viernes, 16 de diciembre de 2016

Siempre con los Premios

Aunque han reducido, y no sé si superado, su lamentable animosidad del año pasado, algunos queridos munícipes parecen no comprender,¡todavía!, la enorme importancia que para Oviedo y Asturias tienen los Premios Príncipe/Princesa. Son muchos los trabajos y los días, Hesiodo dixit, que han llenado nuestra felicidad, nuestro dinamismo cultural y la animadversión a los holgazanes. Los nobeles se han mostrado tantas veces como ejemplo a seguir por los galardones mismos y por las dos monarquías nórdicas que los entregan.

Sin esos fastos jamás un provinciano, yo mismo, hubiera accedido a conocer, verbi gratia, a un escritorazo y persona como Arthur Miller. El gran autor de "Muerte de un viajante" habló por primera vez con su paisano Woody Allen en Oviedo, donde almorzaron en Bocamar, y luego se volvieron a encontrar en el muelle deportivo de Gijón, tal relato en "Cuentos y cuervos".

En su paso por Asturias, el maestro Miller, demócrata y mágico hechicero de la espiral palabras/tramoya donde los haya, nos contó que había hecho escala en Dublín, en que vivía Rebecca, su hija, casada con el gran actor Daniel Day-Lewis. Arthur no logró que los suyos le cedieran a sus nietos para interrumpir sus obligaciones escolares asistiendo a la ceremonia del Campoamor.

Pues bien, en una de las visitas que hice a la Trump Tower, sobre las que ya he perorado, me topé con una tal Rebecca Miller, dependienta en una de las tiendas de fantasía. Con la coincidencia del nombre, la jovencita me electrizó:"Sí, soy su hija".

Se trataba de una mentirijilla de buena vendedora que le descubrí enseguida pero que me resultó divertida. Por un momento llegué a pensar cómo la hija de Miller e Inge Morath, intelectuales e hispanistas de primera, podía trabajar para un patán llamado Donald. No era así pero si Trump quiere hacer del mundo un erial, me temo que, a nuestra dimensión, equivale a rebajar los Premios Princesa, que espero no logre nadie jamás, y menos que nadie, del adagio castellano, mis amigos munícipes. No podemos quedarnos por desidia o torpeza sin esa ventana abierta al mundo, mucho más alta, positiva y ventada que la Trump Tower.


5 comentarios:

Anónimo dijo...

se necesitaría estar loco de remate para no mantener como uno de los grandes balcones --o "ventanas", como tú dices-- de Oviedo al mundo. Hay premios y premios. Los hay que son un estímulo (como los Nacionales en sus diversas modalidades) y los hay que son un reconocimiento a toda una vida (como los de Asturias). En el fondo, en el fondo, el "invisible" premio es el que la ciudad de Oviedo se da a sí misma cada año con sus diversos reconocimientos, ¿no te parece?D

Anónimo dijo...


Estupendo artículo, Antonio. A esa cutrez y vergonzosa manifestación no acudieron este año más de 200 personas. Está muerta. Oviedo está en contra de ellos. Están derrotados. Y empiezan a darse cuenta de que el daño que querían hacer se lo han hecho a ellos mismos. Son una ruina. Ya solo les queda seguir haciendo el ridículo saltando a la comba. U

Anónimo dijo...

Ah… A veces no nos damos cuenta de la lectura que nuestras acciones tienen por los terceros.
Un abrazo
E

Anónimo dijo...

Artículo didáctico para concejales de limitada cultura, cual es el caso de nuestra ciudad en los actuales momentos. Salud.C

Anónimo dijo...

Yo, la mujer de A. estoy totalmente de acuerdo contigo en la necesidad de mantener este listón de la cultura y tener algo que mostrar al mundo.
Otra cosa distinta es la parafernalia que se monta en torno a ellos. Si alguna vez tienes un hueco me gustaría que escribieras algo al respecto, dado que a ti se te oye, a ti se te lee.
Me explico: de continuo, a este acto siempre van los mismos, ¡por favor!, la cultura es de todos, los reyes son de todos, pues que las mieles también sean de todos. A veces ocurre, me atrevería a decir que la mayoría de los asistentes no han leído a Padura o a Banville o a...
Ésta es mi queja, este es mi reproche.
Feliz Año 2017. Un abrazo A y L