sábado, 23 de septiembre de 2017

Sabatina en lne/oviedo

Con vistas al Naranco

De la Escandalera al puente de Arnhem

La visita de Arnaldo Otegi a Barcelona

23.09.2017 | 02:46
De la Escandalera al puente de Arnhem
No hace falta que odies, otros odiarán por ti
Buylla, J. B. "Celda 42"
En los llamados años de plomo etarra, a mi querido tío Rogelio, marino e ingeniero electrónico, formado en Stanford, California, que ocupaba destinos civiles de la Armada y las comunicaciones internacionales, le tocó rotar por la Comandancia Marítima de San Sebastián. Algo sabemos, y no olvidamos, y no sólo por un caso ni por mirar diariamente los bajos del coche, o, aún, la bomba incendiaria de los, entonces mozalbetes, "guerrilleros de Cristo Rey", sobre lo ocurrido en aquellos entonces del terror, cuyo mal sueño superó la sociedad española. Lo que no quita indignación contenida contemplando cómo v.g. Arnaldo Otegi, líder de los restos de la antigua banda, es invitado por CUP, emulando a Agatha Christie, a volver al lugar del crimen de las Ramblas. En menudo lío, a la altura irracional del "Brexit" o la provocación de Pyongyang, nos meten ahora por torpeza y / o mala fe tras la mentira de "¡España nos roba!", que apenas alguien cree. 
Mi tío, nada más llegar al destino donostiarra, en el que habían asesinado a su predecesor, una tarde de chirimiri, vio salir de las dependencias castrenses a un soldado con paraguas que quebraba la uniformidad. 
Ahora he visto el fotograma de un oficial aliado con paraguas en la fallida toma del puente de Arnhem sobre el bajo Rin. La película fidedigna, "Un puente lejano", es de Richard Attenborough, cuyos padres refugiaron a Lucio, mi consuegro, tras el bombardeo de Guernica. 
Además de circunstancias históricas y familiares las situaciones pintorescas dan para memorar. En el mismo reportaje del emblemático puente holandés un paracaidista saltó con mascota, una gallina, que recibiría luego honores fúnebres. 
En México conocí a Antonio, "Antonín", Llaneza Jove, hijo del legendario Manuel Llaneza, pariente del presidente Javier Fernández, que se sorprendió viendo en su mismo bando de los revolucionarios, en la ovetense plaza de la Escandalera, ametralladora en mano, a un desconocido vestido impecablemente de elegante tarabica al abotonado cuello. Era el primer día del enloquecido Octubre del 34, del que públicamente se arrepentiría Indalecio Prieto, y se trataba de un viajante catalán, con carné de la CNT, que, sin saber lo que sucedería, coincidió que iniciaba recorrido profesional por los comercios ovetenses. 
Como tal anécdota intrascendente, olvidada; la inmortalizada por el muy solidario Attenborough, también desconocida hasta su reciente recuperación plástica.
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1 comentario:

Anónimo dijo...

Muy bien.S