miércoles, 19 de abril de 2017

Presentación de La venganza del guerrillero de Alberto Polledo en el Club d La Nueva España


Presentación de CADAVAL,la venganza de un guerrillero

Sr. Teniente de Alcalde//Queridos amigos

Ni a pirueta llegó la lóbrega contracción de la muerte

Muchos entre ustedes habrán sentido como yo el dolor punzante de aquel último día de Terranova, que a la manera de Manolo Rivas, resultó cuando Alberto bajó persiana por última vez en Pelayo. 

La marca, aligerada por filtro de café, resurgió en plan guadiana, liberando al expertizado marquista a caminar más libre entre si cupiese de lo que ya lo hacía en su inagotable andanza, el ayalino sendero innumerable. 

a porfiar, sin límites, a la indómita vocación de escritor y costumbrista.

De librero a autor hay vecindad ante objeto, por lo general rectangular.

De trabajar con el tacto y la rememoración de títulos listados, o los escaparates, el salto al relato no es al vacío sino a la razonada sucesión numérica que un tal Moisés dio a los siete días del Génesis.

Esa continuidad de Alberto en la consecuencia consigo, es laboriosa también para los que le seguimos, a veces con maravillada perplejidad pues, por ejemplo, ahora, nos depara obra extraordinaria, descripción bucólica, técnicas cinematográficas de vanguardia y tragedia popular necesitada de cantor. 

Hay momento en que el escritor se pudo sentir tentado al mundo mágico detrás de unas gafas de alambre viendo en la oscuridad nochera, pero persevera en el método en el que ya abundaban modernidades narrativas.

Hubo diferencia estratégica en los tirados al monte por persecución y el bandolerismo de la década terminal del espanto.

Hay distinción para el historiador entre los que defienden la vida, y los que acosan la retaguardia, de los que el general Lister lamenta debió hacérseles más caso. Hubo también un tiempo esperanzado en los aliados.

Conocí en Francia a José Mata y, en México, a Arístides Llaneza y a Morán, dos concepciones de la guerrilla, defensiva o elemento bélico.

Alberto hace literatura, no historia, pero desde la excelsa mentira, que dicen Vargas Llosa, Vizcincey y otros, salen perfiles históricos auténticos.

Pérez Casado, Alcalde que fue de Valencia y de Móstar, desmenuza itinerario parlamentario de la diferencia de guerrilleros a bandoleros y aún la injusticia primaria de pasar página.

Alberto se confiesa seguidor de Delibes, aquel gran castellano que merecía el Nobel.

Si no lo supiera de su propia voz panteísta, habría adivinado la estela de Las cazas Las ratas, su regodeo gozoso en la Naturaleza y la adjetivación del protagonismo colateral de aves, riachuelos/regatos y picachos.

Pla aseguraba que el logro feliz era el adjetivo.

De los fugaos, como denominan Gerardo Iglesias y muchos otros asumiendo la calificación popular que también recoge Alberto, apenas se podía montar antaño relato objetivo.

Conocí en aquel Ateneo del entrañable Canteli y en la desaparecida Marchica, a Héctor Vázquez-Azpiri que escribió acontecidos propios, en absoluto de entraña política, con lo que la guerrilla se desfigura, aunque, apolítica, entusiasmara a Dalí. 

Conozco aún mejor a Manuel Arce, escritor asturiano y cántabro. Manolo, al que profeso gran afecto, me puso por carta, cómo hubo de burlar la censura en 1956 evitando cualidades humanas en su Bedoya y otros maquis

La situación está ya superada en la libertaria diosa de las Letras, que ha inspirado a Alberto.

Y permítanme evocar a Félix Espejo, al que admiré, cuya dedicatoria va en la primera del libro. También a Nicanor Rozada en cuyo homenaje interpreto la última frase.

Otra palabra para la magnífica factura de Laria. Ya he contado cómo tras mi accidente cardiovascular antes de recuperar lectura, lo hice con el tacto de los libros en el que se extiende Pérez de Castro...Tocarlos, pasar la mano dañada por los cantos, resultó grito profundo de sanación ritual para la posterior lectura, alivio definitivo.

Les animo a leer, sentir y pensar con Alberto. 

  • Gracias, querido amigo, por esta obra que resucita un trozo de nuestra historia y nuestra geografía que jamás debió perderse en la crueldad del Destiempo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

siempre es genial escucharte. M