viernes, 1 de septiembre de 2017

Acerca de "El desván de los vencejos azules" de Celso Peyroux


VENCEJOS AZULES

Círculos//de gaviotas se agitan en el aire//piensan//sin duda huir al interior.
V.Botas


Un par de mañanas una gaviota ha picado audiblemente en mi ventanal al San Francisco. En esa proximidad mi mujer ha colocado flores moradas de tela. ¿Semejante a la tramposa beldad de la mosca deportivo salmonera? La gaviota, más imagen del  pintor Luis Fernández que de Aristófanes o Hitchcock, insiste contra los cristales embrujada por el soleado trapo, o-¿por qué no?- por sublime estética. ¿Si colocase mi panamá, a la manera de Eduardo Arroyo/Úrculo, se produciría el efecto espantapájaros?. Un personaje de Dikens estaba dispuesto, fanfarrón, a comerse su sombrero; mi gaviota solo floresta inaccesible. Tampoco abro ventanas tal anhelaba Kavafis, pues el pájaro huiría.

Recojo de mi amigo Duque Amusco: Vamos tras un señuelo toda la vida; en eso se basan utopías y sueños inalcanzables. Acuérdate de la "flor azul" que Novalis deseaba encontrar. ¡¡Y es mejor, mucho mejor, que nunca la encontrase!!. 

Novalis influye en el Wagner nibelungo; sus preocupaciones se funden en ¡flor azul!

Le pasó a Cunqueiro, casi contemporáneo nuestro, "Azul a flor, o cheiro, azul o día". 

Mucho prestaría que Lucio, mi nieto de recientes cinco años, percatase, regalo panteísta de cumple, este fenómeno visual, en pleno colorido del verano. La mente vuela a pigmentos traspuestos de Celso Peyroux en su memoria onírica de antiguo niño inquieto: ¡vencejos azules! Los lanzallamas del Marte de Orson Welles/La guerra de los mundos eran igualmente azulados. Y antes del yerro cromático, el de la especie: no golondrinas sino vencejos. Prosa del cronista de Teverga en los bordes de Julio Verne, donde pájaro luminoso, azul brillante, guía al fantástico narrador de Viaje al Centro de la Tierra. 
El azul se vinculó a Asturias, traído desde Afganistán a Noega para quedarse. Fue la sensibilidad de un exquisito patricio para su mansión palaciega de Chao San Martín.

"La  gaviota" era periódico mecanografiado que yo dirigía en 1956, con diez años. El título de ave costera habrá sido de mi padre, que tecleaba mis pinitos sobre política francesa, el Tour y, aún, la inoportuna  conmemoración del veinte aniversario de un tal Calvo Sotelo. Mi progenitor sorprendía, o eso buscaba, a las visitas, obligadas a escucharme. La gaviota era coto vedado de Salinas, San Juan de Nieva o San Balandrán, y luego la ría del Nervión, hasta que, en mi tiempo de Alcalde, don Emilio Olábarri, campechano último Magistral, al que debo la filtración de la maniobra para que Juan Pablo II no visitase Oviedo, me abordó en su queja antipajarracos.

Don Emilio quería terminar con gaviotas y palomas que embadurnaban la torre de la Catedral. Docto y bondadoso habría atentado contra los linajudos ancestros -¿Espíritu Santo incluido?- de esta gaviota, despistada no por los puntos cardinales de la paloma de Alberti sino con la magia de fingidas flores.

Los equívocos vencejos de plumaje azul...mis flores ciertas en incierto impresionista capullo de baño morado...

5 comentarios:

Anónimo dijo...

en cuanto a Las gaviotas, de acuerdo
yo hubiera puesto la estrofa entera de Cunqueiro
los tres Versos forman una unidad
un todo
uno solo, me pareció cojo
que falta algo para estar completo.M

Anónimo dijo...


Muy poético y muy guapo
M

Anónimo dijo...

Precioso artículo, querido Antonio, …Ojo con las gaviotas, son inteligentes y voraces. Mejor tenerlas – como a otros muchos pajarracos- lejos en el horizonte que cerca en el ventanal A

ANTONIO MASIP dijo...

Hay alguna leve diferencia entre este texto y el de lne/oviedo

Anónimo dijo...

Me ha llegado volando tu vencejo azul y me ha gustado mucho. Te lo agradezco. Tenía razón el húngaro Sándor Marai al decir que ya venimos hechos al mundo y somos como somos desde el primer momento. Tu encantador periódico "La gaviota" lo confirma.
A