viernes, 28 de julio de 2017

Acerca de la Libreria Ojanguren



DESAPARECE, DICEN, OJANGUREN AUNQUE NO ME CABE CREERLO.

Mariano Abad, compañero de aventura europeísta, me mentaliza que Ojanguren, su segunda casa, desaparecerá. 

Puede ser aunque no quiero creerlo.

Antes, mucho antes de nosotros, fue de Cipriano Martínez, y primero de Juan Martinez y de su viuda, donde Clarín depositaba colaboración diaria para la prensa madrileña. Eran los Paliques, título que ridiculizaba, o pretendía desvalorizar, Umbral, tan buen escritor como desmedido iconoclasta. "Juan Santana"- prosa perversa, Casariego dixit- tuvo el acierto de dedicar ingreso en IDEA a las librerías del XIX.

Alas bajaba por Peso desde la Puerta Nueva pasando por las casas natales de sus adolfos, Posada y Buylla, e Indalecio Prieto, las de crédito de Masaveu y Herrero, Vista Alegre, el Caserón de Agüera, la capilla de la Magdalena, los paños de don Cirilo Pérez Ayala, la joyería Álvarez del Río, las consistoriales, la trasera del Español, donde algún día se toparía con Valero de Urría, su colaborador en la traducción de Zola. Clarín era afamado impuntual por lo que los comerciantes no pondrían en hora sus relojes tal sucedía con Kant en Könnisberg. Un sucesor mío ha escrito, como hipérbole, que determinado canónigo hubiera merecido inmortalizarse en La Regenta sin darse cuenta de que el Cabildo no sale bien parado en la gran novela.

Ojanguren, entonces por tanto Martínez, tendría probablemente el mismo escalón de la entrada con el que Alas habría tropezado más de una vez, como me aseguraba de Tenesse Williams un librero neoyorkino en su no menos sabroso establecimiento, plagado de anécdotas.

Era aquel entonces krausista el mejor instante de la Universidad, como dijeron Santiago Melón y Joaquín Costa. Pero hay otro tiempo menos ensalzado por su mugor ambiental y cercanía, los años cincuenta y un poco más, donde coincide Alarcos y su proyección de Ángel González u otros poetas no ovetenses (Blas de Otero, José Ángel Valente...). Se habla mucho de las revistas Cuadernos del Norte y Clarín, pero cómo se alcanzó, por ejemplo, el nivelazo de Archivum o de los estudios en torno a Feijoo, Casal y el siglo de ambos. Sin Ojanguren no hubiera habido difusor cultural de envergadura.

Un tiempo de transición fue propiedad de Bernardino Maside, funcionario de la Universidad, que giraba a nombre de su esposa "Enedina F.Ojanguren,sucesora de Cipriano Martínez". Maside era topadizo en la tertulia del Florida, hoy Reloj de Porlier, cerca de la entrañable librería, casa natal de Dolores Medio por medio. También fueron asociados, por probable pura pasión bibliófila, Pepe Serrano y Guillermo Estrada.

Cuánto he sentido antaño la desaparición de Gráficas Summa, con cuyo escaparate te deslumbrabas encendiéndolo por curiosidad nocturna, de don Alfredo Quirós y su tarabica de liberal irredento, de Santa Teresa("Santa Teresa,mon amour", capítulo de uno de mis libros), o la fugacidad de Atenas...Vale con que Cervantes sea una maravilla reactualizada por Conchita, que Santa Teresa también se haya remozado con mixtura cafeteril, cuyo modelo original acabo de ver en Helsinki/Alvar Aalto, con que sigan Polledo, Valdés y Maribel, para sentir, sin embargo, muy dentro el inminente deceso de Ojanguren.

Además de Julio, inolvidables me son Rafael, José María y el gran Ricardo Cepeda...Evoco a Cepeda, en sus característicos boina y gabán, cerrando en Arzobispo Guisasola su permanente catálogo, cuando nadie soñaba internet. Por allí paraba los sábados Antón Rubín, del que apenas alguno recordará tras írsenos Nacho Ruiz de la Peña("). 

Ignacio Gracia Noriega resaltaba el gran valor de la revista radiofónica dominical Fenestra Universitaria finalizada con abrupto atentado fascista en 1963. Antón, tan derechoso él, había sido crítico implacable de esa vanguardista iniciativa pero fue, nobleza obligaba, el primero en lamentar la pérdida cultural.

En la vecina Lugo hicieron de la misma tacada dos objetivos de la Unesco: rellenaron de libros los huecos de la muralla; aquí la familia Rojo Castillo se había adelantado a su manera ampliando su show room junto a los vestigios de la delimitación medieval de Alfonso X.

Mariano llama segunda casa a Ojanguren, como habrían hecho los Sela, Prieto, Caravia, Galmés, Juan Uría, el Deán Arboleya, Gendín y tantos, incluso inolvidables fugaces tal Clavería, Codoñer, Baquero, González Campos, Elías Díaz... que no sintieron este amargo trago que no soy a creer. 

En Viena atribuyen a Francisco José, el viudo de Sissí, lamento de su longevidad que permitía ver "fachadas céntricas con ventanas sin pestañas". Supongo que Abad tampoco habría deseado constatar el fin de la librería clásica. Es el atípico desahucio moral que nos deshabita. Puedo jurarlo sin faltar en absoluto al precepto bíblico de la vana invocación.

(")Me consta que Ruiz de la Peña fue legatario de su testamento ológrafo sin que hubiese ejercitado su derecho a retirar cualquier libro de Historia que le interesara.
www.antoniomasip.net

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Ojalá no cierre.A

Anónimo dijo...

Me alegro que evoques esta pérdida tan sensible. Supone un nuevo hueco en la muralla en que se asienta.
Cuanto recuerdo la ejemplar librería de Helsinki que mencionas.A

Anónimo dijo...

Muy guapo.P

Anónimo dijo...

Muy guapo el artículo sobre la Librería Ojanguren
Lo archivo

M.

Anónimo dijo...

Será una gran pérdida
M

Anónimo dijo...

Antonio:
Muy bueno tú “Ojanguren”. I

Anónimo dijo...

Desgraciadamente Ojanguren cierra en Septiembre y hace varias semanas que ha dejado de recibir novedades. Los negocios de libros no dan para vivir y casi no hay autores que vivan de los libros que publican. Es una sociedad líquida.

Salud L

Anónimo dijo...

Tan deliciosos artículos a los que nos tiene acostumbrados , ingeniosos y algo heterodoxos. Un fuerte abrazo en el caluroso estío. S