viernes, 7 de abril de 2017

Conferencia ciclo Balesquida sobre retrato de ove tenses en el Museo

07-04-2017 00:01
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Antonio Masip, a la izquierda, y Alberto Polledo. MIKI LÓPEZ
Antonio Masip, a la izquierda, y Alberto Polledo. MIKI LÓPEZ
"Mi gran error político y personal fue no haber hecho más por evitar el derribo de la antigua estación del Vasco". Entonando este "mea culpa", casi en una especie de acto de autocrítica pública, Antonio Masip, exalcalde de Oviedo, inició ayer la conferencia que clausuró el ciclo dedicado a Oviedo de la Sociedad Protectora de La Balesquida.
Aunque la charla estuvo dedicada a repasar los retratos de ilustres ovetenses que obran en poder del Museo de Bellas Artes de Asturias, Masip aprovechó para dejar constancia del inmenso cariño que profesa a su ciudad natal, en la que ha vivido desde niño y de la que conoce casi cada rincón. Casi tan bien como Oviedo, Masip domina la biografía de los insignes retratados, entre los que destacó a Rafael Zamora y Pérez de Urría, a su juicio "el ovetense más fascinante de todo el siglo XIX, un hombre cultísimo que sólo dejaba entrar en su biblioteca a Pérez de Ayala". 
El marqués de Valero de Urría, que de niño compartió internado londinense con Churchill, era hijo de hacendados cubanos afincados en París, donde nació. Llegó a Oviedo para ayudar a su tía, la hermana Leocadia, a fundar el convento de las Carmelitas Descalzas que hubo en la calle Muñoz Degraín. "En Oviedo se casó con Carmen Serrano y se quedó en la ciudad, hasta que murió a los 46 años; fue exquisito y de porte refinado". Masip Hidalgo no olvidó los retratos del padre Benito Feijoo (para cuya figura reclamó más atención), Queipo de Llano y el marqués de Camposagrado, plasmado por Dionisio Fierros. A ellos añadió a José María de Sierra y Quirós, también pintado por Fierros, que en su opinión, y tal como sostenía Emilio Alarcos, inspiró a Clarín para componer el personaje de Álvaro Mesía, el donjuán que seduce a la Regenta. Los retratos de Victoriano Argüelles, que fue alcalde de Oviedo de agosto de 1965 al 1 de enero de 1967, y Ciriaco Miguel Vigil también formaron parte del recorrido, así como el autorretrato de Paulino Vicente, que a su vez inmortalizó a Luis Botas. Masip fue presentado por Alberto Polledo.
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6 comentarios:

Anónimo dijo...

Entretenidisima y culta conferencia.J

Anónimo dijo...

👏👏👏👏👏
Jm

Anónimo dijo...

qué amena charla, Antonio!
El retrato de Zamora, por Uría, coincido contigo: obra maestra.F

Anónimo dijo...

Sentí no ir a oírte .Supongo un éxito.Abzzzz
B

ANTONIO MASIP dijo...

La reseña es excelente;no obstante no recuerdo haber escuchado a Emilio Alarcos la identificación de Mesía/Sierra sino la de Bermúdez con Canella.
Por los duendes de la imprenta se da Carmen Serrano en lugar de Sierra,hija precisamente de Mesía/Sierra.

Anónimo dijo...


1.- Estoy completamente de acuerdo en tu reivindicación del Padre Feijoo, que también me parece una figura ilustrada mucho más relevante, en el plano intelectual, que Jovellanos. Te mando el artículo que publiqué sobre él en la revista ATLÁNTICA XXII, que salió al paso de otro que quería hacer Javier Fernández Conde criticándolo (no hay nada peor que un cura escéptico).

2.- Estoy también completamente de acuerdo en tu valoración de la escultura dedicada a Campomanes, que es un verdadero horror. Es curioso que seamos unos pocos quienes alcemos la voz contra este tipo de aberraciones artísticas, que se van a rematar ahora con una estatua a tamaño real de Tino Casal hecha por un mal aficionado.

3.- La fecha de nacimiento de Paulino Vicente no es 1900, sino el 5 de noviembre de 1899, tal y como se publica en el tomo II de mi colección Artistas Asturianos. No sé por qué, Paulino se empeñó en decir que había nacido en 1900, supongo que porque quedaba más rotundo, pero tengo la partida de nacimiento.

4.- También eché en falta en tu exposición el autorretrato de Luis Fernández que se muestra en el Museo de Bellas Artes de Asturias. ¿Que cuál? Pues el que está colgado como pintura anamórfica en la sala que tiene en el museo. Ignoro la razón por la cual Alfonso Palacio no lo dice, pero en el volumen III de mi colección creo que demuestro suficientemente que los personajes retratados en ese cuadro, otro anamórfico que figuró en la gran exposición de París en 1972 y el que conserva el Museo Reina Sofía de Madrid, también con un violín de una sola cuerda en las manos, son el propio Fernández.

5.- Y discrepo rotundamente de tu reivindicación de la segunda fase de la ampliación del Museo de Bellas Artes. A mí la primera me parece ya un despropósito, primero urbanístico, después funcional (siempre he dicho que sus mayores aciertos arquitectónicos son sus principales defectos museísticos), y la segunda serviría para dar salida a los depósitos-trampa pero no para ganar más espacio expositivo, porque sólo reiteraría lo que ya está en el actual edificio auxiliar, es decir, oficinas, taller de restauración y salón de actos. Eso sí, con el sello "maestro" del arquitecto, sobresaliendo tres pisos por detrás de San Tirso, como se aprecia en la imagen que también te adjunto.

Espero que no te molesten estos comentarios.L