viernes, 13 de octubre de 2017

Acerca del premio a un equipo de rugby de las antípodas

El rugby de Rugby

Desde siempre el rugby lo asociaba en Oviedo a Rugby, Pepe Armas Díaz, cuando apenas se sabían todos los ritos de pasar el balón hacia atrás, retenerlo a la carrera, doblemente picudo y exótico, patadón para  ensayo penalty sin guardameta, el placaje, la melé...el tercer tiempo y varias otras prácticas.  Hay que citar a Emilio Cilleros, trubieco, jugador internacional del CAU de Madrid, que enseñó a Pepe, y, por ende, a la Escuela que hubo en el Colegio de los Dominicos.

Yo algo sabía de los internados franceses que recorrí de chaval pero con Armas pasé a interesarme por los deportes minoritarios en su variopinta expresión hasta llegar inopinadamente a Consejero de Cultura y Deporte en el primer gobierno autónomo. Cuando me propuso el Presidente Rafael Fernández, que primero me quiso en Urbanismo, omitió decirme lo de Deporte, para lo que, perdido en la burocracia y en esquemáticos saberes del tenis y el Marca, hube de recurrir a Emilio Martínez Mata y Pepe Armas, que me ayudaron grandemente. 

Pepe, además, en compañía de varios veteranos (A.Alonso, Campa, Buri, César y Pepón de Villaperi, Muñiz, Paulino...) los armeros César González y Fernando Valle y Avelino Cadavieco, de Latores, y Lolín de Olloniego, se puso a trabajar, contracorriente, mi candidatura a las primarias de la Alcaldía de Oviedo, en cuya lista le llevé en el puesto clave para la mayoría absoluta; quimérico objetivo, error común de nuestra primitiva cultura política o sistema, en el que seguimos empeñados. Acariciamos ese espejismo sin obtenerlo en aquel lejano 1983.

De la misma, Armas me mentalizaba de las virtudes del rugby, en el que también me alentaba Isidro Martínez Oblanca, del Club Pipol's, hoy diputado en el Congreso de España.

El rugby era marginal en Oviedo, y menos en Gijón, pese al generoso esfuerzo de la población de Tudela de Agüeria, la cervecería Prost, la importante incorporación directiva sucesiva de Tomás Lago, Nicolás Arganza, Enrique Casares, Xabito Guerediaga y Jaime Martínez, que lo habían practicado en la Complutense, y aún el refuerzo de su instalación naranquina.

Cuando propuse la incorporación del Deporte a los Premios Principe de Asturias la iniciativa se orientaba, sobre todo ante el reto de Barcelona-92, a las especialidades olímpicas. De ahí que estrenásemos con Sebastian Coe, y teníamos en recámara alternativa al cubano Juantorena. Sin embargo, ya de aquella emblemática edición inaugural, el Rey Juan Carlos se me quejó que no hubiéramos tenido en cuenta a Ángel Nieto, ahora tristemente desaparecido. En la segunda edición se coló Sito Pons, si bien a mí me sigue resultando negativo semejante guiño a la influencia determinante del motor, para los que hubo luego también otros premiados muy populares. Hoy el premio se ha consolidado en toda su diversidad, pacifismo y universalidad.

La Fundación Nobel, contemporánea de Coubertin, no captó la importancia de equiparar el deporte a la literatura, la investigación científica, el arte, la comunicación o las ciencias sociales, lo que ha logrado con nota la Fundación principesca asturiana.

Ha sido muy discutida ahora la oportunidad de un equipo de rugby de nuestras antípodas. En cualquier caso me presta el seguro impulso al rugby fuera de sus límites. Sin duda en esta historia local está Rugby, es decir José Armas, al que estoy reconocido.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Dos de mis nietos juegan rugby.F.

Anónimo dijo...

Lo he disfrutado enormemente y lo he difundido. A

Rugby dijo...

Gracias Antonio por tu reconocimiento. Rugby.

Anónimo dijo...

Recuerdo bien tu apoyo desde la Conserjería.Saludos.I

Anónimo dijo...

Ya sabes mi opinión contraria al premio y gasto de este año.L.

Anónimo dijo...

Nunca olvidaré lo mucho que nos ayudaste.M