martes, 13 de junio de 2017

Tolivar, de Praga a Godos y al molín de Flora

Conozco algo Praga, una de las mejores ciudades europeas sino la mejor. La pateé antes de mi cojera crónica emocionándome con la presencia de Kafka, su autor de cabecera. Todo se hacía coincidir para que el gran escritor fuese topadizo: hogar natal, casas, callejas y capillas historiadas, infinitos conciertos de Cámara evocando a Milena, su amor, leyendas bohemias, acoso burocrático, enferma semi oscuridad, la encomienda al Niño Jesús que me imponía la abuela, otros acentos de ultratumba en la estrella amarilla, sueños diurnos, pues Franz Kafka trabajaba de noche, castillos elevados, también en Literatura, agobiantes e inalcanzables, librerías y libros de heréticas grafías, cercanías y mixturas de decadencia austro húngara, el Teatro Negro, kafkiano avant la letre... Kafkaianos traducía el académico García Yerba, a cuyo honoriscausa leonés asistí...En esos paseos, mientras albergaba encontrar a Milan Kundera o Vaclav Havel y sus legítimas obsesiones de terciopelo antitanque, apareció Pinillos, Príncipe de Asturias, profesor de Avelino Martínez, mi imprescindible filósofo particular.

Mi mejor Praga, sin puentes ni río, es Oviedo, la bien novelada, sus deudas francisca, naranquina y prerománica  y la semejante arquitectura modernista, Cases del Cuitu incluidasHace un cuarto largo de siglo escribí el prólogo a la tercera y la cuarta ediciones del Libro de Oviedo de Canella, que dieron a la estampa José María Patac y Elviro Martínez. Sigo sosteniendo, que pese al distanciamiento, inamistoso a ráfagas, entre Canella y Clarín, ambos son muy nuestros y complementarios. Tenía, sin embargo, que haber nacido en Cabañaquinta José Ramón Tolivar, para que, con la inolvidable Cristina Alas, a través de los hijos, las memorias se unan en el legado a la Pérez de Ayala/El Fontán. 

Oviedo ha reivindicado a Tolivar en el primer siglo. 

Mucho me prestó entrar en el Colegio de Médicos, en el RIDEA, en la Biblioteca Pública, en el Museo...para enterarme de facetas escurridizas, tal en Praga/Kafka. Y, de forma especial, me prestaron el devoto apego a la página incunable, latina, no sinóptica, de San Juan y una visita clarisa a San Pedro de Nora. De aquella, Meana, Nacho Ruiz de la Peña, don Juan Uría y los Tolivar, viajaron apretados en seiscientos rojoAl pasar por Godos, go-dos, con letrero junto al mojón del kilómetro 222, habrían recordado:¡el pueblo de cuatro doses!

Ese topónimo, en Julio Concepción, recuerda la inmigración que, añado hasta retorcer, pudo venir de Praga. En la capital checa, cuatro K: Las de Franz, Milan, El Proceso y El Castillo.

No olvidaré al buen galeno, historiador y urbanista, en la Plaza consistorial con el ascenso del Oviedín, o el mediodía de su jubilación coincidente con mi encargo de remozada "Nombres y cosas de las calles" otra en la apertura de la vía Palmira Villa, o recibiendo el título de hijo adoptivo, o en la Imprenta de Manolo Gofer, con el que tanto empatizaba, o matizando a Pentalfa su Gil Blas de Santullano, que deslumbró a Rafael Moneo, o, aún, bajando la escalera de mármol de Fruela,9 tras su benéfica visita diaria a don Carlos Canella...

El molín de Flora no puede estar en Praga ni es el Flore de la existencialista Rivegauche y Sartre confundiendo Santillana del Mar con un arrabal ovetense; sí vibra en José Enrique Menéndez, nuestro cronista rural al decir de Carmen Ruiz Tilve. Tolivar Faes, también artista plástico, dejó encantador testimonio de Zorraguera, o Zurriquera, (se refiere, según la próxima y esperada obra de Concepción, a los zorros, en algunas partes llamados zurracu, rapiega...) donde el último molino de agua que en sus pinceles brota de fabuloso caudal proveniente de Blas de Aces, Casal, Reiter, Robles, 1705, Towsend, las leproserías, el Oviedo que, tal el Godos del humor clariso, cuadriplica el inmenso número de denominaciones históricas, mágicas y laberínticas, pigmentadas por sobria metodología, heredada puede, de Feijoo/Marañón/Laín/Rof con indudables gotas destiladas en Caveda y Nava, los Canella, Alas Argüelles, su suegro al que impidieron tratar, e interpretaciones recias contra corriente de cuatro eses: Silla del Rey/Silla del Regente, Santa Clara y Santullano. También el silente esfuerzo, el rigor investigador y expositivo, la tolerancia infinita, el cariño sin límite hacia pacientes y colegas, la conciencia de un tiempo de sequías ética e intelectual, la severidad paternal...



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2 comentarios:

Anónimo dijo...

En cuanto a la cita que me haces te diré que me siento muy halagado, pues no sabes lo orgullosa que estaría mi madre al ver el nombre del su fiu –probo funcionario jubilado- figurar entre las prestigiosas personalidades que mencionas en tus cálidos y documentados párrafos.
Ahora bien, y en su momento se lo dije a nuestra querida Carmen Ruiz-Tilve, lo de ‘cronista rural’ parezme mucho (fue suficiente mi dedicación durante 40 años al INP y a la TGSS), así que ccon montañeru carbayón toi más que contentu.
Muchas gracias Antonio y un fuerte abrazo, PpMdz

Anónimo dijo...

, no sé por qué ,sospeché que no había citado la edición que mencionas, por ti prologada, de El libro de Oviedo. Compruebo,ahora aliviado, que sí cito ese prólogo de 1990 en la edición del tomo II de las Obras Completas de Fermín Canella. La continuidad de esas Obras Completas no ha dependido de mí, que luché por su edición sin éxito para su continuidad, lo que hubiera exigido involucrar a algún otro investigador -o la formación de un equipo de trabajadores- para continuar en aquel proyecto, al cual ya he renunciado a la vista del desinterés de varias instituciones y de que tengo otras cosas en mis quehaceres. Supongo que esa tarea continuará en el futuro, con la necesaria consulta de la documentación donada por Tolivar a la Biblioteca Asturias "Pérez de Ayala" en el Fontán.
Un abrazo.F