sábado, 18 de febrero de 2017

Don José Maldonado

Somos y seremos gente catalana // tanto si se quiere como si no // que no hay tierra más ufana // bajo la capa del sol. Estrofa central de la sardana la Santa Espina. Fue muy emotivo el homenaje en el cementerio parroquial de La Espina a don José Maldonado, al que no podía faltar. El acto al que convocaba el Ateneo Republicano, que preside Alejandro Villa, venía precedido por la estúpida prohibición de una placa, que, creo, genera un comprensible sentimiento de dolor e intolerancia. Don José era precisamente todo lo contrario, probablemente la mejor personificación que tuvimos en Asturias de la tolerancia. Ya fue un hecho sin el menor sentido su expulsión del cementerio de Oviedo, coincidiendo con que Sevilla reclamaba los restos de don Diego Martínez Barrio, su predecesor en la línea de la presidencia republicana en el exilio y en su común confesionalidad masónica. Maldonado tiene, y pudo disfrutar en vida, una calle para lo que cuidamos especialmente no sustituir ningún nombre anterior, con una unanimidad que él, y yo mismo, agradecimos al PP-PDP de Luis Riera, Antonio Landeta, Jesús Zarracina... Bien recuerdo que con Avelino Martínez, compañero en tantas fatigas, procedí como Alcalde a tomar a hombros el féretro y depositarlo en su tumba de El Salvador. Gracias a la bonhomía del doctor Rico, su pariente, que le cuidó de forma admirable en su hora postrera, se recuperaron esos restos, tan vesánicamente desalojados aprovechando la privatización de los muertos ovetenses. Don José siempre manifestó su deseo de enterrarse en Tineo, en donde no quería encontrarse en vida con alguien que había hecho daño gratuito a los suyos, razón por la que hube de sustituirle en el trámite de venta de algunas propiedades recuperadas, pero sí estaba dispuesto a descansar tras el óbito. Manolo Díaz Ron, que fue vicealcalde de París y confidente muy próximo a Maldonado, en nombre del que compré el piso que usarían don José y doña Rosalía, su esposa, insistía mucho en el cumplimiento de esa última voluntad tinetense. En medio de una terca lluvia, cuyo barro paralizaba mis zapatos, Alejandro, Manuel De la Cera, una sobrina nieta, músicos y las entrañables palabras enviadas por Leopoldo Tolivar, el acto revistió, insisto, grandísima emoción. Para mí que debería repetirse con el traslado a Tineo o, en su caso, a Oviedo. Es solo una opinión de quién fue amigo y abogado, que quiere mantener lealtad al honor de su confianza.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Estupendo, lo había leído a primera hora.A

Anónimo dijo...

No sabía su voluntad de enterrarse en Tineo,De acuerdo.L

Anónimo dijo...

Totalmente de acuerdo, Antonio. Oviedo o Tineo debería ser el lugar definitivo. Empezaremos a trabajar en ese sentido.A

Anónimo dijo...

Muchas gracias, Antonio. Ojalá veamos la Tercera....y definitiva, aunque no será sencillo. Un cordial abrazo.
V

Anónimo dijo...

Bonito.E

Anónimo dijo...

Ayer me llamó pronto mi madre para decirme que habías escrito… Te reitero que me parece decisivo que lo hayas hecho. L

Miguel Ángel Fernández dijo...

Salud.
No recuerdo dónde tengo apuntado tu correo-e. Querría pedirte, por favor, una colaboración en el blog del Ateneo Republicano de Asturias (Hojas Republicanas) sobre el asunto Maldonado.
Mi dirección: barriolpilar@gmail.com
Gracias anticipadas.