miércoles, 15 de marzo de 2017

Presentación de De Piedra de Enrique Álvarez Areces

Sobrecogido por la fascinación del hombre por la piedra. Mi gran privilegio de cuna es el de las leyendas que escuché de niño. ¡La piedra filosofal! La he oído y leído en diversas versiones. Anoche he encarado un sueño que no he logrado interpretar salvo el verso enigmático de una poeta a la que mucho quiero: Somos luz y poca sombra, poca, muy poca sombra. Y me doy de bruces con el libro de Enrique, Quique, hoy eminente geólogo, que de pequeño se burlaba con indudable gracejo de mis discursos imitándolos. Mi parti pris era contrario, al menos a alguna de las tesis fundamentales del libro como es el trazado mismo del Camino. Durante años, con el auxilio inestimable de Juan, padre de Enrique, fui Alcalde, heredero en el puesto, salvando los siglos y los títulos, del gran creador del Camino primitivo de Santiago, Alfonso II. Precisamente la parte del Camino que no aborda el libro de Enrique, con tantas raíces leonesas en sus venas, mezcladas con su indubitado ser, y solar, ovetense, Es estimable el razonamiento de Enrique sobre los puertos y los ríos que resultaban problemáticos al peregrino costero. Claro que sí. Este verano Eloina y yo estábamos con unos amigos en nuestra casa al borde del Eo, cuando un grupo de jóvenes británicos irrumpieron en nuestra finca preguntando cómo acceder al gran Puente de los santos. Se lo explicamos pero bien a sabiendas de que sus predecesores en la andanza de la Vía Láctea hubieran ido río arriba, por lo menos, hasta Abres, o Santirso de Abres Sí. Enrique encara la fascinación pétrea por el ortodoxo camino francés... Algún día, querido Enrique, debes limpiar ese gran pecado y plantearte el camino primitivo, en el que estoy seguro encontrarás tantos alicientes como los que magníficamente abordas. Alberto Polledo tiene páginas de honda significación. Algunos de esos alicientes que analiza Enrique me llegan sobremanera, como ese para mí desconocido, pese a que está en los primeros tratadistas de la construcción monumental, de que las piedras, los grandes bloques extraídos de las canteras, reposan, sueñan a su manera inane, en el embozo de su quietud, meses antes de soportar las maravillas arquitectónicas, sus torres, campanarios, columnas y bóvedas. Decía que he tenido un sueño está noche... Borges apreciaba siempre una bendita diplopia. En efecto eran esta noche dos los espectros virtuales/reales. Quise volver a soñar para descifrar las claves del sueño pero desde que viví mi década prodigiosa en Bruselas, de donde vino uno de los arquitectos de la Catedral, me quedé brutalmente sin siesta consuetudinaria en la que recuperar los espectros borrados, o rezagados, de la madrugada. Durante muchos años, bien recuerdo que Juan Y Emilia discutieron conmigo infinitas veces sobre esa espiral aristotélica/ platónica, de luces y sombras. Emilia sostenía con ahínco, como dije en mi Con Vistas al Naranco, que al Quijote todo le ocurría en los caminos. ¡Qué feliz sería con esta confirmación filial de hogaño! Los espectros, mis espectros de anoche, tenían esos nombres que he pronunciado de Juan y Emilia, que me compelían a su mágica presencia. Aquí y ahora. Sin embargo, es más, mucho más, pues si la clariniana, o aún cervantina, siesta, en efecto, me ha sido negada, no la interpretación de mi sueño infantil con la fantasía legendaria de las piedras. Mis espectros eran dobles como exigía Borges, o Bioy, para un buen sueño reparador. También de carácter doble, la piedra filosofal, en su mejor conversión áurea, que eternizaron Juan y Emilia en sus hijos, nuestros queridos Quique y Juanín. Este libro solo es el fruto de un tesoro que me ha permitido soñar para decirle al autor cuánto le queremos. Y que como mi poeta de cabecera, es luz y poca, muy poca, sombra, aunque a las sombras espectrales también les queremos en el envés de nuestra mejor y leal memoria.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Precioso.Mj

Anónimo dijo...

Buenos días. Me encantó tú presentación, trabajada, original y amena.
Abrazos.A