viernes, 3 de marzo de 2017

Original enviado a El País hoy publicado en Cartas de lectores

Mucho se especula sobre el yerro en la ceremonia de los Oscar. Sin embargo pienso falta analizar la influencia negativa que en la rutina del acto y los trámites supusieron la adjudicación a la misma auditora desde hace ochenta años. Cuando tomé posesión de mi primer mandato de Alcalde de Oviedo un veterano funcionario, hoy fallecido, al darme cuenta de las características de su servicio, me advirtió de algo que nunca he olvidado:"No suele pasar nada anómalo salvo el peligro de que la rutina y la confianza nos jueguen un día la mala pasada de una desgracia".Cuando fui eurodiputado la UE me encargó dos veces la ponencia sobre la reforma de las Auditorías, sometidas al lamentable oligopolio de las llamadas BIG Four, al que pertenece la empresa culpable del llamativo yerro holywudiense. De aquella, apoyandome en el admirable criterio del Comisario Barnier, hoy encargado de la negociación del Brexit, quisimos imponer la rotación de empresas auditoras,que tanto hubiera beneficiado para evitar el desastre, por ejemplo, del sistema financiero español.Las presiones fueron terribles, incluso la amenaza personal que recibí de un socio español de esa oligopolista BIG Four. Lo que ha fallado en Los Angeles no fueron los trabajos de Auditoría sino otros que jamás deberían atribuirse a una Auditora y que, en cualquier caso, deberían rotarse para evitar lo que me decía hace casi cuarenta años un funcionario en un Ayuntamiento de provincias.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Sí, amigo Antonio, la rutina tiene un indeseable efecto adormidera. También se la suele confundir con el "exceso de confianza", que no es lo mismo, pero se le parece. Tu idea de la rotación me parece perfecta...D

Anónimo dijo...

Genial.M

Anónimo dijo...

Muy buena.V

Anónimo dijo...

Lo he visto en el país, me parece que no le han dado valor comunicativo está situado de forma tangencial, por no decir marginal
M.

Anónimo dijo...

Qué bien salió, amigo Antonio, tu carta en EL PAÍS. Allí queda tu lección de experiencia.D

Anónimo dijo...

El caso es que la cortina de humo y de estupidez que lo cubre todo ha impedido no sólo que no caigamos en la cuenta de la importancia de la película y el talento de Barry Jenkins (sí, él es el director), sino que pasemos por alto hasta qué punto PwC y el oligopolio de las auditoras llevan años arruinándonos la vida. Primero, fueron protagonistas, con sus calificaciones interesadas y muy posverdaderas, de la crisis que nos come los pies y, luego, cuando todo se derrumbó, vuelven a ser ellos quienes diseñan el glorioso plan de, no lo duden, el desastre siguiente.