sábado, 17 de diciembre de 2016

Manolo Ponga

Tengo por Manuel Ponga Santamarta especial afecto. Le recuerdo de un acto en el tardofranquismo en defensa del avilesino Parque de Ferrera, al que me invitaron por mi oposición al derribo del llamado chalet de Concha Heres, desaparecido en la ovetense calle Toreno.

Luego, aunque supongo que varias veces antes, me recibió en el llamado Parche tras bajar yo de uno de los gasómetros de Ensidesa donde se habían bloqueado mis defendidos, los trabajadores de Temico.

Como Alcaldes que fuimos ambos nuestras coincidencias fueron muchas pero una me llegó muy dentro y para siempre.Fue en una extraña visita que hicimos a Cottbus, una ciudad de la llamada Alemania del Este o Comunista. En el Ayuntamiento de esa ciudad, todavía sumida en la opresión antidemocrática, me decidí a solicitar públicamente la libertad de un ciudadano, detenido por pretender pasar el Muro hacia Occidente.Reproducía yo un mensaje de Paz Fernąndez Felgueroso, en nombre de Amnistía Internacional, que la noche anterior había transmitido a J.V., entonces mi secretario.El silencio que se produjo en las consistoriales de Cottbus con mis palabras fue lo que metafóricamente se califica de "sepulcral".Los anfitriones comunistas alemanes lo tomaron como un acto muy inamistoso, incluso de "posible connivencia con el terrorismo". El clima se siguió enrareciendo pero en un gesto que nunca le agradeceré lo bastante, Manolo Ponga se solidarizó conmigo y reclamó a su vez la liberación que yo acababa de pedir.El acto terminó abruptamente de esa forma aunque tuvo un final felicísimo: semanas después el embajador de la RDA me pidió una entrevista, en una visita que hacía a un astillero gijonés, para comunicarme,rogando discreción:"su amigo alemán ha sido puesto en libertad".Ni Manolo ni yo conocimos nunca a nuestro patrocinado.

En fin, ahora sé que Manolo lucha contra lo que recientemente llamé un alien; en su caso un par de ellos que se resisten a dejar su cuerpo con una tenacidad digna de mejor causa.A mí me extirparon el intruso;Manolo tiene una fortaleza física y moral en la que confió plenamente.En su caso,a diferencia de mi reciente sucedido, los galenos han de recurrir al extraordinario método del radio, que me consta es de terquedad y molestia equiparable al alien de marras.

Es mucho lo que nos queda por bregar juntos, aunque nos encontremos en esa nirvana infeliz de la jubilación.

No le voy a visitar pero sabe que desde ha mucho estoy con él, como cuando, sin avisar, pero contando con su segura solidaridad me subí al gasómetro o pedí una libertad en la RDA.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Pobre, no sabía nada.S