martes, 6 de septiembre de 2016

VAQUERO, medalla de Oro

VAQUERO O EL ORO SETEMBRINO


En el Cine Aramo, cuyo primitivo nombre, "San Francisco", se lo había cargado un director de La Nueva España, por la supuesta impropiedad no referida al "Campo" próximo sino al "Cisco californiano", echaron "una de vaqueros" de Richard Widmard(¡Oh, Félix Richard y el primer café!):"El hombre de las pistolas de oro".

Aquel coqueto y decadente autollamado Palacio del Cine es pura nostalgia, que no logró enjugar, ni sé si lo intentó, la comercial Sfera.

Ya no hay westerns ni en digestivos spaguettis.

El oro, sin embargo, no se pasa nunca de moda.

Con él los pueblos premian a sus mejores.

Su alusión es el mejor regocijo, la sinceridad.

José Manuel Vaquero se merece el reconocimiento de Asturias. Pocos lo pueden atestiguar tal yo que le vi acompañar la incierta primera luz de la transición con informaciones comentadas, modernizantes, "vísperas de tiempo nuevo", que diría Nacho Gracia. Unía J.M.V. mano diestra en La Hoja del Lunes y audaces entrevistas, alguna secuestrada por el estúpido celo de la autoridad gubernativa y de la Fiscalía, en revista que se murió de éxito democrático, Asturias Semanal.

Si se leen, descontextualizados, Javier Bueno, Camba, Escarpit, Pla, Jean Daniel, Umbral, Del Pozo, u otros maestros, caben parciales pegas, pero el periodismo es ese riesgo que sorprendía al gran Borges de que todos los días hubiese noticia a destacar. A Clarín, Ayala o Gómez de la Serna y Colombine les pudo el Arte a la Información, si es que cupiese contraposición.

Vaquero es un periodista importantísimo para nuestra Asturias, la mejor región del mundo, "El Paraíso Natural". Es obligación ser veraz sobre lo que no debo callar porque no todos han vivido tanto, que me ensalzó, en mi juvenil longevo cumpleaños, Justo Braga de la entrañable TPA.

Supe que Vaquero tenía nervios de acero cuando, siendo yo Consejero de Cultura, el Ministerio me trasladó inminente golpe inmesericorde a este periódico y aún, pocos años después,cuando no se dejó embaucar por la cooperativa inane y la empresa fantasmal en que se hubiera diluido La Nueva España. Nos reímos juntos cuando otro director me propuso de forma abrupta escribir los editoriales que antes hacía el mismísimo gobernador civil. En esas tres ocasiones, constaté cómo José Manuel, con el que discrepo infinito, reaccionó de forma brillante; frialdad cerebral que muy luego quedó acreditada y acicateada por lo sucedido.

La medalla es merecida en las bambalinas de la reciedumbre desde esa distancia que reclama Mary Beard, "Herencia viva de los clásicos", hogaño galardón "princesa de Asturias".

Otros escriben quizá mejor, o son empresarios y políticos correctos pero nadie tuvo la oportunidad, unida a la clarividencia, del servicio que la prensa hacía a esta sociedad, tan diminuta por número de habitantes que se ensanchaba en la libertad de expresión y en la del mercado. Libertades ambas básicas para la tolerancia europeista, el progresismo y el orgullo introspectivo a la tradición astur.

Una aplicación áurea no muy conocida en la reumatología vanguardista fortalece la espina dorsal. Y como quiera que pertenezco, ¡a mucha honra!, a la Plataforma tapiega de "Oro,No", sea, pues, por bendita excepción, mi "Oro,sí" para el espinazo de La Nueva, sus creativos y demás currantes.

El oro de Asturias no dispara como el vaquero Widmard, sheriff adjunto de Warlock, simplemente muestra pacífica, altruista y desinteresada lo que es de Justicia.








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1 comentario:

Anónimo dijo...

Me gustaría asistir.L