lunes, 18 de julio de 2016

Todorov en La Vanguardia

El filósoto Tzvetan Todorov, premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 2011, nació en Bulgaria en 1939. Huyó de la dictadura comunista y se convirtió en un historiador conocedor de las dos Europas, con Francia como país de adopción. Por eso lamenta el sentimiento xenófobo y nacionalista que desprende el Brexit.
Profesor de la École Pratique des Hautes Etudes de París y de la Universidad de Yale, entre otros centros académicos de prestigio, Todorov ha combinado la crítica artística y literaria con el análisis social y político. Director desde 1987 del Centro de Investigaciones sobre las Artes y el Lenguaje del CNRS (Centro Nacional de Investigaciones Científicas), ha publicado libros de cabecera del pensamiento moderno, entre los que destacan Elogio del individuo (2006), La experiencia totalitaria (2010), y Los enemigos íntimos de la democracia (2012, todos en Galaxia Gutenberg en castellano). Azote del neoliberalismo, advierte de los nuevos peligros que se ciernen sobre el continente.
¿Qué ha fallado para que se haya llegado al Brexit?
Para mí el Brexit no es un fallo de Europa pero sí un fuerte indicativo de que algo está yendo mal en Gran Bretaña. Creo que la UE puede manejarse sin Gran Bretaña porque siempre fue un miembro muy reacio de la Unión, que intentaba impedir una mayor integración de los estados miembros, así que los estados europeos pueden sacar provecho de la situación y promover una mayor unión en el seno de la UE. Sin embargo, la decisión del pueblo británico es terrible en el sentido de que la democracia más antigua prefiere una opción populista para reforzar el orgullo emocional de ser independiente que una opción de cálculo realista. Eso es problemático y es un reclamo para muchos países europeos como Francia, Holanda o los escandinavos, pues allí ese programa populista puede ganar el voto popular gracias a sentimientos xenófóbos y nacionalistas, algo que entra en contradicción con los valores europeos que ahora son mayoritarios.
¿Xenofobia y nacionalismo se van a extender por Europa?
Están muy presentes en Europa, algo menos en los países mediterráneos. En cada país tiene una forma porque depende de su historia. Pero en general hay un debilitamiento del apego democrático, sobre todo por culpa del fin de los grandes debates ideológicos. Los consensos de la izquierda y la derecha sobre las grandes medidas económicas han provocado una reacción y parte de la opinión pública se ha acercado a opciones que priorizan la identidad y los valores nacionales, que dan una respuesta que es poco de futuro pero que puntualmente da respuesta a la ansiedad de los tiempos actuales. Creo que es una reacción en cierta manera contra la globalización.
Por lo general, hay un debilitamiento del apego democrático por culpa, sobre todo, del fin de los grandes debates ideológicos
¿Falta identidad o entendimiento entre los pueblos europeos?
No creo que haya una falta de entendimiento entre la gente. Lo que sí observo, sobre todo entre la gente joven, acostumbrada a moverse con libertad por Europa, es que no tienen problemas con la identidad. Creo que hay más un problema de representación, y eso hace que grandes sectores de población se sientan asustados con la proliferación de identidades, ya sean étnicas o religiosas, y decida volver hacia atrás. La vuela atrás, al antiguo estado de los cosas, les parece satisfactorio.
¿Europa necesita cambios más profundos para revertir la situación?
El reconocimiento de los extranjeros es algo muy básico de Europa. Europa siempre ha sido una yuxtaposición de diferentes grupos étnicos. En Gran Bretaña el miedo viene de la invasión desde la UE misma, en especial de los países del este y de Centroeuropa, de países como Polonia, Eslovaquia, Rumanía. Creo que la Unión Europea necesita una mayor integración para superar algunas de sus debilidades, ya sean económicas o políticas. Por eso ahora puede ser una oportunidad para promover esa integración si la clase política de los países que se quedan lo sienten así, cosa que es más una esperanza que una certeza de que ocurra.
Lo más decepcionante es que los británicos, que tienen la democracia más antigua, se hayan sentido atraídos por el reclamo de la identidad
¿Estamos ante un problema generado por una contrato poco claro entre los europeos y sus instituciones?
Es cierto que las instituciones europeas siguen siendo distantes y frías, y eso es parte del problema porque el parlamento europeo, que es una de las instituciones de mayor naturaleza democrática, no tiene un poder claramente perceptible, no sabemos exactamente qué hacen nuestros diputados europeos. La evolución de las instituciones es importante, pero hay que tener en cuenta que no se puede cambiar todo a la vez y por eso tenemos que seguir trabajando con las instituciones actuales.
¿Qué pasos debería dar Europa ahora?
Lo importante es apuntalar esos valores importantes como la solidaridad, como prestar ayuda mutua en las crisis financieras. Esa es una forma de evitar decepciones como la del Brexit, pero repito que lo más decepcionante es que la democracia más antigua puede sentirse atraída por este reclamo de la identidad.

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