domingo, 11 de septiembre de 2016

Angel Viñas pone a Aranda nuevamente en evidencia como corrupto

El dinero inglés que sobornó a los generales de Franco, incluido Aranda

Un libro del historiador Ángel Viñas explica cómo Churchill compró a la cúpula militar para evitar que España entrara en la Guerra Mundial

11.09.2016 | 03:48
Ángel Viñas, catedrático emérito de la Universidad Complutense.
Ángel Viñas, catedrático emérito de la Universidad Complutense.
"Aranda era por supuesto un corrupto, una cualidad que comparte con muchos otros. Está fuera de toda duda que recibió dinero de los británicos, pero también es muy probable y verosímil que lo recibiese de los alemanes", asegura el historiador Ángel Viñas, que acaba de sacar un nuevo libro ("Sobornos. De cómo Churchill y March compraron a los generales de Franco", publicado por Crítica), en el que abunda en los manejos de los británicos para mantener fuera de la segunda guerra mundial al régimen de Franco. 
La revelación de que el "defensor de Oviedo", personaje vidrioso donde los haya -iba para ministro de la República y terminó adhiriéndose, hay quien dice que con muchas dudas, al levantamiento del 18 de julio, para luego ser defenestrado por Franco-, también cobró su dinero de los nazis, un hecho novedoso, no lo acaba de tener seguro Viñas, catedrático emérito de la Universidad Complutense, y uno de los mayores expertos en las tramas corruptas que salpicaron desde el principio el régimen franquista. 
El motivo de esta inseguridad está en que la fuente es el Servicio de Investigación de Falange, abiertamente enfrentada a Aranda, que fusiló a algún falangista en Valencia, cuando era Capitán General, y que se oponía a la influencia de los camisas azules. "No sería el único que cobraba de los alemanes", aclara Viñas, quien no cree que los ingleses estuviesen al tanto del juego a dos bandas del general. 
El tema de los pagos británicos a la jerarquía franquista se conoce desde hace treinta años (desde la publicación en 1986 de la tesis doctoral del profesor Denis Smyth), pero que hasta hace poco tiempo no había podido ser rastreado en los archivos. Por indicación de embajador británico en España, Samuel Hoare, los servicios de su Graciosa Majestad idearon un plan para comprar, a través del banquero mallorquín Juan March, las voluntades de algunos elementos de la Dictadura Franquista con el fin de evitar que España entrase en la guerra del lado de los alemanes.
Un informe del 26 de junio de 1940, firmado por el comandante Furse y destinado al entonces primer ministro Winston Churchill, detallaba el plan de Hoare y daba cuenta de la reserva de 13,5 millones de dólares para los generales de Franco. Dos de esos millones iban a estar destinados a Aranda. En "Sobornos", Viñas revela que este era un esquema embrionario, diseñado para durar seis meses. "Al final duró tres años y medio y supuso mucho más dinero del que pensaban inicialmente los británicos", señala.
La clave maestra del plan británico era el banquero mallorquín Juan March, el único en el que confiaban los británicos, que le habían visto hacer. "En los militares españoles, no confiaban en ninguno. Desde luego no confiaban en Aranda ni tampoco en Kindelán. No hubiese sido inteligente, en una situación de guerra, creer firmemente en lo que decían unos tipos a los que se sobornaba. Pero como la información que llegaba fue favorable, al final se pagaron las cuotas, en el año 1944. ¿Cuánto? Los archivos británicos no informan de las cantidades, pero que se pagaron en divisas y en cuentas en el extranjero es indudable. Fue una lluvia de millones en pesetas, pero no tenemos el reparto final", asegura el catedrático.
Cómo pudieron traer a España el dinero ingresado en unas cuentas que eran ilegales -los españoles tenían prohibido por ley tener cuentas en el extranjero-, cómo pudieron nacionalizarlo -que era el término que se utilizaba entonces para blanquear los fondos de dudosa procedencia- es un misterio que el historiador Viñas trata de dilucidar en su libro. "No sé si trajeron el dinero a España, o se arriesgaron a dejarlo en cuentas en el extranjero, pero lo más probable es que los sobornados terminasen recurriendo a la 'expertice' de March. Y solo hay dos posibilidades. Que se blanquease a través del mercado de divisas de Tánger, que ofrecía un buen cambio, o la llamada 'operación Navíos', que consistía en conseguir la autorización del Consejo de Ministros para importar productos británicos sin pagar en divisas. Esos bienes que importaba March, una parte irían al mercado negro, multiplicando aún más los beneficios de estos caballeros", describe Viñas. Y conociendo al personaje, March, "el hombre más misterioso", "el último pirata del Mediterráneo" -como se le ha descrito en alguna ocasión-, es esta última opción la que más le cuadra a Viñas.
En alguna ocasión se ha dicho -lo afirma por ejemplo el gijonés Luis Suárez o el ovetense Enrique Moradiellos-, que los generales no eran conscientes de que estaban siendo pagados por los británicos, y que el círculo más implicado en los sobornos -Aranda, Kindelán, Varela, Nicolás Franco o Galarza- pensaba que eran empresarios y monárquicos quienes les estaban enjuagando a través de March, como ya había ocurrido en los momentos previsos al golpe de Estado del 36.
Viñas no se lo acaba de creer. "Al menos Galarza lo sabía, lo tuvo que saber. Y no es creíble que unos compinches que estaban complotando a su manera no tuviesen conversaciones entre ellos. Eso de que no sabían, no me lo creo, no lo ha demostrado nadie", indica el historiador.
Pero hay más asuntos que Viña trata de poner en su sitio en el volumen. El verdadero objetivo de "Sobornos" es romper uno de los leitmotivs de los hagiógrafos franquistas, a saber, que fue la "hábil prudencia" del Caudillo la que evitó la entrada en la guerra. Según Viñas, en realidad fue el dinero británico el que convenció finalmente a Franco de mantener una neutralidad que no obstante rompió en varias ocasiones, como cuando envió 50.000 soldados de la División Azul contra los soviéticos. "Ese mito de que Franco, dotado de una presciencia sobrenatural mantuvo el curso de los acontecimientos de forma que evitó la entrada de España en la segunda guerra mundial, y que los españoles debemos eterno agradecimiento porque nos ahorró los horrores que sufrió el resto de Europa, hay que relativizarlo enormemente", señala Viñas.
Sobre todo porque "Franco estuvo tentado de entrar en la guerra. Todo lo que diga la hagiografía franquista en sentido contrario es una basura, es mentira", añade. Pero, ¿qué hay detrás del mito? "Hay una serie de fenómenos complejos. En primer lugar la situación objetiva del país, el hambre que estaba pasando. Por otro, la situación del Ejército español, bueno para ganar una guerra civil y apuntalar la represión interna, pero que en realidad era una patata que no hubiese podido combatir con posibilidades de éxito contra británicos, estadounidenses o alemanes. Luego estaba la política autoprotectora británica, con una serie de operaciones clandestinas que se hubiesen desencadenado, tanto para apuntalar a Franco como para derribarlo. Aunque luego se impuso la creencia del embajador británico de había que dejar que los sobornos ejercían su influencia", enumera Viñas.
"Franco era un hombre taimado, cauteloso, prudente, pero no era un superhombre. El grado de conocimiento de la cúpula del régimen era muy nulo. Uno escucha las conversaciones de Serrano Súñer con miembros del cuerpo diplomático y uno se queda paralizado por el estupor de ver que un personaje así hubiese llegado a tener tanta influencia", remacha el historiador.
Otro asunto que quizá se haya mitificado es el supuesto papel de Aranda en la dirección de un hipotético golpe de Estado que hubiese derrocado a los falangistas -no necesariamente hubiese supuesto el descabezamiento de Franco- en caso de que forzasen la entrada en la guerra a favor de Alemania. A Viñas no le consta esas veleidades golpistas de Aranda, al menos hasta 1945. "Aranda estaba muy conectado con los ingleses. De los sobornados, él y Kindelán eran los que estaban en mejores relaciones. Aranda era el que estaba mejor orientado, no era idiota, era un hombre abierto", indica Viñas.
El dinero británico "pretendía crearle problemas a Alemania en España, que era una de sus bases de aprovisionamiento", señala el historiador Javier Rodríguez Muñoz, quien duda de que el dinero de los británicos, si llegó a entregarse, quedase en sus manos. "Poco se habría podido quedar él. El dinero era para preparar la conspiración. Desde luego, Aranda no se hizo rico", cree Rodríguez Muñoz, Y eso que "en medio de la guerra, todo el mundo hizo negocio, el primero de ellos, Franco". Dicho sea de paso, Ángel Viñas ha sacado a la luz el llamado "negocio del café" que hizo rico al ferrolano -al parecer revendió 600 toneladas de café donado por Brasil a España en 1939, y en agosto de 1940 había acumulado una fortuna cercana a los 400 millones-, en el volumen "La otra cara del Caudillo". En uno de los capítulos de este libro, con el desternillante título "¿Quiso Franco extender el cáncer entre sus generales?", Viñas hace referencia a una partida de diez mil cajetillas de tabaco entregadas por Franco al general Aranda, y que en su opinión habrían servido para enriquecer al "Defensor de Oviedo".
El exalcalde de Oviedo y exeurodiputado socialista Antonio Masip tampoco tiene dudas de la "venalidad" de Aranda. Los datos fehacientes están en un libro traducido hace relativamente poco, obra de Peter Day ("Los amigos de Franco. Los servicios secretos británicos y el triunfo del franquismo"), pero ya antes había encontrado la prueba en un documento rescatado de los archivos alemanes tras la caída del Tercer Reich, que hacía referencia a los pagos británicos a los generales de Franco. Y es que ni siquiera los alemanes, que lo habían aupado, se fiaban del Caudillo y su régimen.
Luis Suárez ha negado los pagos a Aranda. Los familiares de Aranda y Kindelán negaron también esos pagos, afirmando que los generales murieron pobres. Aranda vivió lo suficiente para llegar a la democracia y ser nombrado teniente general por el rey Juan Carlos, que premiaba así los servicios realizados por el militar en favor de la causa monárquica -él, que se había declarado republicano, que quiso hacerse masón en 1935 y estaba en buenas relaciones con izquierdistas como Indalecio Prieto antes del golpe del 18 de julio- y revertía el agravio que le hizo Franco al "defensor de Oviedo", retirándolo en 1949 y truncando una carerra que podrían haberse prolongado mucho más. Y quizá este nombramiento sea una clave para aclarar dónde está el dinero que, según Viñas, cobró Aranda. "Lo que hiciera con el dinero recibido de los británicos, ni lo sé, ni me importa. Pudo invertirlo en la restauración monárquica, entregárselo a Don Juan. Se lo habrá gastado de alguna manera. Lo que está fuera de toda duda es que recibió dinero", dice. Y mientras él recibía una fortuna, España se enfrentaba a una de las mayores hambrunas de su historia.
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2 comentarios:

Anónimo dijo...

Ángel es un tipo estupendo
G

Anónimo dijo...

Debería dar una charla en el Club de prensa.J