viernes, 23 de junio de 2017

El aire del Tanatorio

DEL COLE AL TANATORIO 


Entre las alarmas de la ola de calor se ha colado la noticia del Colegio madrileño que desalojó para reanudar su guardería de emergencia en...¡el tanatorio! ¡Y yo afanándome en doblegar la ficción a la realidad! En un cuento fatalista de Sartre el personaje huyendo de la represión bélica se esconde en los ataúdes del cementerio, pero un delator, que creía mentir, acierta casualmente. ¿Cómo pudo ahora ser que una Asociación convocase a sus miembros, Padres y Madres, a recoger a los párvulos en el Tanatorio?. Increíble. Un final esotérico propio del círculo entre el alfa y el omega de nuestra bandera, llegó a pensar una asturiana de erráticas lecturas bíblicas, tal las invocaciones del Capitán Akab a los coletazos de su monstruo blanco. Los niños, por suerte, estaban todos bien.

Los tanatorios tienen temperatura confortable para evitar quizá que lágrimas y efusiones de los deudos derritan los recién fallecidos, algunos procedentes de frigoríficos hospitalarios.

Junto a mi casa, tras años de fracaso, los propietarios de una funeraria han logrado vender el local. El mal fario disuadía nuevas empresas. Era el gafe que Cela atribuía a Zunzunegui, colega académico.

Una doméstica de mis padres, ennegrecida en lutos, me inculcó de niño evitar los sarcófagos del escaparate, antes también de la costumbre de las panteístas incineraciones. Aquella plañidera vocacional, llena de contagiosas supersticiones, aseguraba que una pariente había venido del pueblo a probar ataúd, pues, dada su obesidad, la familia temía que, llegada la hora, ninguno valdría. Tras introducirse sucesivamente en varios que, en efecto, cerraban mal, el buen vendedor de pompas fúnebres tranquilizó:"la osamenta no, pero pectoral y michelines menguarán con la benéfica acción de la Parca".

La parada del autobús de mi primer colegio era delante de esa funeraria ahora desaparecida. Hubo con ese motivo una mini protesta de padres a las afrancesadas monjas naranquinas. 

Los tiempos han cambiado mucho: no había por aquellos entonces tanatorios ni nichos en volandera. Y aún más significativo: Los padres y madres de los trasladados por la ola de calor parece que tengan ya los miramientos de mi época infantil.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Delicioso.G

Anónimo dijo...

Consecuencias culturales del cambio climático.A

Anónimo dijo...

Buena pieza.L

Anónimo dijo...

Jajaja... Muy divertido.
La previsión antigua para la muerte era una forma de ir preparándose.
Es curioso el pragmatismo de estos padres para, quizás, mejor subrayar la carencia de aire acondicionado...

No discuto lo necesario del aire en las aulas si bien yo nunca lo he tenido más que en épocas bien recientes, donde tal invento martiriza mis cuerdas vocales.

Probablemente estos mismos padres critiquen con vehemencia en sus muros a Trump por su abandono del acuerdo sobre el clima. Sin embargo, para mí les representa perfectamente. A mí me viene esta pregunta con tu escrito... Estamos dispuestos realmente a reducir nuestras comodidades en favor de un mundo más limpio?
Quizás tenemos que cambiar más de lo que creemos para aspirar a un mundo más limpio y sostenible.

Este detalle del bodegón que retratas con humor es una pincelada del mundo que hemos venido creando. En el unos cuantos niños que estudian en edificios construidos en la época del boom del ladrillo, donde quizás la ratio alumno profesor sea excesiva, cada tarde son recogidos por unos padres hiperpreparados y desocupados. Junto a esta noticia las portadas de la semana hablan de dos grandes incendios, el de Londres y el de Portugal, en cuya base está también el abandono del medio rural.

Demasiada gente hacinada en las ciudades autogenerándose nuevas necesidades... mientras el despoblamiento rural avanza implacable.


Un abrazo. M

Anónimo dijo...

Al pasar por el escaparate de la funeraria "nos agachábamos" para que "no nos tomaran la medida".J

Anónimo dijo...

Muy emotivo. Lo he vuelto a leer en Lane.N

Anónimo dijo...

Pérez de Castro suele contar cómo vio en la terraza de un antiguo alsa ("luarcas") un hombre desde un sarcófago cuya presencia hizo que otro viajero se tirase del autobús a su paso por Muros dl Nalón.Momentos antes, para resguardecerse de la terca lluvia se había metido el que luego,pasada la inclemencia metereológica, saldría tan abruptamente.