lunes, 1 de mayo de 2017

Muerte en el Mediterraneo


nacer, no a morir, desde esta tumba.
Alejandro Duque, Dolmen.



Me sobrecogen los miles de ahogados del Mediterráneo. Gentes de todas partes; de cualquier lugar. Quizá alguno de los innominados puede ser de los hindúes o pakistaníes que conocí en los centros de retención de Ceuta y Melilla. Se hacían pasar por ciudadanos indios, creo, pues les constaba no había convenio de devolución y en cuanto les soltaran volverían a intentar el paso al viejo continente, incluso a nado. 

Cuando yo regresaba entonces a la península en un microbús que debía subir a un transbordador del Estrecho, uno de mis colegas de inspección europea se chivó que en los bajos del vehículo llevábamos un par de refugiados. No sé cómo X pudo darse cuenta pero sí cómo me dirigió una gélida sonrisa cuando le dije que yo no los habría denunciado.

Ahora son miles, quizá millones. Nuestra calidad de vida procede al doble enterramiento del olvido. 

Me sorprendió, incluso gratamente, cómo en la colina de Arlington cerca de Washington hay miles de lápidas blancas armoniosamente colocadas. La de Kennedy tenía llama y guardiamarinas rígidos, pero todas las demás bien legible nombre, apellido y alguna fecha y lugar. Cuando fui Alcalde recibí varias veces a la Comisión de familiares de la Fosa Común con motivo del monumento encargado a Fernando Alba. Dos personalidades, hoy tristemente desaparecidas, me impresionaron con sus impecables razonamientos: Cavite, un langreano al que así llamaban por una batalla de sus antepasados en la guerra de Cuba, y Félix Espejo, al que va hoy dedicada la última novela de Alberto Polledo. Espejo y Cavite exigían una reivindicación humana razonable: ¡que todos los nombres de los asesinados estuvieran esculpidos!

García Lorca escribió en Nueva York unos versos cuyas enigmáticas claves dieron lugar a diversas interpretaciones  "el mar recordó ¡de pronto! / los nombres de todos sus ahogados".

Los muertos del Mediterráneo no sólo no serán jamás nominados sino, aún peor, las muertes seguirán sucediéndose unas a otras interminablemente mientras el egoísmo internacional se debate sobre cerrar más todavía cualquier frontera.
  

6 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Dónde lo vas a publicar además?N

Anónimo dijo...

Bss.C

Anónimo dijo...

Inspirado y trágico.
De las cosas que más me sobrecogió en la vida, la valla de Melilla: al lado el aeropuerto y el mar; o sea, la libertad. ¡Qué horror!

Anónimo dijo...

Tus escritos siempre me dejan el perfume de una flor y el dolor de una espina.

Anónimo dijo...

Muy guapo antonio. Bella la cita de Lorca.C

Anónimo dijo...

Algún día los muertos del mediterráneo serán la vergüenza de Europa y por tanto la nuestra propia , que solemos mirar hacia otro lado cuando algo no nos gusta , preferimos sumergirnos en nuestros problemas cotidianos y no somos capaces de ver las realidades tan duras que existen , no queremos parar a entender la sin razón de muchas guerras, que interesan a unos pocos, o la hambruna que azota a parte del planeta. Los ciudadanos poco podemos hacer , eso es cierto , pero al menos pienso que podemos sensibilizarnos , aún no entiendo como crece la ultraderecha , lo de Le Pen , o le de Trump... me perturba.E