas l.lariegas el uso abundante del unto en vez de la manteca es una de las causas no menores del colesterol hereditario de muchos alleranos (lo que me lleva a deducir groseramente que, si hay menos colesterol hereditario en Oviedo, puede ser porque los ovetenses consumían más mantequilla que unto, u séase porque había/ hay menos gochos).V

Anónimo dijo...

Muy buen articulo Antonio- el mejor que te recuerdo. Veras como mas lectores te lo diran! Un fuerte abrazo desde la gelida B

Anónimo dijo...

Me alegro!Mj

Anónimo dijo...

Grande,muy grande Paco.M

Anónimo dijo...

Muy interesante. Estoy en Malawi y encuentro Reny Picot en el supermercado.
I

Anónimo dijo...

Lo releí en lne, me gustó mucho. Un abrazo A

Anónimo dijo...

❤❤❤❤
S