sábado, 25 de marzo de 2017

La Cabina

¿Tiene usted unos níqueles?Nunca tengo suficientes níqueles cuando llamo desde las cabinas.Elmer Rice, La Soñadora.Nueva York 1945//Buenos Aires 1957............ ....................................................................................................................................... Para una arraigada leyenda urbana había una cabina en los parisinos, y de Proust/Colette, Campos Elíseos, desde la que se podía llamar sin límite. La habría tuneado un altruista ingeniero teleco y siempre tenía cola. Es una imaginativa historia de cómo las cabinas son parte de nuestro sentimentalismo........................... Ahora, fenecen irremisiblemente. O quizá no................................................................ Se generalizaron en los sesenta. Mi abuela paterna, en sordera galopante, protestaba porque los precios telefónicos subían y se oía peor.................................... Es imposible rememorar todo el papel del teatro y cine, desde el claustrofóbico de Mercero/Garci/López Vázquez a la Tippi, refugiada de Hitchcok y sus pájaros, y el Superman que se transformaba entre suelo y bandeja...La masiva inmigración actual va unida a un enjambre de locutorios (Eduardo Romero/Cambalache). El código Harris de buenas prácticas cinéfilas fue anterior a la irrupción cabinista. El cabinista, sección de Región, a cargo de Armando Méndez-Magadán, siempre con diálogo largo, terminaba lacónico: "¡Y colgó!"........................................................... La cabina española se confunde con la lluvia o el mar de pretensión azul; la británica es más llamativa e icónica. Una empresaria astur francesa, tristemente desaparecida, se había hecho con el diseño british y se disponía a invadir el continente con rojos y microventanas cuando el negocio dio giro espectacular y ¡ni una más! ........................................................................................................................ Los móviles no deberían, sin embargo, rematarlas. Es servicio público tal el correo postal en crisis de cartas o el autobús a pueblos despoblados. Desde la única que queda en Las Regueras, unas gamberras, las Balaustrada, madre e hija, me amenazan, sin percatarse que los teléfonos hablan por pura vocación. Los espejos no recuerdan jamás, dicen los poetas clásicos, las cabinas sí para hackers y buenos policías .......................................................................................................................... Y esas cabinas seguirán, con o sin el mágico señuelo de gratuidad en Campos Elíseos.Imaginemos, tras la decepción de la realidad, qué nos escribieron antaño los Toulouse-Lautrec y Antoine Blanchard o nos pintaron Proust y/o Colette, en ese mismo legendario lugar cuando no había cabinas.

1 comentario:

Anónimo dijo...

No deberías citar tan claramente a las Estrada.Saludos.d