jueves, 27 de abril de 2017

¿Existe Escocia? Aportación al libro del Movimiento Europeo

Uno de los efectos de la nueva oleada de globalización fue que de repente hizo que parecieran provincianos gran parte de los textos sobre el pasado.La historia de los Estados-nación individuales e incluso de los imperios comenzó a resultar excesivamente limitada en un mundo en lucha por aceptar las consecuencias del cambio climático y el ritmo de la globalización

Elliot, John H, "Haciendo Historia"Taurus.2012

Las tierras lejanas, más allá del norte de Inglaterra, estaban fuera del Imperio Romano. 

En el 122 el emperador Adriano comenzó la construcción de la muralla que popularmente lleva su nombre, cuyos vestigios son Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde 1987. La fortificación fronteriza tenía 117 km. y se terminó en diez años el 132.

Escocia es Alba en gaélico.

Margarite de Yourcenar escribió "Memorias de Adriano", cuya magnífica versión en español es de Julio Cortázar. Es un libro delicioso, en el que la autora hace divagar a su histórico personaje empeñado en su muralla, que, naciendo militar debía servir a la paz, para proteger las regiones fértiles y civilizadas del sur contra los ataques de las tribus norteñas. La escritora hace concluir a su personaje:"La Galia próspera, la opulenta España, me retuvieron menos tiempo que Bretaña". Lástima que el problema siga abierto desde la ventana atlántica de Adriano, con salpicaduras en nuestras mejillas.


Como siempre hay algún ovetensista, a la manera de don Saturnino Bermúdez, el personaje clariniano, que me supera en vincular cualquier topónimo, autor, maravilla artística o acontecimiento internacional con la vetusta ciudad de Oviedo, José María, Pepe, Fernández Buelta ("Ruinas del Oviedo primitivo".1948.Reedición Instituto de Estudios Asturianos(IDEA,hoy RIDEA,1984) da por buena una información de la familia del malogrado pintor, apenas conocido hogaño, Ricardo Montes, por la que esa muralla histórica contendría en el siglo VI la supuesta inscripción de un náufrago proveniente de "Oviedo, la ciudad fuerte de los astures". El riguroso J.R. Tolivar Faes en su reseña biográfica del joven pintor no quiso recoger semejante referencia en las ediciones de su "Nombres y cosas de las calles de Oviedo" (La Carpeta.1958; Gofer.1985 y Gofer.1992).

La primera vez que intuí la existencia de un problema escocés, o cuestión escocesa, dentro del UK fue al ver una película impresionante, "El hombre que nunca existió/Operación Mincemeat/The man who never was". Sería 1956. El plan mincemeat consistió en abandonar en aguas españolas de Punta Umbría/Huelva un cadáver vestido de oficial de la Armada Británica. El cadáver era portador de falsos documentos secretos aliados sobre hipotéticos desembarcos en Cerdeña y Grecia para intentar el éxito de la dispersión de las fuerzas alemanas de Sicilia.

Ronald Neame, director, o Nigel Balchin, guionista, hacen decir al padre del tal hombre que nunca existió una lacónica frase en respuesta al agradecimiento del oficial británico protagonista, Clifton Webb/Lieutenant Ewen Montagu, que durante años me resultó enigmática e inolvidable: "No me agradezca nada: somos escoceses". Esta referencia escuchada del texto narrativo es, al parecer apócrifa, pues no hubo tal ciudadano escocés sino un solitario vagabundo galés, encontrado en Hyde Park, que murió en un viejo hospital londinense en el que, pasando los años, hizo prácticas médicas Eloina, mi mujer.

Durante mi mandato europeo, en los pasillos de Bruselas/Estrasburgo, David Martin, laborista escocés, me refirió, lo mismo que me había pronosticado Edward McMillan Scott, conservador, sobrino-nieto del legendario Lawrence de Arabia, Thomas Edward Lawrence, de que lo más probable sería que Escocia no votase por la secesión, para la convocatoria de Setiembre de 2014, "¡pero siempre existe el riesgo de que algo así suceda!"

De un tiempo a esta parte se ha debatido mucho, sobremanera en la piel de toro, acerca de esa Escocia, el país que en 1707 con la Union Act se unió a Gales, Inglaterra e Irlanda para formar el Reino Unido (U.K). Era yo aún diputado europeo cuando oí, tres siglos después de la Union Act, a más de un colega liberal, "si Inglaterra se sale de la UE, nosotros, Glasgow, nos separaremos, eludiendo la City y la libra, para unirnos a Bruselas y ¡al euro!"

Ese tipo de declaraciones oficiosas en el hemiciclo parlamentario, que se pueden rastrear en las actas,  y en pasillos aledaños fueron valoradas en España en sentidos diametralmente distintos. Por un lado, el Palacio de Santa Cruz, sede del Ministerio de Asuntos Exteriores, donde a la preocupación por el inminente Brexit al que se precipitaba errática, y hasta enloquecidamente, David Cameron, en una pirueta fatal, se salpimentaba con la pirueta circense de la autodeterminación escocesa. Esta fue enseguida, como no podía ser menos, acogida con simpatía desbordante por los llamados nacionalistas catalanes, para los que el fracasado, irresponsable y demasiado pasional Cameron pasó a ser ejemplo de tolerante demócrata.

Cuando Cameron se despidió de la NATO, en Varsovia, el Secretario de Estado americano, John Kerry, pidió un aplauso protocolario para el premier saliente, lo que fue seguido con un apenas audible, y muy frío, ruido de palmas por los Jefes de Gobierno y Ministros de AA.EE.. Todos los mandatarios estaban hartos en extraña unanimidad de la doble consulta que llevó a Cameron a la ruina política, sin descartar los múltiples  perjuicios económicos y los riesgos de vertebración para todos los demás países y la UE. 

Walter Scott, en el capítulo VII de Ivanhoe cuela una frase a masticar sea o no descontextualizada de tiempos pretéritos:"El pueblo de Inglaterra sufría profundamente ante un presente tan poco esperanzador, pero aún tenía más motivos para preocuparse por el futuro".

He escrito "consultas" pues en absoluto se trató en ninguno de los dos casos, Escocia y Brexit, de "referéndum" sobre acuerdos, o Tratados, negociados, como habían sido la incorporación a la UE y la antigua de Escocia al UK.

El separatismo catalán, no obstante ser muy consciente, pues lo contrario rayaría en la estupidez, de las abismales diferencias constitucionales, contractuales e históricas que separaban al llamado "procés" del proceso escocés, lleva jugando con esa consulta escocesa como un espantajo para utilizar dentro de España. No es tampoco descartable que se siga porfiando eternamente en favor de todas las sucesivas e hipotéticas consultas que sean precisas hasta que una, en el plazo y el siglo que sea, resulte lo que se busca con tanta pugnacidad, digna de mejores y constructivas causas. Es la misma tenacidad, propia de un cainita Goebbels en búsqueda de convertir la mentira en verdad por machacona repetición, la que practica el, por el volumen de su fechoría, mayor ladrón peninsular sosteniendo sin ruborizarse su divisa "España nos roba".

El problema desde el europeísmo es distinto aunque en la epidermis ambos nacionalismos, catalán y escocés, se declaren europeístas de raíz, dispuestos a no salirse de la UE en su desnortada ilusión de confirmar un desconocido derecho ¡automático! a nuevos Estados como miembros de iure de la UE.

Los profesores Jorge de Esteban ("Hacia la independencia de Cataluña".2013), Araceli Mangas("La secesión de territorios en un Estado miembro: efectos en el Derecho de la Unión Europea. The secession of territories in a member state: effects on the law of the European Union), Daniel Guerra Sesma ("Autodeterminación,  secesión y derecho a decidir en el orden internacional. Los casos de Quebec,  Escocia y Cataluña".2013) y Víctor  Ferreras Comella("Cataluña y el derecho a decidir".2016) entre otros prestigiosos autores han desmenuzado el sinsentido del ultranacionalismo catalanista cuando invoca el inexistente derecho de autodeterminación de Cataluña. 

La Asociación de Periodistas Europeos, que preside Miguel Ángel Aguilar, organiza unos interesantes debates sobre las pluralidades de España y Cataluña en los que, en 2013, se pronunciaron brillantemente los profesores José Álvarez Junco y Joaquín Coll para insistir en la preocupación por la situación explosiva de Cataluña asegurando que “vamos hacia un accidente insurreccional porque en lo relativo a nacionalismos hay mucha dinamita emocional”. En su ponencia, Coll citó largamente al poeta galo Paul Valèry como autor de la alerta “de los peligros de la historia en determinadas condiciones”. En definitiva para Coll, “el independentismo ha explotado la idea del expolio y de la afrenta y ahora se presenta como la pócima mágica que ilusiona”.

Volviendo a aquellas erráticas consultas británicas que han dado el resultado popular conocido: Secesión escocesa, no, y Brexit, sí.

Y ahora, por tiempo aún, la UE y el UK están forzados a encontrar un acuerdo de desenganche, que no se someterá a referéndum, ni a consulta, mientras que Londres, en principio al menos, logra mantener a Escocia en el UK.

En principio, pues,como era de esperar, el fenómeno nacionalista no suele disiparse por consulta alguna, ni en Edimburgo ni en Quebec ni en parte alguna del ancho mundo, que titulaba, aludiendo al despojo, el peruano Ciro Alegría. En esas condiciones, aprovechando la oportunidad del absurdo Brexit, sentido como una auténtica puñalada por miles de escoceses, estos exigen legítimamente nueva consulta. Estaba mal formulada la anterior pero, aunque la actual parece que la niega la Sra. May, no deja de tener coherencia que se lo exijan una vez modificadas esencialmente las condiciones que se presentaron, dentro de la UE,  a los electores escoceses en Junio de 2014.

Los nacionalistas catalanes que tuvieron cierta momentánea decepción con aquel primer resultado consultivo, lejos de desanimarse han rehecho enseguida su argumentario. De Escocia aseguran nunca apoyaron el separatismo sino el simple proceso de consulta, por lo que se vuelven a alinear con todas las consultas que hagan falta. Sin embargo, cae de su peso que si el UK alcanza en los próximos meses ese Acuerdo de salida definitiva de la UE, Cataluña ya no puede utilizar, ni si quiera a efectos dialécticos, precedente alguno escocés para mantenerse como Estado independiente en la UE, en la que ya no estará el UK, por lo que de independizarse a su vez, Escocia sería ulteriormente a todas luces un nuevo Estado peticionario en la cola del Registro bruselense. Se habría especulado en cualquier caso durante un tiempo con un supuesto derecho a mantenerse en la UE que no figura en textos comunitarios ni para Escocia ni para Cataluña ni para ningún otro como pretenden fantásticamente los portavoces del llamado Juntspelsí.

En Otelo, Shakespeare hace decir a Rodrigo, caballero veneciano, frente al siniestro Yago:"Pienso que no procedes de buena fe conmigo(...)No hay día que no me engañes(...) y a fe mía, que ya no tengo paciencia ni sufriré más, porque fuera ser necio"

Ramón Jáuregui, en El país que seremos (Turpial.2014, prólogo de Joaquín Almuniasostiene que primero el acuerdo luego la consulta: "Una consulta aquí y ahora oculta los impredecibles efectos de una ruptura con España - y probablemente con Europa- de consecuencias incalculables para los ciudadanos (Por el contrario) un proceso de decisión (ha de asentarse) en la ley y la estabilidad".

Escocia puede o no separarse del UK por una nueva hipotética consulta pactada, un referéndum convocado por Su Majestad Británica o por quién corresponda en su derecho interno, pero, dentro o fuera de la UE, no debería desde la Generalitat ni desde Juntspelsí  ni desde cualquier estamento reclamar como precedente a imponer una solución en España al triste contencioso en que se pudre el progreso de Cataluña. Los independentistas escoceses mantienen sus reivindicaciones soberanistas dando por sentada su vinculación a la Unión Europea. En ese europeísmo básico se extiende ampliamente el profesor A. López Basaguren, “La independencia de Escocia en la Unión Europea. Los efectos de la secesión de territorios en la UE entre política y derecho”, Teoría y Realidad Constitucional, núm. 33, 2014.


Escocia es tierra de leyenda, fértil para la imaginación de Conan Doyle, Scott, Foe, o Defoe, Wilde, Stevenson, Borges, nuestro Cunqueiro...la proliferación de la universalizada falda unisex, las gaitas, los penachos, las bebidas de marca, las rocas, neblinas, lagos, ríos, acantilados, mounstros y fantasmas.

Sin duda existe en la ensoñación y en la realidad; yo mismo he viajado a Edimburgo, conocido su colina hacia el Castillo, The Castle Hillque me recordó el ovetense Naranco, constatado también cómo el mismo nombre del Hotel, New Caledonian, evoca las antiguas tribus indómitas, pero algunos deberían olvidar ese país, que no su rica historia, para su insolidario e impropio argumentario, excesivamente limitado, que habría dicho Sir J.H.Elliot. Éste eminente hispanista, Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 1996, también ha comentado: "formamos parte de un mundo en el que todos estamos ligados unos con otros. También existe algo llamado generosidad; cualquier pueblo, si únicamente piensa en sí mismo y no es generoso con los otros, se perjudica a sí mismo".


Oviedo, 25 de Marzo de 2017. Aniversario del Tratado de Roma.



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13 comentarios:

Anónimo dijo...

Me gusta. Pero en esto del “separatismo catalán”, no puede obviarse la suicida por “anti política” “política” (y perdón por la paradoja) practicada desde hace ya mas de 5 años por el gobierno español presidido por otro gallego, Rajoy: no hacer nada, y trasladar a las funciones jurisdiccionales del Estado lo que no pueden hacer, solucionar, o al menos encauzar, un problema político.C

España no ha tenido suerte con los gallegos que han ostentado la presidencia de gobierno.

Saludos

Anónimo dijo...

Muy buen artículo Antonio, me ha gustado mucho. Me puedes pasar referencia bibliográfica del libro: «Memorias de Adriano». Un abrazo fuerte
E

Anónimo dijo...

😊🙋S

Anónimo dijo...

Antonio, un gran artículo para la reflexión y el conocimiento de propios y extraños. Sobre todo de políticos mediocres cuya única respuesta a los problemas es que el tiempo y el silencio sean los árbitros
Un abrazo
M

Anónimo dijo...


Me gustó mucho tu texto sobre Escocia/Cataluña, y comparto la línea fundamental de tu argumentación: son casos muy distintos, por historia y por el pacto constitucional que los españoles nos dimos en 1978, refrendado por el 91% de los catalanes, y que no existe como tal entre Inglaterra y Escocia.

Tú citas el ofensivo lema de "España ens roba". Ahora, con todo lo que se ha destapado de corrupción y saqueo en Cataluña, ya no se atreven ni a decirlo en voz baja porque evocarían de inmediato aquello de "Piensa el ladrón / que todos son de su condición". En fin, con lemas como ese y otros similares han agitado lo peor del alma humana y lo han expuesto sin ningún pudor a la luz del día. Todo lo que nos queda del fondo de la caverna, de egoísmo, de intolerancia, de menosprecio por los otros, por el que es distinto, ha sido convertido por los ultranacionalistas en valor patriótico, al tiempo que los principios de solidaridad, de comprensión ajena, de hermosa fraternidad universal han quedado pulverizados sin el menor pudor. Hoy se exhibe en gigantescas pancartas el odio y el egoísmo público como un bien necesario y hasta tolerable. Una vergüenza, vaya.

A mí me parece muy bien que amen su tierra, su lengua, sus diversas señas de identidad, como cada uno en su corazón ama su pequeña o gran patria. Es algo natural. Es lo que podríamos llamar "el amor a la propia Madre" (así, con mayúscula), pero hay dos cosas que son inadmisibles: una, que esos sentimientos, esas emociones tan personales se puedan convertir, contra toda lógica y racionalidad, en un programa de gobierno; y dos, que quieran imponer ese mismo "amor de Madre", el suyo, a todo el mundo, aunque cada cual tenga su propia Madre diferente. Esa imposición es ya de por sí una forma de violencia, un trágala, tanto que presumen o presumían de un "procès" pacífico. Cada ciudadano que ha colgado la estelada de su balcón, con la mejor intención tal vez, no se ha dado cuenta de la violencia y la desazón que han provocado en otros que tienen bandera distinta (o no tienen ninguna) y que no quieren ni tienen por qué exhibirla. El ciudadano de la estelada, sin querer, ha militarizado su vida civil y ha convertido su casa en un cuartel simbólico. Esta es la amarga realidad que llevamos cinco años sufriendo en esta hasta hace poco "terra del seny". ¡La tierra de la sensatez! ¿Dónde habrá ido a parar?

Querido Antonio: habrás de disculpar este desahogo que me ha salido de repente tras la lectura de tus atinadas reflexiones. Mucho tiempo llevamos con este "ruido" y solo espero que se acabe pronto. Volvamos pronto al silencio.A

Anónimo dijo...

Me gusta tu reflexión.¿Vas a presentar Los?I

Anónimo dijo...

Añade que Sánchez es peor que Cameron.
J

Anónimo dijo...

Por cierto David Cameron ha demostrado en Escocia que el referendum desde el punto de vista político es peor que la independencia, porque supone el reconocimiento perpetuo de un derecho a la autodeterminación que no se extingue nunca y que constituye un nuevo Muro de Adriano o de Antonino al revés.

Un abrazo,
J

Anónimo dijo...

Querido Antonio:

1.Escocia nunca fué conquistada por Roma más allá del Vallum Antonini ( Fiordo de Forth) hasta 210 d.C. , existe como reino independiente desde 412 d.C. ( Rey Drest I de los Pictos) hasta 1.707 ( Union Act) y continúa siendo un Estado unido dentro de United Kingdom con un Derecho Público y Privado propio.

2.El Condado de Barcelona fué primero parte de la Marca Hispanica carolingia bajo soberanía de los Francos y desde 1.138 ( Ramon Berenguer IV) forma parte de la Corona de Aragón. Nunca ha sido un Reino.

3.Cataluña no es una nación. Una parte minoritaria de su población quiere que llegue a serlo, pero forma parte de la nación hispana que es el sujeto de la soberanía y que ha de decidir en conjunto.

4. Desde 1.138 Cataluña nunca ha tenido derecho de autodeterminación. La sublevación de 1.640 fué un episodio de la Guerra de los Treinta Años y en la Guerra de Sucesión ( 1.701-1.713) defendió al Archiduque Carlos de Habsburgo como Rey de una España unida.

5. La Constitución no reconoce derecho de autodeterminación a ninguno de los territorios que forman el Estado español.

6. No hay una mayoría en Cataluña independentista y aunque la hubiera tendría que someterse a las Leyes del Estado.El único referéndum posible sería una nueva Constitución española. Si la presión política fuera suficientemente alta el Estado debe convocar un referéndum en España no en Cataluña.

7. El conjunto de España tiene derecho a negarse a reconocer la autodeterminación de cualquiera de sus territorios porque sería una regresión histórica contra el Derecho, contra la razón y contra el progreso que atentaría contra el bien común de todos sus habitantes.La Ley debe prevalecer sobre los individuos, los grupos sociales y las comunidades territoriales.

8. David Cameron para Europa ha sido un desastre histórico ( perdón, antihistórico).
J

Anónimo dijo...

Antonio, me ha parecido magnífico. Un fuerte abrazo.B

Anónimo dijo...

Existe Escocia, claro. Y existe Catalunya, por supuesto, aunque esta última se empeñe en hacerse "la muerta" infligiéndose a sí misma cuchilladas separatistas "ungidas" de veneno emocional. P

Anónimo dijo...

Excelente trabajo, que agradecemos muchos de tus lectores. Gracias, Antonio.P

Anónimo dijo...

Qué casualidad: estoy leyendo Las Memorias de Adriano, y tienes toda la razón al decir que se trata de un libro maravilloso
Muy bien toda tu reflexión. Te felicito por el esfuerzo de abordar un asunto tan espinoso desde esa óptica
Abzo y salud, Art