martes, 29 de agosto de 2017

Homenaje a don Luis Legaspi en Castropol con Felix Caicoya,M.A.Monteavaro,Víctor garcía de la Cincha y Javier Gómez Cuesta

Homenaje a don Luis Legaspi

Castropol 28/8/2017/Fundación Ría del Eo

Estimada Alcaldesa en funciones, miembros de la Fundación, querido Félix Caicoya..

José Francés, antiguo académico de San Fernando, asturianista injustamente olvidado, sostiene en sus ficciones que la marea y la resaca devuelven vivos a los no ha mucho tragados por la mar.

Desapareció de entre nosotros en Oviedo, su ciudad y la mía, pero pudo
haber sido aquí, entre la calima de hoy mismo, alejándose poco a poco en estas quietas, que no mansas, aguas.

Era consustancial a este paisaje, me lo recordaba anoche su colega don José Luis, párroco de San Isidoro, el San Isidro clariniano, donde tantos años fue coadjutor y ya le conocí como tal en los cincuenta.

Don Luis era alma generosa y de una entrega coherente a su Fe en la que preservó pese a lo mucho que vivió, aquí primero, testigo directo o de referencia, de los primeros crímenes bélicos y luego de otros genocidios en el ancho mundo y ajeno, que habría dicho Ciro Alegría.

Como delegado de misiones trascendió la azarosa vida parroquial para afrontar no solo una pesca de almas vocacional sino la necesidad de introducir una esperanza sanitaria para pueblos que se perdían en la falta de recursos y en las guerras tribales incomprensibles por nosotros, aunque lo más incomprensible es siempre la intervención, o la pasividad, de los antiguos colonizadores que tienen gravísimas responsabilidades en el genocidio sufrido en la espiral usus/tusis.

Decía que podía haber desaparecido como navegante solitario entre nieblas, como cantaron Ricardo Wagner o Ernst Hemingway.

Sí, en efecto.

Pero bien me gustaría que le esperáramos en este trozo de su paraíso donde conoció a don Vicente Loriente, y pasaron sus miradas poéticas Cernuda, Dámaso Alonso o Cunqueiro, con un librito, querido Félix, querida Fundación, donde se espiguen sus pensamientos de castropolino irredento.

Por cierto, noten que se hacía llamar así, castropolino, y no el habitual gentilicio de castropolense que son ustedes y también los que lo somos estivalmente.

En mis constantes saltos entre vida y pública de toda mi vida, recibī en mi tiempo de abogado, el curioso encargo de un dictamen, mejor opinión, sobre el uso de una multinacional española del genérico para designar no un producto sino la marca propia. Eso terminó no muy bien de aquella cuando a otra firma que sí lo había obtenido se le asoció al vicio de asbestos con lo que se diluyeron semejantes incursiones en el diccionario de la lengua, que es imposible domeñar, y bien lo sabe don Víctor,incluso para los mismos académicos.

Espiguemos, palabra no sólo tan vinculada al léxico bíblico o de esta bendita tierra medieval de Entrerríos, sino al propio uso frecuente de nuestro castropolino universal.
Por mi parte tenía un café comprometido cada elección, a la que últimamente fuimos tan aficionados y frecuentes hasta el abuso los españolitos de a pie.

Fui amigo y abogado de don José Maldonado Residente de la Republica en el exilio. Don Luis, que valoraba la bondad de don José, me participó su amistad con el General Herrera, presidente a su vez del gobierno republicano en ese lacerante exilio. Don Luis llevó en ese dos caballos a que alude don Víctor al General, entre París y Bruselas, sorteando en su heterodoxa conducción, supongo, los gendarmes franceses y la policía federal belga.

Me lo contaba en los cafés-descafeinados por prescripción médica- que nos tomábamos para desayunar tras su voto en cualquiera de las elecciones, que ahora son tan frecuentes. Él era el primer votante,yo el ultimo como interventor. Don Luis bajaba de su piso en Porlier al que aludió don Javier en su excelente homilía. Yo conocía perfectamente el resultado de esa urna con mucha aproximación.Hubo una vez que no fue el primero en votar, pues cuando llegó a la hora temprana de siempre ya había una cola de catorce chavales y chavalas que no habían dormido y querían votar.Fue en Marzo de 2004 y le dije a don Luis que iba a producirse un vuelco en las encuestas electorales.Se sorprendió de mi seguridad en semejante dato en el que acerté.

Esta misma semana dios mediante son las fuertes mareas de San Agustín con sus correspondientes resacas, que decía José Francés, traje pues conmigo unos prismáticos para desde la Atalaya de San Román tratar de ver si don Luis llega inopinadamente también.Mi casa está ahí enfrente como en la trasera de San Isidoro recordaba ayer que un boticario a primeros del veinte, traspasaba su establecimiento "enfrente de la Estación del Norte" por más que la separasen las largas Uría y Fruela. 

Sé que un alma tan grande como la suya está obligada por su nobleza y bondad a reaparecer en cualquier momento.Tengamos para entonces espigada su obra escrita de castropolino.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Buena persona, casi siempre me llevé bien con él.
Abrazos.A

Anónimo dijo...

Me alegró que tuviera un homenaje en su pueblo.
Un abrazo,
T

Anónimo dijo...


He releído tu LA NEUTRALIDAD DE HUGH THOMAS y me ha encantado. Escribes muy bien. Claro y breve.

Abrazos,
E