jueves, 4 de mayo de 2017

Jubilación en el Ridea de Carmen Berenguer

Se jubila Carmen Berenguer y su mero nombre separado del bondadoso servicio trae indudables nostalgias. Por ella, impecable siempre, como en el recuerdo de su querido padre, don Magín, tan buena gente como es Carmen.

Hubo un tiempo histórico en que el IDEA estaba condenado política y administrativamente a desaparecer. Los había que confundían sentimientos políticos que les producía su director, Jesús Evaristo Casariego, con la continuidad del Instituto, todavía sin el título regio que vino poco después.

Con la desaparición de la antigua Diputación provincial, en una maniobra que evitaba duplicidades en las comunidades autónomas uniprovinciales, debida a la iniciativa de Bernardo Fernández, exquisito jurista, hoy en el Consejo Consultivo del Principado, el Instituto se adscribía, como era lógico, a la nueva Consejería de Educación y Cultura, de la que pasé a ser primer titular. No obstante, hubo quien interpretó que se había producido un vacío jurídico, lo que fue frecuente en aquellas calendas, pues se dudaba si la presidencia automática le correspondía al Presidente del Principado o a mí como Consejero.

Esa supuesta duda duró apenas unas horas. Jesus Evaristo me visitó enseguida en el despachito, nunca mejor dicho en diminutivo, que la Consejería tuvo en la calle Arquitecto Reguera, para darme su interpretación, coincidente con la del Presidente Fernández, que me aseguró asistiría a mi toma de posesión.

De aquella fui haciendo un buen y apañado equipo con Lilia María Morín, valiosísima Secretaria técnica, y la también entrañable Obdulia Betancourt, Lula, como Jefe de servicio de Cultura. A ellas se unió como Secretaria, María Jesús Seva, no siéndome posible incorporar a Avelino Martínez, en Educación, y Emilio Martínez Mata, en Deportes. Pronto también logré adscribir a María Jesús Fernández, que provenía de la organización de los Juegos Escolares que llevaba mi compañero Peña.

El Instituto no tenía buena prensa entre mis compañeros de partido, pero el trato habitual con Magín Berenguer, Luis Sela, José Luis Pérez de Castro, Nacho Ruiz de la Peña y José Ramón Tolivar Faes me había convencido de la importancia de sostenerlo, incluso de potenciarlo. Magín comprendió enseguida la maniobra neutralizadora de absurdos obstáculos que hice invitando a conocer la austera instalación a mi amigo Salvador Clotas, diputado del PSC, secretario federal de Cultura del PSOE, que se llevó una grata impresión de mis impresiones continuistas.

En el Instituto, ya entonces, Carmen jugaba un gran papel, que siempre le agradeceré.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Admiro tan vasta erudición.MA