lunes, 9 de octubre de 2017

CARLOS SIERRA


EL CAMPANARIO DE LOS CARMELOS

En mis intermitentes entradas hospitalarias he tenido ocasión de contemplar una soberbia imagen de Oviedo, alargada en su colina y cuestas adyacentes. Es visión relajante de Noreste a Sur.

No debe, supongo, diferenciarse mucho por ángulo geográfico de la que Carlos Sierra, nuestro genial pintor, habrá trabajado con su proverbial minuciosidad desde el cercano Naranco elevándola al Arte en su fabuloso "Oviedo,1999", 110x160. Fernando, primogénito de mis antiguos amigos Elías y Malusi, feliz propietario del lienzo, me ha permitido verlo y es, en efecto, una auténtica maravilla. Lástima que la reciente antológica del gran pintor no haya tenido por probable indolencia de sus promotores la repercusión que merecía en su ciudad.

El axial Oviedo Norte/Sur no tiene el trazo de las líneas estrictamente igualadas de Estocolmo ni lo pretende en su benéfica y dispar irregularidad pero, además del apego cunero, me ilusiona reconocer en lontananza alturas ocupadas.

La Catedral lleva siglos señoreándolo todo, antes y después del errático boom constructor. Los peregrinos se extasiaban ya desde La Manjoya gozando con la otra cara. Faustino G. Alcalde, en su Presidencia de la Caja de Ahorros, nos ayudó a iluminarla.

En tiempos del Mundobasket-86, Semifinales del Campeonato del mundo, hicimos una pegatina que hoy es curiosidad. Falta, desde entonces, en la trama el poste radioeléctrico o telefónico de la parcela de las Consejerías. El calatrava, que Gracia Noriega denostaba desde la cumbre naranquina, es en toda perspectiva pegote incomprensible.

Y reparo en una novedad que merece personal rectificación: El campanario de los Carmelitas, en Santa Susana, no queda tan mal como llegué a temer. Fue cuando iniciamos la movilización de las campanas para tañer en el momento que el actual Rey juraba la Constitución ante las Cortes en su mayoría de edad. Ya se había hecho con Isabel II. Con ocasión del juramento solemne de don Felipe los descalzos tenían su campanario inacabado y el revestimiento rojizo parecía un escorialín interminable. Tuvimos de aquella una pequeña polémica de la que cumple reconocer ahora que su actual funda blanca como la de un colmillo empastado queda bien vista encima de la francisca mancha verde. No estorba nada a la Catedral como hubiéramos lamentado en las trillizas que se pensaron temerariamente para la parcela de El Vasco.

En fin, nunca mejor dicho que metí la pata aunque fuera en una plática de las llamadas, por doble motivo, "de campanario"...El campanario de la intrascendencia y de los carmelos... Lo que sí merece la pena es Oviedo Norte/Sur y ese fenómeno contemporáneo que es Carlos Sierra

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