viernes, 30 de junio de 2017

Rogativas por la lluvia


Le jour où la pluie viendra
Nous serons, toi et moi
Les plus riches du monde

Bécaud/Delanoe 


Alfonso Paso, en pleno deslumbrante éxito por bien manejar, decían, el archivo heredado del gran Jardiel Poncela, hace decir a uno de sus personajes: "tanto campo verde no debería eludir la censura". Era un juego de palabras audaces que solo podría hacer sonreír en la época que precedió a Fraga. Hoy el campo, sin censura y con las ayudas recortadas, está sediento, afectado, aseguran, por el efecto climático, inapreciable para Trump y el primo de Mariano Rajoy. Lo ocurrido en el Portugal del bueno de Antonio Costa, al que profeso, como a su pueblo, personal afecto, es lacerante. Corsino Suárez y Antonio Simón nos mentalizaron durante años a los urbanitas de las virtudes de la Protección Civil, que no debería relajarse jamás.

Estoy en las cercanías del Polo Norte donde Michel Rocard, mi antiguo compañero de escaño, tuvo su último puesto político, del que se fue al otro mundo, antes de contemplar el desastre socialdemócrata de su país, por no decir el de toda Europa, y esta evaporación de los grandes icebergs, que apenas he visto ya en Finlandia ni al norte de Rusia.

En mi adolescencia, sería el verano del 61 ó 62, en plena Francia laica, recuerdo un martes en que las señoronas sacaron sus sombreros de domingo y/o gala y las niñas plancharon sus trajes de exquisita puntilla manual para asistir a una misa rogativa de chaparrones. Algo cuenta también François Mauriac. Bien aprecié que aquellas gentes que llenaban una Iglesia bretona habían, en significativa medida, faltado al precepto dominical solo unas horas antes. Borges se quejaba de que la lluvia faltase en el Quijote, lo que contradice Raúl del Pozo insistiendo en las rogativas que es costumbre acerada, también cervantina. Los campesinos manchegos, sus latifundistas y su clero tuvieron grandes afinidades, sin llegar a calificarse de feudales, con aquellos bretones con cuya historia conviví. 

La gloria de Paso fue efímera pero los efectos del calor amenazan escandalosamente nuestro verde característico

1 comentario:

Anónimo dijo...

Gracias por estas evocadoras reflexiones.Felices vacaciones nórdicas.A