lunes, 27 de junio de 2016

BALESQUIDO


BALESQUIDO SUM
Bien valdrá, como creo, un vaso de bon vino.
Berceo, Gonzalo de

No fui educado, como Hölderling y Machado, por los árboles pero los que quedan del jardín botánico de la Universidad del XIX son el tintero en el que mojo la mirada todas las mañanas.
Se los quisieron cargar en un abracadabrante aparcamiento subterráneo en permuta de pago por deuda sospechosa.  Pisadas de raposu solía calificar Lorenzo Cordero en la desaparecida Voz de Asturias del tardofranquismo, que mucho glosaban Emilio Vigil y Tito Miaja en la tertulia Los Puritanos. Por eso, aunque jamás comparta referentes ideológicos, siempre estaré agradecido a Roberto Sánchez Ramos, pieza importante del ajedrez virtual de semejante catástrofe ecológica conjurada.
Pronto llega la gran fiesta del Campo en forma de Martes de la Balesquida.
La Sociedad Protectora está cumpliendo sus históricos deberes y, siguiendo la memoria senderista de Juan Uría, se ha marcado el intelectual reto de una revista ejemplar, a modo de Anuario, que hemos de agradecer a Alberto Polledo, siempre vinculado al Libro y a Oviedo, ambos en mayúsculas, y a un encomiable equipo. Como Don Juan, Polledo es un filósofo del Camino, que se inicia en El Salvador.
La Balesquida tiene la fuerza de sus muchos siglos. Hubo tiempo no muy lejano que los ovetenses nacíamos con los carnets de la Balesquida, la Sof, el Oviedín, la Cocina Económica... Que me perdonen mis amigos, republicanos a su especial manera, el citado Rivi y Ana Taboada, que no lo ven así, pero si algún día los "premios" admitiesen asociados, sus breves cuotas también formarían parte principal de la dieta ovetensista.
El sabio Emilio Campos estudia los vetustos linderos del Campo. Concejal hubo, antiguo Alcalde, que, para romper la valiente y adecuada reforma del tráfico patrocinada por Jesús G. Aparicio y Pepe Fidalgo, me propuso suprimir la acera derecha de Santa Cruz facilitando más amplio viario a los coches; a sensu contrario el eminente Severo Ochoa se me quejaba de la excesiva tolerancia policial, ahí mismo, con la velocidad y el ruido provocador de carburadores. Antes, en la predemocracia, cuando ya se debatían dificultades financieras, un 
empresario, con éxito familiar en los sectores de la química y de la construcción, sugería solares edificables en Paseo de los Álamos, como un magnate norteamericano soñaba urbanizar todo el malecón habanero. Mil disgustos le costó a Luis Arce, admirable Secretario donde los ha habido, informar contra un Alcalde en funciones que el primer tramo del margen derecho de Uría, en el que tenía su comercio, no podía elevarse con el cómputo de ese Paseo y el trazo de una geométrica bisectriz reglada que no saldría calculada de la mitad de la calle sino casi desde los aledaños de La Rosaleda. Lo que a nosotros llega, pasados por Doña Velasquita Giráldez, sastres y alfayates, la desamortización  de la huerta francisca, la supervivencia al siniestro parking y demás intencionales aberraciones, bien merece la Fiesta y la conmemoración. 
Reclamaba Berceo, desde el origen del castellano, unos tragos de vino; en nuestro caso, junto al auténtico logro social del bollu preñaú.


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