viernes, 18 de agosto de 2017

Sofía Loren e Ionesco

Sofía Loren e Ionesco

Alguna vez escribí sobre Catherine Deneuve y un ratón que subía por su media blanca hasta que ella misma, impasible, con oportuno azucarillo le cambió el rumbo. El ratón acarreó su abalorio sin sobresalto humano. Con Sofía Loren coincidí también en un par de ocasiones pero, creo, nunca lo narré. 

Me alegra enterarme de lo que pudo ser motivo de conversación: La Loren es fan de Ionesco y de su Cantante Calva. Otro icono de la beldad, Marilyn Monroe, lectora cultivada, prefería a Samuel Beckett, que disgustaba a Eugène  Ionesco, con el que disputaba incierta atmósfera onírica y disparatada. Algo significaría que Miller, Montand y Capote estuvieran en la órbita intelectual de Marilyn.

Sofía/Sophia en toda su proverbial elegancia, incompatible por mis sueños despiertos con la mera nominación de cantantrice chauve que ni es cantante, ni calva ni aparecee jamás en escena. A Sofía Loren la tuve enfrente en una mágica noche castellonense. Esplendorosa siempre, se mostraba cansada, sentada en una máquina de esmaltes cerámicos, piernas cruzadas y zapato de leve tacón sostenido por la puntera con su dedo pulgar izquierdo que lanzó hacia arriba para recogerlo en el aire con la diestra. Si se tratara de un trasgu, Luz Pontón, escritora asturianista, sostiene que habría utilizado la manzorga, o mano izquierda. Aquellos zapatos destalonados, pura comodidad y estilo, se llamarán mules en la moda avant la lettre del nuevo milenio, a punto entonces de iniciarse.

Sigo perplejo con aquella imagen de Sofía en una fábrica como ante La cantante calva, que lleva representándose sesenta años ininterrumpidos en un pequeño teatro del Quartier Latin. 

Recuerdo a Sofía, esta vez con motivo de Ionesco, por cuyos estudios de la Universidad de Oviedo hace años se interesaba una gran compañera euro parlamentaria, María Badia i Cuchet, que ahora se afana en el enloquecido, egoísta, reaccionario y encubridor de impunidades gang de Juntspelsí/trespercent.

En fin, surrealismo sin la Loren...¡lo más genuino del Teatro del absurdo!. Lo siento por víctimas inocentes del siniestro Dr. Pujol, del que me era inimaginable su abyecta podredumbre moral y el generalizado latrocinio, ¡¡complotado con toda la familia!! 

El Ionesco que, en su acento del sin sentido, nos interesaba a Sofía, a María y a mí era-es- otra cosa.

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