lunes, 24 de julio de 2017

Acerca de El desván de los Vencejos Azules

VENCEJOS AZULES

La gaviota ha sido para mi una obsesión
Gabriel Celaya

Por un par de días consecutivos una gaviota, que presumo es la misma, ha picado ruidosamente en uno de los cristales de mi ventanal que da al San Francisco. En esa proximidad mi mujer ha colocado flores moradas de tela sobre una maceta, también de imitación. Esa gaviota parece insistir atraída por el colorido soleado del trapo y su falsa creencia quizás de avidez alimentaria, o-¿por qué no?- simplemente estética.

Mucho me gustaría que Lucio, mi nieto de cinco años, se percatase de este fenómeno visual tan sugerente, en pleno colorido del verano. La mente me vuela hacia los colores traspuestos del entrañable escritor tevergano Celso Peyroux en su memoria onírica de antiguo niño inquieto: ¡los vencejos azules! Y antes del imposible yerro cromático, el de la misma especie,  no eran golondrinas sino vencejos. Prosa novelera que enriquece con su relato corto, casi poemático. El azul se vinculó a Asturias, traído desde Afganistán por un exquisito patricio romano que lo llevaría inicialmente a Salime/Chao de San Martín.

"La  gaviota" era un periódico mecanografiado que yo mismo dirigía en 1956, con diez años. El título de pájaro costero habrá sido escogido no por mí sino por mi padre, que hacía también teclear mis artículos sobre política francesa, el Tour de Francia y aún la inoportuna  conmemoración del veinte aniversario de un tal Calvo Sotelo. Mi progenitor sorprendía, o eso buscaba con mIs pinitos periodísticos, a las visitas a las que obligaba a escucharme. La gaviota era coto vedado a Salinas, San Juan de Nieva o San Balandrán hasta que en mi tiempo de Alcalde don Emilio Olabarri, el campechano último Magistral del Cabildo, al que debo la filtración de la extraña conspiración para que Juan Pablo II no visitase Oviedo, me abordó en su queja antipajarracos.

Don Emilio quería terminar con las gaviotas y las palomas de Oviedo que embadurnaban la torre de la Catedral¿También, persona tan docta y bondadosa, habría atentado contra los linajudos ancestros de esta gaviota que, aún peor si cupiese, que la paloma de Alberti y sus desorientados puntos cardinales, se confundía  en su torpe avaricia por los colores mágicos de falsas flores? 

Los equívocos vencejos azules...mis flores de atractivo trapo morado...

www.antoniomasip.net

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Precioso ...y lo del azul vinculándose a Asturias, desde el lejano Afganistán gracias al capricho exquisito del patricio romano que lo trajo al Chao de San Martín genial. Detalle que abunda en el origen asturiano de la Unión Europea. Si ya había contactos comerciales con Iran, Irak, Afganistán etc. Cómo serían con países más cercanos?
M

Anónimo dijo...

Cuánta poesía en este texto de las gaviotas y los pájaros....aunque desde que cierto partido se ha apoderado de su figura cada vez la veo con mas recelo. Un abrazo.
A

Anónimo dijo...

ya veo que tienes una capacidad de trabajo asombrosa y sabes un montón de cosas; me alegro mucho. Un abrazoP