sábado, 4 de febrero de 2017

Gabardina/Trinchera

Gabardina / trinchera La relación entre la prenda para la lluvia y las intenciones de quien la porta Antonio Masip 04.02.2017 | 04:29 Gabardina / trinchera Mi gabardina / -camino, río, converso, / disfruto de las cosas aparentes- / no me lleva por dentro. Los gestos de la tarde Pedro de Silva "El gorrión se extingue". David Álvarez, LNE/26/1/2017, peroración también sobre luciérnagas y serpientes. La acepción de trinchera para gabardina está en desuso, cuando el origen de la prenda es de la I Guerra Mundial. Mi abuela materna, aficionada a entrometerse, pedía a las jóvenes de su servicio que recelaran de los hombres que en las verbenas les solicitaran baile vestidos de trinchera, pues, a saber por qué, sospechaba de sus supuestas intenciones lascivas. En Tuilla, Langreo, las mujeres de mis antepasados, la familia Meana, cuando bajaban a Sama, eran conocidas por sus pañoletas como "las bellas tapadas", lo que mucho recuerda las actuales costumbres mahometanas, que antes fueron judeocristianas, machistas e inquisitoriales. -El que baila con trinchera busca otra cosa que bailar... Insistía en sus rígidos códigos con miedos al pecado de quien tuviera posibles para una trinchera. La gabardina surgió, sin embargo, para vestir masivamente a los ejércitos aliados al final de la Gran Guerra. En aquellos frentes nos introdujeron literariamente como insólitos corresponsales Pérez de Ayala y Carmen de Burgos, pariente de Lucía Naveros ("Carmela ya no vive aquí"). El look fue proyectado por el cine y el cómic hasta dar con la acrisolada imagen, en giro copernicano de traslación, de detectives, espías y Humphrey Bogart, entre otros. La trinchera abandonó pronto la representación de soldadesca empobrecida y pasada por agua y lodos, yéndose luego a los niveles económicos que temía mi abuela de acosadores que jamás se comprometerían seriamente con sus domésticas. A contrario sensu, el poema que más me gustó en su día de Pedro de Silva era a su gabardina y, por esas casualidades astrales de las palabras rimadas, mejor ritmadas, también me sucede con la poesía que Fernando Beltrán dedica a la gabardina de su padre, plena de descubrimientos y nostalgia de su Lloviedo. Por cierto, qué magnífico discurso del poeta y nombrador ovetense / moscón, animador del Aula de las Metáforas, con motivo del premio de los escritores asturianos instituido por la asociación de ellos mismos. El tiempo de la trinchera, o gabardina, es en extremo cambiante con la crisis climática, que pone histérica la contaminación, la gripe, la era Trump y hasta enloquecería a mi abuela y sus erráticos consejos.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Quégenial.Cf

Anónimo dijo...

Precioso.M